
La tragedia ocurrida en el Centro Comercial Real Plaza de Trujillo, en Perú, dejó escenas de angustia y dolor, pero también de valentía y solidaridad.
Por: Diario Perú21
Un grupo de repartidores motorizados, en su mayoría migrantes venezolanos, se convirtió en inesperados rescatistas tras el colapso de la estructura del patio de comidas.
Erick, un repartidor de delivery, fue uno de los primeros en reaccionar junto a sus compañeros al recibir una alerta en su grupo de WhatsApp. Sin dudarlo, corrieron al lugar del desastre y comenzaron a sacar a las personas atrapadas entre los escombros, priorizando el rescate de niños y heridos.
Entre los héroes venezolanos, también destaca Gabriel, un joven que al presenciar el derrumbe, dejó de lado su instinto de huir y regresó para ayudar a quienes estaban atrapados.
Junto a otros compañeros, Gabriel logró socorrer a más de una decena de personas, incluyendo niños y adultos gravemente heridos. Su testimonio es el reflejo de un acto desinteresado que muchos de sus colegas también realizaron sin esperar reconocimiento.
Algunos motorizados incluso encendieron sus motocicletas, para ayudar a trasladar a los bomberos hasta la zona afectada, facilitando así la atención de emergencia.
Para muchos de estos trabajadores migrantes, el acto de ayudar fue un reflejo de su esencia y humanidad. “Nos nació del corazón”, afirmaron varios de ellos, destacando que, más allá de su nacionalidad, actuaron como cualquier ser humano lo haría en una situación crítica.
En un contexto donde algunos venezolanos han sido estigmatizados por hechos delictivos protagonizados por una minoría, estos gestos de valentía han cambiado la percepción de muchos peruanos sobre la comunidad migrante.
Hemerson Páez, Head de Operaciones de Rappi Región Andina, resaltó la calidad humana de estos trabajadores venezolanos, y expresó el compromiso de la compañía en brindar apoyo ante la crisis.
Con información del Diario Perú21
