¿Empresario o político?, por Elsa Muro - LaPatilla.com

¿Empresario o político?, por Elsa Muro

Preocupa sobremanera la forma en que se ha venido ejerciendo el liderazgo en el país. Nos encontramos bajo un gobierno que compromete gravemente la libertad, adormece la institucionalidad en beneficio de sus aliados y silencia a quienes se atreven a alzar la voz.

Se ha instaurado un régimen de excepción que suspende garantías fundamentales como la legalidad y amenaza, por vía de decreto, con violaciones abiertas a los derechos de propiedad y a la libertad económica. Así lo evidencian las amplias y discrecionales facultades que este régimen se atribuye, sin control ni contrapeso alguno.





Y, sin embargo, el liderazgo guarda silencio. Peor aún: emite declaraciones que, lejos de cuestionar, terminan por respaldar y neutralizar la razón de ser de instituciones como Fedecámaras y Conindustria, llamadas precisamente a defender al empresariado y a la iniciativa privada.

Ante este panorama, uno esperaría una respuesta firme, técnica y valiente. Una voz calificada, un vocero capaz de enfrentar con argumentos y convicción este nuevo golpe, no solo contra los empresarios, sino también contra el ciudadano común.

Pero lo que vimos días atrás en la televisora oficial —que no puede catalogarse como nacional, dada su evidente parcialidad— fue otra cosa. El señor Luigi Pisella, en entrevista con Boris Castellanos, no solo habló maravillas del Decreto de Emergencia Económica, sino que aprovechó para presentar la plancha oficialista que aspira a dirigir Fedecámaras. Una de las planchas, por cierto, está encabezada por Tiziana Polesel, hasta hace poco crítica activa del modelo que ahora defiende Pisella y su candidato. La ambición no tiene límites.

No puede sorprender entonces su apoyo, en una intervención de 18 minutos en la que incluso sugirió la “insania” de Trump. Su mayor carta de presentación: que él y su equipo son la “llave segura” para entrar al gobierno, y que tanto él como sus vicepresidentes mantienen una cercanía muy estrecha con Delcy Rodríguez y el alto poder.

Pisella compareció para brindar su beneplácito al decreto. Un decreto que, lejos de solventar la crisis, institucionaliza el atropello y legitima el despojo.

Desde el inicio se nos dice que este “instrumento legal recientemente promulgado ha sido presentado como una herramienta para blindar la economía venezolana ante choques externos e internos”. Pero…

¿Qué pensarán los empresarios cuando les caiga encima el Seniat y otros entes que cobran tributos y contribuciones parafiscales?

¿Qué pensará el ciudadano cuando le suspendan servicios esenciales por tiempo indefinido, bajo un decreto que puede prorrogarse una y otra vez, como ya ocurrió en 2016?

¿Qué dirán los colegas institucionales de Pisella, con ese pensamiento económico hediondo a naftalina?

¿Qué sentirán los industriales cuando sean sancionados y atosigados por la administración pública, sin acceso ni siquiera a los servicios municipales?

¿Qué pensarán los empresarios que supuestamente Pisella debe defender, al ver reinstalados los controles de precios y restricciones a la importación?

¿Por qué Pisella no habla de la evasión, que ciertamente existe, producto de la creciente informalidad?

¿Qué piensan los empresarios de una campaña electoral hacia Fedecámaras que ahora se realiza por los medios oficiales? Los mismos que hace poco los llamaban “pelucones”, “apátridas”, “vendepatrias” y otros improperios.

No deja de sorprender cómo se desdibujan las instituciones y se mimetizan los líderes que deberían representarlas. Sorprende, da lástima… Y obliga a preguntarse:

¿Y ahora, quién podrá defendernos?

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