El terrible caso de la mujer que apuñaló a traición a sus dos pequeñas hijas: "Cometí un crimen y no merezco perdón" - LaPatilla.com

El terrible caso de la mujer que apuñaló a traición a sus dos pequeñas hijas: “Cometí un crimen y no merezco perdón”

Debra Jeter en una foto con sus dos hijas (Policía del condado de Hill, Texas)

 

La tarde del 5 de junio de 2009, Debra Louise Jeter se juntó con sus dos hijas para un reencuentro bajo el pretexto de reconciliación familiar, pero lo que sucedió en aquel granero abandonado en las afueras de Waco, Texas, marcó para siempre una de las tragedias más impactantes del sur de Estados Unidos.

Por infobae.com





La historia de Debra Jeter arranca en Hillsboro, Texas. Sus compañeras la describían como una estudiante aplicada, callada, con una mirada esquiva y reservada. Logró matricularse en la Texas A&M University, donde cursó estudios de enfermería. Poco antes de cumplir los treinta años, conoció a Lester Jeter, un hombre de carácter afable y trabajador con quien contrajo matrimonio. Ambos tenían el mismo apellido, pero no eran familiares. La pareja solía aclarar el tema ante las miradas curiosas de los vecinos del pueblo.

Retrato de una familia “normal”

Pronto llegaron Kiersten y Kelsey Jeter, las dos hijas que habrían de convertirse en el epicentro de su vida, su razón de vivir y, años después, sus víctimas.

A simple vista, el hogar de los Jeter reflejaba todo esos lugares comunes de una familia del medio oeste de Estados Unidos. Vivían en una casa de madera, tenían un jardín impecable, una madre presente y un padre amante de las barbacoas, la cerveza y los partidos de fútbol americano.

Sin embargo, detrás de esa fachada de armonía se encubría un deterioro paulatino, tejido por el silencio y el aislamiento. Debra comenzó a mostrar signos de ansiedad aguda y episodios depresivos. Su conducta resultaba cada vez más errática.La mujer tenía largos periodos de mutismo, series de llantos incontenibles e insomnio. El vínculo entre ella y Lester se resintió y la comunidad empezó a notar el distanciamiento.

En 2004, con apenas 8 y 6 años, Kiersten y Kelsey veían a su madre sumida en una tristeza que no alcanzaban a comprender. A veces, Kiersten confesaba a su maestra: “Mamá se queda mirando por la ventana, como si ya no existiéramos.” Nadie pudo imaginar el horror que se venía.

La caída de los Jeter

La situación familiar empeoró en la primavera de 2009, cuando Lester Jeter solicitó la separación legal y la custodia total de las niñas. El proceso judicial, marcado por tensiones y acusaciones, agravó el cuadro clínico de Debra. Ese mayo, cometió un primer intento de suicidio en presencia de sus hijas. “Las niñas me necesitan, pero yo no soy suficiente,” repetía frente a los asistentes sociales del condado. Como consecuencia, se le impuso una orden de restricción inmediata. Lester declaró: “Nunca pensé verla tan rota. Me asustaba la idea de dejar a las niñas solas con ella.” El sistema judicial, presionado por el testimonio de vecinos y por informes médicos, cedió y restringió a Debra cualquier contacto no supervisado con las menores.

Pero en la tarde del 5 de junio, tras casi tres semanas sin ver a sus hijas, el juez levantó temporalmente la orden. Un acuerdo provisorio permitió que Debra pasara la tarde con las nenasLester, desconfiado, preguntó antes de entregarlas:—¿Estás segura de que estás lista para esto, Debra?—Por supuesto —contestó ella, evitando la mirada—. Las extraño todos los días.

El automóvil negro de Debra se alejó ese viernes rumbo a la vieja ruta que atraviesa los campos de Hill County. A bordo viajaban las tres . Kelsey, la menor, miraba la ventana. Kiersten, con trece años, envió un mensaje de texto a su padre: “Papá, estamos bien. Quizá mamá solo quiera hablar.” Nadie respondió a ese mensaje.

El destino era un antiguo granero, abandonado hacía décadas, donde una vez la familia había hecho campamentos improvisados. Los pastizales altos ocultaban parte de la construcción. Debra insistió para entrar.

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