La venezolana que ha encandilado a Michelle Obama con su "confort food": comida sin complicaciones - LaPatilla.com

La venezolana que ha encandilado a Michelle Obama con su "confort food": comida sin complicaciones

La venezolana Eliza Arcaya, en Murillo Café.TERESA COLSA

 

Venezolana de nacimiento, Eliza Arcaya ha estado siempre ligada al mundo de la cocina. «A mi madre, que es alemana, le encantaba cocinar y nos involucraba a mi y a mi hermana para hacer galletas y tartas, y mi padre, miembro de una familia numerosa, organizaba muchos almuerzos los sábados», recuerda, asegurando que fue Lola, la cocinera que tuvieron en casa durante años, quien le fue introduciendo en los fogones. Una cocina que, desde pequeña, concibe como unión, sinergia y motor de conversaciones.

Por El Mundo 





Estudió diseño gráfico en la Escuela de Visual Arts de Nueva York, donde se especializó en carteles, llegando a ganar un premio en la Bienal de Barcelona. Tiene claro que esa carrera y la gastronómica confluyen y se complementan, ya que «en diseño colocas todos los elementos sobre una superficie y los conjugas, de la misma forma que haces con los ingredientes antes de confeccionar un plato. El diseño me gustaba mucho, pero me gusta más cocinar», asegura. Así que un día, con motivo de la boda de la hija de unos amigos, arrancó con su catering, ya que «me pidieron el favor de que les hiciera algo diferente a la propuesta que ya tenían. Desde entonces no he parado».

Fundó Atar en Venezuela, con el que llegó a hacer bodas para 2000 personas, y al poco tiempo montó un pequeño restaurante en Caracas llamado Catar, especializado en sándwiches y ensaladas. «Empezamos para 20 personas y terminamos dando comidas para 300». Para formarse bien ha trabajado con el chef francés Daniel Boloud en Nueva York, «para el que llegué a pelar 400 kilos de boletus diarios; era como una meditación, cada día tardaba menos y lograba más precisión». Ya en Madrid «me ofrecí a Paco Roncero para ser parte de su crew en la cocina, y trabaje con él durante dos años. Estando allí surgió la oportunidad de participar en la cena que daban Ferran Adrià con Arzak y su hija Elena en el Palacio del Pardo la noche antes de la boda de los Reyes. Fueron 400 invitados y éramos 200 cocineros. Recuerdo que empezamos a las cuatro de la madrugada y terminamos a la una del día siguiente».

Fue entonces cuando se dio cuenta de que no había ningún restaurante en la ciudad que tuviera horario continuado. «Vivía en la zona de los Jerónimos y era imposible comer más tarde de las 4. Así que mi hermana y yo conseguimos el local que ocupaba La Bodega, detrás del Museo del Prado y lo transformamos en Murillo Café». Presume que fue el primer sitio que dio servicio continuo en Madrid. «Abríamos al mediodía y cerrábamos a las 12 de la noche. La carta estaba activa todo el día, a todas horas». De eso han pasado ya 16 años y sigue teniendo su clientela de siempre.

«Mantenemos buenos precios, todo es casero y tenemos variedad para todos los gustos. Hacemos lo que se conoce como confort food, cosas sencillas y productos frescos», asegura, al tiempo que reconoce que sus bestseller son el pollo al curry, la ensalada de quinoa con lentejas, la pizzeta de setas con trufas y el carpaccio de calabacín con canónigos. Su amigo Boris Izaguirre, además de conejillo de indias, le ayudó a confeccionar la carta y puso personalmente nombre a los platos para atraer la atención del cliente. Elisa revela que por su espacio han pasado importantes personalidades extranjeras como Terry Williams, Alec Baldwin o la mismísima Michelle Obama, «quien vino primera dama y luego volvió como mera turista. En la barra estaban sus médicos y sus enfermeras, capaces de montar una carpa-hospital en 5 minutos», dice.

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