
Un juez de Curazao condenó por tráfico de personas a una venezolana que orquestó un viaje clandestino en lancha para llevar a su hijo a esa isla.
El letrado de la Corte Conjunta, Sigmar Carmelia, impuso una pena de prisión de 90 días, más tres años de libertad bajo palabra, a una venezolana de 25 años de edad, que intentó reunificarse con su hijo haciéndolo recorrer la misma ruta que ella navegó meses antes para huir de la crisis humanitaria en su país natal.
La mujer fue juzgada según lo dispuesto en la Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional, mejor conocida como Convención de Palermo, que tiene un protocolo específico sobre el tráfico de migrantes.
El fallo del juez Carmelia fue emitido en audiencia en noviembre de 2023. Sin embargo, la decisión correspondiente fue incorporada a los registros del Poder Judicial de la Corte Conjunta del Caribe Neerlandés el 3 de marzo de 2025.
Casualmente al día siguiente, 4 de marzo, la Guardia Costera del Caribe Neerlandés rescató a diez venezolanos que se trasladaban de forma ilegal en una lancha que zozobró en aguas curazoleñas. Una de las personas rescatadas falleció y otras 14 que iban a bordo de la embarcación fueron declaradas desaparecidas, incluidos dos menores de edad.
800 dólares
El infante -actualmente de 7 años de edad- quedó en custodia luego de un procedimiento en el que participaron efectivos de la policía local y la Guardia Costera del Caribe Neerlandés, en las adyacencias de la bahía Fuik. Este punto al sur de la isla es uno de los más frecuentados por las embarcaciones que llevan a migrantes desde San José de la Costa, una población falconiana a 70 kilómetros de distancia.
El reporte de uno de los funcionarios que participó indica que la niña era apenas una pasajera más del bote peñero que llegó a Fuik aproximadamente a las 6:30 am.
El rastreo de todos los pasajeros se extendió por varias horas. Muchos de ellos fueron avistados mientras caminaban por trochas, indica una nota informativa divulgada el 7 de septiembre de 2023 por los Guardacostas.
La niña estaba con su padrastro, quien dio los datos necesarios para que ubicaran a la progenitora. El hombre también fue acusado por complicidad en el tráfico de personas.
“La decisión de traer a mi hijo a Curazao fue mía y de mi expareja. Él trajo a mi hijo a Curazao. (…) Se acordó que el cruce de mi hijo a Curazao costaría 800 dólares estadounidenses. (…) Le envié 400 dólares estadounidenses mediante transferencia. Unos 4 o 5 días después de que le envié el dinero, él vino a Curazao con mi hijo”, confesó la mujer.
Para leer la nota completa pulse Aquí
