
Tras cinco años de aislamiento por la pandemia, Corea del Norte permitió brevemente la entrada de turistas occidentales bajo estrictas condiciones.
Por: BBC Mundo
Los viajeros fueron advertidos de no insultar a los líderes ni a la ideología del régimen, y se les restringió el acceso a internet, cajeros automáticos y comunicaciones externas.
Rowan Beard, director de Young Pioneer Tours, destacó que, pese al control estatal, los norcoreanos tienen opiniones propias y sentido del humor. Sin embargo, la reapertura fue efímera, ya que las autoridades volvieron a cerrar las fronteras sin explicación.
El recorrido se limitó a la ciudad de Rason, una zona económica especial que opera con cierta apertura comercial. A diferencia de Pyongyang, aquí los turistas pudieron vislumbrar aspectos de la vida cotidiana, aunque siempre escoltados por guías estatales.
Las visitas incluyeron una fábrica de cerveza, una escuela y un mercado de artículos de lujo donde la venta de productos chinos falsificados contrastaba con la imagen controlada que el régimen busca proyectar.
Un espectáculo escolar con animaciones de misiles balísticos reflejó la omnipresencia de la propaganda en la educación infantil.
Las restricciones fueron más severas que en viajes previos, con menos interacción con la población local y constantes medidas sanitarias justificadas por el temor a la covid-19.
Muchos edificios lucían deteriorados, con falta de iluminación y calefacción. Joe Smith, experimentado visitante de Corea del Norte, señaló que, aunque el régimen intenta mostrar un país organizado, la realidad visible dista mucho de esa imagen oficial.
El turismo en Corea del Norte sigue siendo un tema controvertido. Mientras algunos consideran que estos viajes fomentan el intercambio cultural, otros advierten que benefician únicamente al gobierno, ya que la mayoría de los ciudadanos desconocen la existencia de visitantes extranjeros.
Puedes leer la información completa en BBC Mundo
