Miguel Méndez Fabbiani: ¿Venezuela subyugada por un "Lord de la Guerra"? (I) - LaPatilla.com

Miguel Méndez Fabbiani: ¿Venezuela subyugada por un "Lord de la Guerra"? (I)

Un Lord de la Guerra es un caudillo armado que controla mediante fuerza militar un espacio territorial determinado.

Los señores de la guerra son individuos violentos que ejercen control económico y político sobre una subregión.

El Señor de la Guerra típicamente domina ese territorio a través del control informal sobre las fuerzas armadas locales, que ha ensamblado fundamentalmente por exclusiva ambición personal para tal fin.





El “War Lord” principalmente desea controlar mediante una fuerza militar mercenaria, un espacio geográfico abundante en recursos naturales, esencialmente para poder usufructuarlo.

El caudillismo es un modelo económico competitivo por defecto, aunque ineficiente, que surge en estados débiles (o debilitados adrede) donde la capacidad estatal es baja.

El caudillo armado moderno es por definición un enemigo jurado y eterno de la población civil inocente a la que esclaviza para provecho personal.

El brutal caudillismo guerrerista evoluciona innatamente hacia una institución monopólica y hegemónica que intenta dominar el orden político, jurídico, económico y social, .

El “Lord of War” utiliza la violencia desproporcionada (o la amenaza de ella) para asegurarse su acceso privilegiado a recursos naturales o minerales que producen «renta».

En el caudillismo armado moderno existe una ineficiencia inherente al modelo, ya que los recursos se desperdician en la corrupción endémica de la camarilla del capitoste, o igualmente se derrochan en el armamento que sé mal utiliza en el tráfico ilegal de arnas o en combates intrascendentes.

Sin embargo, la funcionalidad y estabilidad de estas organizaciones se hace sostenible porque ofrecen no otra opción a los ciudadanos indefensos, que aceptar gravámenes de renta a cambio de la más elemental protección física básica.(Minas de oro, coltán, diamantes, tráfico de combustible y rutas del narcotráfico).

En otros casos la población civil inocente solo recibe de los sanguinarios “Señores de la Guerra” los residuos financieros de la gran explotación de la renta mineral extractiva.

Este minúsculo rebose del inacabable pozo rentista se transfiere mediante subsidios selectivos traducidos en alimentos, medicinas e instrumentos de intercambio monetario, específicamente creados para el control social de los seres humanos que habitan esa desdichada localidad.

El crimen organizado, las mafias trasnacionales y los cárteles del narcotráfico puede funcionar perfectamente como un medio idóneo para hacer la guerra híbrida a esa ingenua y desprevenida población civil cautiva que sirve cómo rehenes grupales del régimen.

Cómo también pueden ser entes autoinvestidos que sustituyen al estado nación tradicional en muchas regiones conflictuadas.

El caudillo militar omnímodo detenta el oligopolio de la violencia armada y tiene como fin ulterior ofrecer una especie de falsa protección de los rivales externos, así como de los posibles rivales políticos internos, a la población civil que decida rendirse a sus órdenes y edictos absolutistas.

En estos estados fallidos, narco-estados o narcocracias forajidas, el caudillo armado establece una escueta “política de redistribución” para organizar el proceso de asignación de alimentos entre la población que sufre gradualmente su opresión extractiva.

Cuando ese pasivo- agresivo chantaje alimenticio, conduce a rendiciones informales sobre vastos sectores de la población, se establece un estado de obediencia (Síndrome de Estocolmo) tácito sobre las relaciones de poder.

Es allí que la extracción de rentas pueden equipararse a la propiedad exclusiva de los recursos naturales, el territorio, la mano de obra, los medios de comunicación, los ingresos y los privilegios varios para uso, goce y disfrute exclusivo del caudillo imperante.

El desarrollo ficticio de una reforma agraria, la propiedad industrial y las transferencias económicas, la privatización en entornos de licitación cerrada no transparentes, los complejos intercambios de crédito público cimentados mediante matrimonios familiares, el lavado de dinero mediante compañeras sentimentales, los esquemas artificiales de fijación de precios, el más abierto soborno y el cohecho; son las principales fuentes de intercambio financiero en la autocrática política de redistribución que impone a sangre y fuego el caudillo armado.

Los pseudo-estados caudillistas se concentran desproporcionadamente en dos regiones: las antiguas colonias europeas de África y las antiguas repúblicas soviéticas de Eurasia.

Pero, todo indica que el “warlordismo” no es ya un fenómeno exclusivo del continente africano.

El Chavismo como fenómeno criminal es un claro ejemplo enciclopédico de caudillismo armado latinoamericano, ya que el régimen estatal no puede “ejercer un monopolio en el uso de la fuerza dentro de su territorio” y el caudillo militarista depende en gran medida del compromiso de altos oficiales leales y otros miembros del alto mando militar, para movilizar su ejército mercenario privado en apoyo de la cúpula corrupta.

Estos hechos diferencian claramente al caudillo armado, del tradicional dictador militar clásico de derechas.

Fuerza militar privada procreada (no de la República) que sirve eficientemente para ejercer la represión popular focalizada necesaria para sustentarse en el poder.

Ese compromiso criminal depende de un complejo proceso de negociación, en el que el tirano debe garantizar el territorio adicional, los ingentes ingresos del narcotráfico, la seguridad personal y el estatus social de sus adláteres.

Lo que significa por descarte, que el pacto gangsteril chavista es uno muy débil, por qué la frágil relación entre el capo y los militares.

Esto constituye una forma de caudillismo interdependiente conocida como *”política criminal cooperativa de caudillismo armado”.*

En el sistema neo-comunista chavista, la élite se deja coordinar por un «señor de la guerra», en el sentido práctico de que él narcotirano actúa como líder regional, que comparte de facto el control militar, económico y político sobre territorios sub nacionales venezolanos; y mantiene sub ejércitos privados regionales para mantener invariable el estatus económico y social de sus gerifaltes.

Si bien su poder político para ejercer el orden social, el bienestar y la defensa regional dentro de su territorio se derivaba de derechos hereditarios que le legó el otro caudillo decimonónico armado que fue el finado Hugo Chávez Frías.

Su inesperada designación le otorgó una «autoritas» inicial, una independencia, un viso organicidad a los ojos de sus escasos seguidores obsecados.

Esta monarquía comunista hereditaria alcanzó una relativa fuerza unitaria para arbitrar privilegios financieros en los distintos grupos de ese archipiélago llamado Chavismo.

Toda esta endeble base de legitimidad fue erradicada con el incontenible huracán político del 28 de Julio.

El claro e innegable triunfo político de María Corina Machado y de Edmundo González, fue un certero torpedo fulminante a la vulnerable línea de flotación del agujerado y permeable buque chavista.

Sí el Ministro de La Defensa u otro miembro del alto mando le retirare públicamente su apoyo militar al caudillo raulista, ya fuera en un conato de rebelión militar interna o para formar una alianza circunstancial con una potencia aliada, el agente de cuba fácilmente podría terminar muy mal.

Pero, los flujos ininterrumpidos de rentas acaudaladas que produce “El Cártel de los Soles” impiden todavía hoy este lógico viraje moral, que quizás nunca ocurra.

El Chavismo del “desgobierno central” funciona en vital convivencia con la camarilla militar roja, para lograr su objetivo principal de ejercer escasa soberanía sobre regiones que, de otro modo, quedarían fuera de su control militar.

Esto parecería a primeras luces un oxímoron, o lo que es igual a una contradicción contradictoria para quienes no alcanzan asimilar que él otrora elefantiásico petro estado Venezolano, fue gradualmente desmontado y en última instancia autodestruido desde dentro.

Auto-devastación programada para que una minoría apátrida logrará desbandar a nuestra población civil resistente (8 Millones de almas), y que este hecho bélico híbrido le permitiera a estos agentes extranjeros perpetuarse indefinidamente en el poder político y militar.

En la Venezuela fronteriza, en particular aquellos territorios limítrofes donde los países vecinos podrían desafiar la soberanía nacional, los grupos armados irregulares (FARC, FBI, ELN, Etc.) son aliados utilísimos de un auto debilitado gobierno central castro-madurista, que no desea establecer un monopolio exclusivo sobre el uso de la fuerza dentro de su propia delimitación nacional para mantenerla esencialmente fragmentada.

En una próxima entrega articularía estaremos analizando la condición esencialmente mercenaria y explotadora del régimen narcoterrorista que usurpa la Presidencia de nuestra Republica de Venezuela.