Suisun, la pequeña ciudad de California que descubrió a qué sabe Venezuela en Café Warao - LaPatilla.com

Suisun, la pequeña ciudad de California que descubrió a qué sabe Venezuela en Café Warao

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José Armando Parra es un migrante venezolano que se vio obligado a abandonar su país para iniciar una nueva vida en California. En un lugar dominado por la gastronomía americana y centroamericana, este valenciano y su familia descubrieron la oportunidad de reinventarse y transmitir la cultura, los sabores y la identidad de su tierra natal a través de un emprendimiento fuera de lo común.

Café Warao es una propuesta pionera en Suisun, y en todo el condado de Solano, que ahora es reconocida y admirada como un punto de encuentro, un espacio que desborda aromas inigualables y esa auténtica sazón criolla que deja a todos con la necesidad de querer volver. El éxito no se detiene aquí, ya se alistan para conquistar más paladares en otras ciudades de Estados Unidos. ¿Quieres conocer su historia de superación? Sigue leyendo.





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Armando se crió en Valencia, sus raíces se remontan hasta Tinaquillo, en el estado Cojedes, ya que su familia materna proviene de esa localidad. A temprana edad, se mudaron a la capital carabobeña, donde se forjó su carácter como emprendedor.

Con apenas 22 años, José combinaba estudios universitarios con la dirección de un negocio familiar. “Era estudiante de la Universidad Alejandro Humboldt, en la carrera de Comercio Internacional. Teníamos un negocio familiar de carga, de transporte”, relató a La Patilla. La empresa, vinculada a una cooperativa que trabajaba con la estatal Pdvsa, significó su primer contacto con el mundo empresarial.

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Pero la situación se tornó insostenible. Las tensiones políticas y las complicaciones con las operaciones de transporte lo llevaron a tomar una decisión determinante. “Fueron los mismos problemas de las relaciones comerciales con estas personas y el gobierno, y hubo muchos problemas que nos obligaron a emigrar en 2016”. 

José viajó primero a Estados Unidos, con la idea de regresar pronto, pero ese regreso nunca se concretó. “Después, la cosa se puso un poco más caliente y mi mamá se tuvo que venir”, recordó. Él se encontraba a cargo de la operación, desde la administración hasta el mantenimiento de los vehículos. Al no llegar a un acuerdo que garantizara la continuidad del negocio, la familia entera se vio forzada a dejar Venezuela y establecerse en Fairfield, California.

Una oportunidad a la vista

Adaptarse no fue sencillo para estos criollos que tuvieron que iniciar prácticamente desde cero. José se enfrentó a oficios completamente nuevos. “Nunca antes había hecho estos trabajos, pero sin embargo cumplí con el deber del migrante, la necesidad de hacer las cosas bien”.

La experiencia que obtuvo en la construcción y en los viñedos de Napa representó una prueba de resistencia. “En el invierno, con el frío extremo, trabajar así a la intemperie fue difícil, ya que nunca antes lo había hecho y además la cantidad de horas fue agotador”.

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La idea del emprendimiento surgió desde la cotidianidad y el deseo de transformar el esfuerzo de tantos años en una propuesta amena y duradera. José contó que su hermano comercializaba café en grano de forma online, y esa experiencia previa se convirtió en la base para una idea de negocio más ambiciosa. “Dijimos: ‘¿por qué no damos el siguiente paso? Vamos a juntarnos los tres y abrimos un negocio físico, donde tengamos el café, la comida y todo’”.

Detectaron que a la oferta local —protagonizada por propuestas mexicanas y centroamericanas— le faltaba un toque criollo. Fue entonces cuando pusieron en marcha una alternativa bien pensada y muy deliciosa. “Vimos esa necesidad y la oportunidad de introducir nuestros sabores y ha sido un éxito. A la gente, le ha gustado muchísimo”.

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Reencontrarse con el café venezolano en el Estado Dorado representó mucho más que un retorno a los sabores de casa. “Para nosotros es un gran orgullo porque somos los primeros transmisores de la cultura venezolana, del café, de la comida, de todo aquí en la ciudad donde estamos”.

Por esta razón, Café Warao pasó a ser el primer café-restaurante venezolano en Suisun, una señal tangible del trabajo sin tregua de una familia decidida con el deseo de superar obstáculos, aprender, evolucionar y salir adelante.  

 “Te puedo decir que para mí, y te aseguro que para mis hermanos y mi mamá también, [Café Warao] es unión. Es la muestra perfecta de que en la unión está la fuerza”, mencionó José con total convicción.

Embajadores de sabores criollos

El espacio donde hoy opera el local fue renovado completamente y el venezolano aseguró que gran parte de la construcción fue hecha por ellos. Se apoyaron en tutoriales, buscaron recursos y cada uno puso su granito de arena con “con mucho amor para que todo quedara bonito y se vea cálido”. Y precisamente esa es la esencia que transmite Warao, un sueño hecho realidad con aroma a café y sabor a grandeza.

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Lo que comenzó como una idea familiar se perfiló rápidamente como una invitación para quienes desean probar un sabor distinto, y José lo resume con una palabra que lo dice todo: autenticidad. 

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“Auténtica porque son sabores plenamente venezolanos”, afirmó sin rodeos. Todo ello es gracias a una figura clave, su madre. “Cuidamos mucho la cocina, que en cocina, principalmente, todo es mi mamá, ya que este es un trabajo en equipo”. Ella pone el toque casero a cada platillo, al replicar recetas tradicionales que no buscan impresionar por lo exótico, sino por lo cercano.

Café Warao no es un restaurante común ni una simple cafetería. En palabras de José, es una propuesta que abraza la diversidad. “Ofrecemos una gran variedad de café, bebidas limonadas, milkshakes, postres y también licores como vinos, cervezas y mimosas”, detalló. El menú combina recetas venezolanas con alternativas más universales, lo que les permite atender tanto a los amantes del sabor criollo como a los locales que buscan un brunch diferente.

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El corazón del proyecto es la gastronomía venezolana, pero el menú incluye croissants, bagels, tostadas de aguacate, ensaladas, pizzas tipo flatbread y sándwiches. “Queremos abarcar esa diversidad, aprovechamos la oportunidad para introducir nuestra gastronomía, pero también ofrecer diferentes opciones para los locales”, comentó José al resaltar que este enfoque versátil les ha permitido diferenciarse claramente del resto de los negocios de la zona.

Una de sus principales fortalezas es que la comida que ofrecen es fresca y hecha en casa. “No somos un restaurante, somos una cafetería que ofrece comida real”, acotó. Esa ventaja hace que los comensales se sientan atraídos por el café y la calidad de los platillos que encuentran en su carta.

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¿Y los favoritos?, “sin duda, la arepa, la empanada y los tequeños”, confesó sin pensarlo dos veces. Estos íconos de la cocina venezolana son los más pedidos. “Cuando alguien ve el menú y pregunta si es un restaurante venezolano, la arepa es lo primero que busca. Representa a Venezuela”, agregó.

El trabajo de toda una familia

El recibimiento superó todas sus expectativas. “La gente que viene por primera vez aquí dice: ‘wow, nunca había probado un sabor así’”. Esa reacción se volvió habitual. Para este carabobeño, no hay mayor satisfacción que ver a un comensal feliz. “Llena más a uno como dueño ver a un cliente feliz y satisfecho que cualquier otra cosa”. 

Su enfoque se mantiene claro desde el inicio, ya que todo se trata de mostrar la riqueza de la cocina criolla, sin dejar de adaptarse a la variedad de gustos de la comunidad local. “Tenemos un concepto donde somos americanos-venezolanos para tener también variedad, pero de verdad que nuestra prioridad siempre también es ofrecer comida venezolana”.

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En esa mezcla de sazón tradicional, hogareña y atención cercana, el papel de sus allegados superó cualquier cosa. “La familia aquí ha sido todo, pues este es un negocio netamente familiar”, resaltó. Desde la construcción hasta la operación diaria, todos han tenido un rol definido. “El apoyo de mi esposa, de mis hermanos, su esposa, mi mamá, mi hermano menor (…) todos aportamos. Nos organizamos, nos juntamos, hicimos el equipo que necesitábamos para que esto fuese hecho realidad”. 

Así, lo que actualmente luce como un local acogedor y bien diseñado, nació del trabajo colectivo, de jornadas largas y manos múltiples que no conocían descanso. Pero ¿qué hace que Café Warao se distinga en una zona donde abundan otras cafeterías? Este venezolano dedicado lo tiene claro. “Principalmente el servicio”. 

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Más allá de los sabores, el disfrute del cliente dentro de ese espacio que identifica nuestro gentilicio es el corazón de su propuesta. “Siempre queremos hacerle vivir esa experiencia al cliente, así sea solo por un café, que se sienta como que nunca lo han tratado de esa manera”. Esa dedicación al detalle se nota incluso en lo más pequeño. “Cuando son clientes frecuentes, siempre aprendemos sus nombres, qué ordenan”.

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La otra diferencia, tan evidente como poderosa, es el origen. “Somos venezolanos. Somos el primer café venezolano, aquí en el área de Suisun, del condado de Solano. Y en esta zona somos los pioneros”, reiteró. Ser los primeros les ha permitido abrir camino y educar al paladar local sobre una cultura que hasta ahora no tenía una representación clara. “Somos los que estamos dando a conocer la cultura de Venezuela”.

Y lo han hecho a su manera. Con respeto, constancia y ese sabor que se queda en la memoria. Un café, una arepa, una conversación, cada elemento suma en esa experiencia que logra, poco a poco, abrirse un lugar en el corazón de la comunidad. 

Una pasión que trasciende

Pero el triunfo de Café Warao no termina en una barra de café bien servida. José y su equipo ya piensan en nuevos horizontes. “Vamos a cumplir dos años. Suena bastante, pero estamos recién empezando, estamos en la consolidación de la marca. De verdad que nos ha ido bien desde que abrimos, gracias a Dios. Todo ha sido positivo”, explicó.

Y en esa etapa de crecimiento, surgen más ideas de expansión y su visión estratégica crece. Desde botellas de papelón con limón, chicha y salsas venezolanas listas para llevar, hasta la meta ambiciosa de llegar a supermercados latinos y grandes cadenas en Estados Unidos. “Estamos trabajando en eso, todo toma tiempo, así como nos tomó tiempo, un año y pico construir Warao”.

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Asimismo, manifestó que clientes de otras ciudades piden más sucursales. Y aunque aún no hay fechas concretas, el deseo de duplicar esta propuesta criolla ya late fuerte entre sus planes. “Estamos ahorita echándole ganas para salir adelante y hacer crecer este negocio”, dijo.

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Para José, construir Café Warao forma parte de su identidad y a pesar de que considera que los venezolanos aún son minoría en Suisun, su sabor, calidez e historia dejan huella. Y sin duda, todavía les queda mucho por compartir. “Hoy en día estamos llevando toda nuestra cultura, nuestra gastronomía a las diferentes nacionalidades que están en esta ciudad y eso es lo más bonito para nosotros”, puntualizó.

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