
«Es una isla casi abandonada. Quedó como muerta», me advierte Delfino Davies nada más poner un pie en su pequeño museo de herramientas e instrumentos.
Por BBC Mundo
El sonido de su escoba al barrer es lo único que se escucha ahora entre estas casas. Ya casi no recibe a nadie en su «pequeño tesoro», como llama a su local, pero le gusta tenerlo siempre impecable.
«Antes se escuchaba a los niños gritar y jugar por los rincones, había música en todos lados, los vecinos se peleaban… Pero todos los sonidos se escaparon».
Los recuerdos asaltan rápido la memoria de este indígena guna, cuya isla cambió por completo el pasado mes de junio, cuando decenas de botes a motor y cayucos de madera trasladaron a 300 familias desde la isla Gardi Sugdub, en el Caribe panameño, a una barriada en tierra firme conocida como Isberyala.
Fueron unas mil personas las que huyeron del hacinamiento y del aumento del nivel del mar. Se trata de la primera población en Panamá que es reubicada de forma planificada por el cambio climático.
La mudanza duró varios días.
«Se fue mi papá, mi hermano, mis cuñadas, mis amigos… Los niños preguntaban ‘¿dónde se fue mi amiguito?’ Y comenzaron a llorar», me relata Delfino.
Soltero y sin hijos, las piezas de su museo son ahora su mejor compañía.
Se calcula que apenas una veintena de familias -poco más de cien personas- siguen viviendo en Gardi Sugdub.
Muchos se quedaron porque en Isberyala no había espacio para todos. La evacuación comenzó a planificarse hace más de 10 años, cuando había menos habitantes. Otros simplemente se negaron a abandonar su isla.
Para seguir leyendo, clic AQUÍ.
