Estamos viviendo en Venezuela tiempos muy bravos y difíciles. El terrorismo de Estado se manifiesta de múltiples modos: con alcabalas móviles en las calles de Caracas para extorsionar a conductores de cualquier edad que circulan inermes ante el abuso de autoridad policial mediante engaño, al sembrar droga en los vehículos, llevar al detenido al Helicoide y extorsionarlo con altas sumas de dinero en dólares so pena de dejarlos presos si no pagan, ellos y sus familias. Según testimonios de víctimas de este robo vil hay muchos jóvenes que solo permanecen una tarde o un día mientras sus parientes recogen los miles de dólares exigidos para su excarcelación.
El terrorismo de Estado, usado como práctica perversa y sistemática para provocar pánico paralizante contra la población por parte del grupo criminal que domina las instituciones en Venezuela también funciona contra la libre expresión. Los que escriben en redes sociales una frase que pueda parecer contraria a los propósitos del régimen son amenazados o llevados a presidio; todos nos vemos forzados a imponernos censura férrea bajo la amenaza de represalias u otros castigos. Así vamos, hasta que, como afirman las palabras del himno nacional, logremos la transformación estructural que merecemos cuando “el bravo pueblo, que el yugo lanzó, la ley respetando, la virtud y honor”, bajo los mandatos de la Constitución vigente, nos liberemos de la tiranía, cumpliendo la ley, con virtud y honor.
Uno de los aspectos más difíciles de la historia de la Venezuela contemporánea ha sido la dominación de Cuba desde el inicio del proyecto liderado por Hugo Chávez. El chavismo como proyecto pretendió implantar un socialismo bolivariano del siglo XXI impulsado por el teniente barinés, quien se inspiró con embeleso casi erótico en el creador de la revolución castrista en Cuba. Esta, organizada por Fidel y sus seguidores desde la Sierra Maestra inicialmente para derrocar al dictador Fulgencio Batista, tuvo primero el objetivo de desarrollar un proyecto democratizador, nacionalista y modernizador de la isla.
El viraje que Castro le dio a su movimiento desde 1961 implicó, en contra de Estados Unidos, su aliado más cercano, incluso geográficamente, para conseguir cobijo de la Unión Soviética, adoptar la ideología del socialismo stalinista, la lucha de clases, la uniformización de la población o sea la nivelación por lo bajo, el adoctrinamiento, el desarrollo de la educación y la salud como mecanismos de control social más que como medios para que la gente se superara o para enaltecer a las personas, y las prácticas para exterminar a los contrarrevolucionarios, como el paredón sin derecho a la defensa u otras formas de castigo y sometimiento al pensamiento único, es decir, el horror convertido en pesadilla cotidiana.
Pero a la vez un aparato de propaganda muy poderoso y eficaz hizo creer que se había alcanzado la panacea; la electrizante elocuencia de Fidel Castro comenzó a irradiar con sus ardides seductores su influjo en todos los países subdesarrollados de América, en África y hasta en Asia, recuérdese Vietnam, y logró penetrar en Venezuela o Bolivia con la teoría del Che Guevara del “foquismo”. Así, creció la ilusión, inculcada especialmente en los jóvenes, junto con el espejismo de que había llegado la liberación de los pueblos con la “revolución cubana”. No solo se habían alcanzado la redención y la justicia social sino el paraíso terrenal de las Antillas para que se expandiera a los otros países de la región.
Como ha sostenido recientemente Claudio Fantini en entrevista audiovisual en “Cuarto de Hora” del “Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina, CADAL, dedicado a la defensa de los derechos humanos y la solidaridad democrática en nuestro subcontinente iberoamericano, “El G2 cubano es una de las claves de la subsistencia del régimen venezolano”. Este organismo ha construido una estructura de poder basada en el aparato de inteligencia cubano que “está hecho a prueba de derrumbes” con una gran capacidad de detectar cualquier conspiración y conjurarla con enorme eficacia. Es una de las razones de la imposibilidad de las fuerzas democráticas, pese a las múltiples concentraciones de ciudadanos en Caracas y muchas ciudades del país el 9 de enero pasado, más allá del miedo y las amenazas del oficialismo bajo el liderazgo inspirador, consistente y valiente de María Corina Machado, quien ese día fue secuestrada y liberada pocas horas después, para que se hiciera efectiva la ceremonia de investidura del presidente electo Edmundo González Urrutia.
Fue una farsa lúgubre la imposición de una gran mentira institucionalizada al desconocer Maduro y todos los poderes públicos vueltos cómplices de este robo de la voluntad popular, la apoteósica victoria de Edmundo González Urrutia demostrada con el 85,5% de las actas electorales de escrutinio impresas por las máquinas del cne, las únicas verdaderas y legítimas recopiladas hasta ahora, con 7.443.584 votos en total, y efectuar en el recinto de la asamblea nacional que se destina a funerales de Estado, la toma de posesión de Nicolás Maduro como presidente de facto el 10 de enero de 2024.
Sin pudor alguno, Maduro impuso una falsedad convertida en dogma de sobrevivencia de su régimen a la vez que, mediante el terrorismo de Estado, desató una persecución despiadada; treinta ciudadanos asesinados en las protestas, brutal represión y detenciones arbitrarias, secuestros, desapariciones forzadas, torturas y muertes de varios presos políticos en custodia del Estado, hasta ahora cinco desde el 28 de julio de 2024, para no reconocer su contundente derrota solo con el 30% de los votos. Debido a las prebendas, puestos ministeriales, concesiones petroleras, proyectos mineros, negocios ilícitos y férrea vigilancia en las fuerzas armadas, para Fantini “el régimen venezolano ha logrado que la pata militar no se fisure”. Y agrega: “Mientras esto no ocurra, el régimen va a sostenerse, aunque esté más débil que nunca”.
La consigna es “esperanza, creatividad y propósito de transformación”, para no desesperar; para mantener la confianza en el liderazgo de María Corina Machado que nos ha conducido a éxitos resonantes con un mismo objetivo y claridad estratégica; que ha consolidado y fortalecido las fuerzas democráticas; para creer en la lucha moral y espiritual que nos va a llevar a la transformación del statu quo; para aumentar la presión internacional de los gobiernos democráticos y el reconocimiento de González Urrutia, para incrementar el cerco contra el régimen usurpador y desenmascarar el apoyo de las peores autocracias del planeta, Rusia, Irán, China, Turquía, basado en meros intereses económicos y quebrar el secreto del régimen, también creación del G2, como señala Fantini, de generar elementos de chantaje y extorsión que ha habido desde tiempos de Chávez y luego con Maduro por negociados muy grandes a favor de dirigencias iberoamericanas manchadas, como José Luis Rodríguez Zapatero en España por los petrodólares venezolanos, como Petro, por las alianzas del gobierno de Venezuela con las FARC y el ELN en Colombia, por los maletines de Antonini Wilson en Argentina a favor de los Kirchner, por las inversiones de Odebrecht en el Brasil de Lula Da Silva, por las componendas con López Obrador que han enganchado a Claudia Sheinbaum a no asumir una postura a favor de la verdad y de la democracia, aplastadas por el golpe de estado que Maduro ha consumado.
