
Desde que Israel inició la operación “Espadas de Hierro” en la Franja de Gaza como respuesta a los ataques terroristas perpetrados por Hamas el 7 de octubre, gran parte de los países árabes volvieron a expresar su respaldo a la causa palestina, condenando los ataques del Ejército israelí contra objetivos del grupo extremista.
Por infobae.com
En medio de tantos pronunciamientos de apoyo, surge el interrogante de por qué esas naciones no activan medidas más concretas en favor de los civiles palestinos.
Países como Egipto y Jordania, incluso, adelantaron en los últimos días que no recibirán a refugiados de Gaza, tras un encuentro que mantuvieron en El Cairo el rey jordano Abdala II y el presidente egipcio Abdelfatah al Sisi.
Crisis migratoria palestina y el rol clave de Egipto
Desde el inicio del conflicto, el desplazamiento de palestinos ha sido un factor central. Tras la declaración de independencia del nuevo estado de Israel en mayo de 1948, se produjo la primera de una serie de guerras entre árabes e israelíes, con la invasión de Egipto, Siria, Jordania, Irak y Líbano. Ese conflicto, en el que se impuso el Ejército israelí, dejó cerca de 700.000 palestinos que fueron expulsados o se fueron del territorio que hoy es parte de Israel.
Israel ocupó en ese entonces el 77% del territorio que Palestina había tenido bajo el mandato británico, mientras que el resto del territorio que había sido asignado al Estado árabe por Naciones Unidas quedó bajo el control de Egipto y Jordania.
La mayor parte de esa población palestina se instaló en Cisjordania y en la Franja de Gaza. El resto se dividió entre Jordania, Siria, Líbano, Egipto, Irak y otros estados árabes vecinos.
Un año después, en diciembre de 1949, Naciones Unidas creó la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés), un cuerpo que tenía -y sigue teniendo- la responsabilidad de coordinar la ayuda a los refugiados palestinos.
Desde entonces, no obstante, gran parte de los refugiados palestinos viven en condiciones extremadamente precarias, como consecuencia de unos países que se niegan a insertarlos sin brindarles oportunidades de trabajo ni la posibilidad de rehacer sus vidas en esas tierras.
Según la UNRWA, en la actualidad la cifra de refugiados en Medio Oriente es cercana a los seis millones.
En su libro “El engaño palestino”, el escritor Tanio Romano recordó las palabras de Emile Ghoury, secretario general del Alto Comité Árabe de Palestina, durante una entrevista para el Beirut Telegraph el 6 de septiembre de 1948: “El hecho de que existan estos refugiados es la consecuencia directa de la acción de los estados árabes en contra de la partición del estado hebraico. Los estados árabes estuvieron de acuerdo unánimemente con esta política y ahora deben hacerse cargo de la solución”.
El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de la ONU dio luz verde al Plan de Partición de Palestina, que contemplaba la creación de dos Estados, uno israelí y otro palestino, y que la ciudad de Jerusalén -también disputada entre las partes- quedara bajo control internacional.
En medio de esa gran ola migratoria, en 1950 la delegación de la ONU intentó trasladar 150.000 palestinos desde Gaza a Libia. Sin embargo, Egipto, que mantuvo el control de Gaza desde 1948 hasta 1967, se opuso. En esos años Jordania poseía Cisjordania. Ni Egipto ni Jordania ofrecieron esa tierra a los palestinos.
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