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Aristócrata, socialité, carismático, hombre de mundo, Reinaldo Herrera murió el martes 18 en su casa de Manhattan, a los 91 años. La noticia la confirmó con profundo pesar la periodista venezolana Titina Penzini, amiga de Reinaldo y de su mujer, la famosa diseñadora Carolina Herrera: “Siempre serás recordado con mucho cariño, Reinaldo. Mis más sinceras condolencias a mi querida Carolina, a Mercedes, Ana Luisa, Carolina Jr., Patricia y toda la familia”.
Por: La Nación
HIJO DE UN MARQUÉS
Criado en una familia de renombre en Venezuela, Reinaldo vivió entre las élites de Caracas, Nueva York y Europa, y así forjó su carácter: de porte distinguido, cierta gracia en los modales y facilidad para el trato, fue una figura apreciada y respetada en todos los círculos en los que se movió. Su padre, el marqués de Torre Casa, era un hombre con importantes contactos –lo retrató Salvador Dalí–, y su madre, Mimi Herrera Uslar, una figura célebre entre las damas de la alta sociedad neoyorquina. De joven tuvo una aventura con Athina Livanos, la primera mujer de Aristóteles Onassis, era amigo de los Rothschild y los Agnelli y se movía con la misma naturalidad en una fiesta en Studio 54 que como invitado de la reina Isabel II, en Windsor. Y, aunque además vestía con el estilo de un dandy moderno, con trajes a medida de Savile Row, Reinaldo Herrera era mucho más que el típico playboy latinoamericano: culto, curioso, tenía el don de lograr lo imposible y una agenda “de oro” que llevó a que se lo conociera como “el hombre que abría todas las puertas”.
Con esta imagen en blanco y negro, tomada en Hacienda La Vega, al norte de Caracas, la compañía de moda Carolina Herrera comunicó en su cuenta de Instagram la muerte de Reinaldo Herrera.
Con esta imagen en blanco y negro, tomada en Hacienda La Vega, al norte de Caracas, la compañía de moda Carolina Herrera comunicó en su cuenta de Instagram la muerte de Reinaldo Herrera.
La red de contactos de Reinaldo era tan impresionante que no sólo podía llamar a cualquier persona, sino que conseguía que hiciera lo que nadie más que él podía pedirle. Una de las anécdotas más famosas ocurrió en Londres, en 1978, durante la visita oficial del impopular Nicolae Ceausescu. Reinaldo paseaba por Regent Street cuando vio pasar un Rolls-Royce color granate y, en su interior, a la reina Isabel II. Sin pensarlo, hizo una exagerada reverencia y ¡la Reina le devolvió el saludo! Cuando más tarde lo comentó con la princesa Margarita, esta se negó a creerlo. Llamó a la hermana y la soberana dijo: “¡Por supuesto que lo saludé! Nunca veo a nadie que conozca en la calle”.
Desde chico, la vida de Herrera estuvo marcada por el lujo y la sofisticación y, con los años, se convirtió en un influyente editor de Vanity Fair (responsable de las codiciadas listas de las personas mejor vestidas del mundo). También trabajó en otras publicaciones como Town & Country, donde escribía columnas que eran muy esperadas por la sociedad de Nueva York.
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