William Anseume: Encuentro de ciudadanos - LaPatilla.com

William Anseume: Encuentro de ciudadanos

El encuentro de ciudadanos con un propósito definido ya ocurrió. Fue un festín gustoso por la libertad, la democracia, la paz, la vida en armonía que todos deseamos y procuramos. Dentro y fuera del país -aunque canallescamente más limitado- hubo un pronunciamiento claro, con una muy clara intención. Venezuela quiere y necesita cambios. En todos los órdenes.

El encuentro contó con innumerables dificultades, propias de la evitación de que se produjera lo que todas las encuestas serias preveían. Partidos perseguidos, expropiados de sus siglas y sus espacios para confundir, compra de voluntades, prisiones, deshonestidades de todo tipo. Saltados los escollos por una ciudadanía firme en su propósito: se consiguió el éxito irrefrenable. En unidad.

Mientras tanto, el discurso de aquellos se engalanaba de las consuetudinaria amenazas, cumplidas, por cierto: no se va a entregar nada, pase lo que pase. Lo que iba a pasar pasó. La manifestación popular más importante de este siglo. Mientras tanto, el orbe completo con sus ojos puestos en nuestro accionar ciudadano. Los impedimentos de última hora, fallas técnicas, idas de luz, y tantas otras miserias, de cierres anticipados o postergados, de lucha brazo a brazo, fueron insuficientes para contener la furia empaquetada en el papel introducido, en la marca sobre la máquina.





¿Fue un error que los que se consideran estables convocaran a ese acto? ¿Pudieron usar otro mecanismo más directo y fiable? No creo. Todo apuntaba a ese día y a cuanto ocurriera. La observación más confiable de las que pudo venir cumplió su papel a cabalidad, tanto como los ciudadanos unidos en su propósito único. No exaltar lo condenable.

Es natural que cunda un poco la desesperanza, porque el propósito mayor no se ha cumplido aún. Es más, se detienen en estrategias quebrantadoras del espíritu unitario. Vuelven con la idea de crear confusión y agotamiento. Buscan otros personeros políticos entre amenazados, perseguidos, endeudados con ellos, para que les sumen a su propósito de mantener el poder a como dé lugar. Entonces lanzan la carnada mayor y peligrosa: elecciones. El vericueto alborotador. Muy cónsono con sus finalidades.

Pero queda, y no cuentan con que queda, reserva espiritual y política suficiente. La unidad será recompuesta muy posible, aunque dificultosamente, unidad social y política, unidad de criterios también de entre los países democráticos dispuestos a no ceder un ápice en exponer la felonía, pregúntenle a Boric. Pero no basta con exponerla. La contribución tiene que ser mayor por la causa invariable: libertad, democracia, paz, tranquilidad, cambios indispensables. Volvamos al encuentro de los ciudadanos con el propósito más definitivo. Unidos para vencer, como reza la consigna famosa y antigua. Lo demás son tanteos. Patadas de ahogados.