Nadine Promes, la artista venezolana que dibuja las aventuras de Phineas y Ferb

Nadine Promes, la artista venezolana que dibuja las aventuras de Phineas y Ferb

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Cuando era niña, Nadine Promes grababa shows en VHS para luego detenerlos cuadro a cuadro y dibujar los personajes que veía a través de la pantalla. A escondidas de sus padres, convertía las madrugadas en lienzos silenciosos donde su lápiz no descansaba y su mente creativa tampoco. Esa curiosidad fue el primer trazo de un sueño que ahora se hace realidad en los pasillos de Disney.

La zuliana forma parte del relanzamiento de Phineas y Ferb, uno de los regresos animados más esperados del gigante del entretenimiento. Desde su escritorio en Los Ángeles, esta artista del storyboard da forma a los nuevos episodios de la serie que marcó la infancia de su hermano menor y ahora también lleva su firma. La venezolana ingeniosa reveló a La Patilla cómo delineó cada escena del guion más emocionante que ha producido: su vida.





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Nadine recordó que su entrenamiento visual inició desde temprana edad y no tenía idea de que más adelante se dedicaría al arte. “Dibujaba bastante, tanto así que en días de escuela pasaba toda la noche dibujando y cuando subía la cabeza del papel, de repente veía que ya había luz, se me pasaba toda la noche y se hacía de mañana.  Así me encontraban mis padres”.

Asimismo, contó que el apoyo de su familia fue su punto de partida. “Mi papá me dijo: ‘¿sabes qué?, creo que serías una buena arquitecta’ y me contaba de grandes planes, de que yo podía hacer esto, podía hacer aquello y me emocionaba: ‘sí, yo voy a hacer a mi papá orgulloso, voy a estudiar arquitectura’”.

La elección de Francia como destino de estudios obedeció a una ilusión que su padre tuvo para ella. “Mi papá quería que uno de nosotros estudiara en Francia. Él me puso un nombre francés y dijo: ‘quiero que ella se vaya y estudie en La Sorbona’”. Allí, cursó dos años de francés y comenzó arquitectura en la Escuela Nacional Superior de Arquitectura Paris-Malaquais, ubicada cerca de Notre Dame

En aquel momento, su pasión por contar historias a través de los dibujos la delataba y no demoró en replantear su rumbo. “La decisión grande de mudarme la tuve el día en que debía presentar el proyecto final en la universidad de arquitectura, abrí la puerta y vi la diferencia entre mi proyecto y el de los estudiantes franceses.Eso me dio un shock cultural, un shock que me dio un miedo que me empujó a llamar a mi mamá y decirle: ‘no puedo entrar, no quiero seguir aquí, quiero estudiar animación’”. 

Un talento nato

El segundo salto hacia Estados Unidos fue respaldado por su familia y el tiempo le confirmó que estaba en la dirección correcta. “El diciembre que fui a visitar a mi familia en Venezuela, hablé con mis padres y dijeron: ‘nosotros te apoyamos, no te preocupes, enlístate en universidades, aplica en universidades de animación y te ayudamos’”. Solo una universidad aceptó su aplicación y ahí comenzó la nueva etapa. “La verdad que de una supe: ‘nací para hacer esto’”.

Y cuando todo parecía más sencillo, la zuliana tampoco escapó de los obstáculos durante el proceso migratorio . “En Francia definitivamente fue mucho más fácil, ya que al tener unos pocos meses allí, pude obtener la tarjeta de residencia y trabajar de manera parcial”.

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No obstante, en tierras norteamericanas la situación cambió. “Las reglas que tienen aquí son mucho más difíciles. Uno de los desafíos más grandes para mi papá era que no podía agarrar ayuda del gobierno de Estados Unidos. Era bastante el gasto en cuanto al tema de las universidades de acá”.

Nadine estudió animación en el Savannah College of Art and Design. “Me fue súper bien, todo se me hizo muchísimo más simple. Entendía no sólo la cultura americana, sino también lo que era la animación”. Durante su formación aprendió técnicas básicas para crear cortos animados, aunque reconoció que no fue un aprendizaje profundo. “Obviamente, cuando me gradué, sabía lo básico, pero no cómo hacerlo profesionalmente, de una manera excelente que me pudiera contratar un estudio grande”. 

La criolla indicó que en aquel momento no existía una clase dedicada exclusivamente al storyboard. “Eso creo que lo pusieron después que me gradué”.

Pero el triunfo en la industria no fue inmediato. Tras graduarse, obtuvo el OPT, una visa que permite trabajar solo dentro del área principal de estudios. “Me mudé a Los Ángeles y estuve buscando por unos meses. De repente una amiga puertorriqueña me dijo: ‘Sony Pictures Animation, con una compañía que se llama Me Too, están colaborando y haciendo un concurso para recibir mentoría’”. 

“Recuerdo que cuando me dijo, creo que la fecha para entregar era el día siguiente y yo: ‘cónchale, no tengo tiempo, pero ¿sabes qué? lo voy a hacer, así todo a lo loco’, entonces ese mismo día lo hice y lo logré”, agregó.

El arte, su refugio 

El proyecto realizado durante la mentoría se tituló «Al otro lado», un audiovisual bilingüe para incluir a ambas audiencias. “Me dieron sólo 7 mil dólares para hacer un corto animado de 5 minutos, que uno, ese dinero es nada, literal lo usé para pagar renta, pero no pude pagarle a la gente que me ayudó”. Nadine asumió un rol de productora persuasiva para convencer a sus colaboradores. “No fue fácil porque este es el tiempo de otros profesionales, solo pude pagar la música porque tuve que rentar el estudio”.

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Tras la mentoría, trabajó cinco meses como asistente de un vicepresidente de producción, pero la visa expiró. “Pude extenderla porque animación cae dentro de las carreras STEM (…) pero solo compañías que estaban dentro de un programa que se llama E-Verify podían contratarme y Sony no lo estaba”. Gracias a su trabajo en redes y contactos, convenció a una compañía pequeña para contratarla. “Estuve por varios meses dentro de esta compañía”.

Sin embargo, el ambiente laboral le pasó factura. “No tuve la mejor experiencia dentro de esta compañía y me empezó a dar depresión, la verdad la pasé bien difícil”. Fue allí donde nuevamente encontró un refugio en el arte. “La única parte positiva de mi día cuando estaba trabajando con ellos era que podía regresar al trabajo y me ponía a hacer cómics».

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Nadine confesó que tenía miedo de ser artista para evitar que las críticas pudieran afectar, razón por la cual durante mucho tiempo se decantó en trabajar en el área de producción. Pero hacer los cómics eran más que un escape, sus bocetos servían para drenar el talento que contenía en sus manos. «El arte me salva, y esto era para mí. Yo no quería dejar de hacerlo por miedo”.

Fue entonces cuando su hermana decidió intervenir y la convenció de mudarse a Massachusetts para conseguir un respiro y soltar esa carga que pudiera lastimar su salud mental. Luego en Boston, la pandemia estalló y la familia pudo reencontrarse en Florida. Allí, Nadine retomó el arte independiente para ganar experiencia y algo de dinero extra.

Intentos para mudarse a Canadá y España no prosperaron. “Muy cerca de terminar un curso de diseño de personaje y mudarme a España, un mes antes, Biden anunció lo del TPS y dije: ‘esta es una gran oportunidad’”. Así, su hermana menor se mudaba a Los Ángeles y la maracucha decidió regresar como artista «por la Nadine pequeñita que siempre quiso dibujar».

La oportunidad de su vida

El permiso de trabajo del TPS llegó y un mes después consiguió su primer empleo. “Fue súper loco. Tanto desafío de no poder trabajar por no tener la visa, no tener el permiso de trabajo y nada, pero cuando por fin tuve el permiso de trabajo, un mes después, conseguí un tremendo trabajo como artista”.

Uno de los factores que más marcó su desarrollo profesional ha sido el poder del networking y las mentorías. Nadine destacó que establecer relaciones y buscar activamente oportunidades ha sido tan decisivo como su talento o formación técnica. Tras finalizar un show en el que trabajaba, las puertas se le abrieron gracias a los contactos en la industria que ella misma gestionó con el transcurrir del tiempo. “Una colega me dio el número del director de Los Reyes de la Colina. Le escribí, le mostré mi trabajo y le gustó. Tuve una entrevista y de inmediato me puse a trabajar”.

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La experiencia laboral en Los Reyes de la Colina no estuvo exenta de obstáculos. Apenas comenzó, la huelga de guionistas impactó la producción y limitó los proyectos disponibles. “Nuestros escritores eran parte de esa unión que estaba en huelga, entonces no podían escribir más”.

El trabajo se redujo a pocos guiones y, al agotarse, muchos quedaron sin ocupación. Ante ese panorama, la inquietud y las redes de contacto volvieron a jugar un papel clave. Gracias a la gestión con otro colega, la criolla obtuvo un nuevo puesto en el relanzamiento de Phineas y Ferb. “La verdad es que todo se trata del desenvolvimiento, de cómo le hablas a la gente y las conexiones que tú tienes. Eso es extremadamente importante”.

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Además, el dominio técnico del storyboarding es un requisito indispensable para triunfar en la animación. Nadine describió los retos que implica el proceso y la exigencia que conlleva cumplir con plazos ajustados y altos estándares. Incluso, se requiere flexibilidad para absorber la visión creativa de los directores y reproducir fielmente los modelos de personajes. “Tienes que saber tomar notas de los directores, porque ellos tienen una visión, tienes que poder dibujar los personajes a modelo. Son muchas cosas. Tienes que saber de perspectiva. Uno aprende también con la práctica. Es de darle y darle», detalló.

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Su recorrido artístico no solo ha sido técnico, también se ha ido moldeando con influencias que marcaron sus gustos y estilo visual. Desde sus primeros acercamientos a la animación, el anime abrió puertas a historias con mayor complejidad y madurez. “A mí, honestamente, como que el anime fue lo primero que me introdujo a historias serias. Hay un show que se llama Inuyasha, que aparecía en Cartoon Network After Dark. Me enamoré de ese show por el drama”.

Aunque también la animación francesa se consolidó como un pilar fundamental para ella. “Hoy en día sigue siendo mi favorita. Me encanta. La veo como un medio dentro de la animación, tipo, es como el bebé de la animación japonesa con la animación americana (…) pero sigo creciendo con mi arte profesional, por ahora, sigo buscando mi estilo. Es una mezcla de todo”.

Un vínculo afectivo

Pero para Nadine, la conexión emocional con Phineas y Ferb va más allá de lo profesional. La serie formó parte de la infancia de su hermano menor, quien la vivió con entusiasmo.  Recuerda esas imágenes del pequeño vestido con camisas de Perry, el ornitorrinco, y otros objetos de la franquicia. Saber que ahora ella es parte del relanzamiento le genera una satisfacción especial.

“Lo que más me tocó el corazón y lo que más me emocionó era el hecho de que mi hermanito era parte de la generación que creció con Phineas y Ferb… Me sentí como, :’si ese niñito supiera que su hermana iba a trabajar en el relanzamiento’, no sé, me pareció muy bonito».

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Convertirse en artista de storyboard dentro de una producción de esta envergadura implica un proceso complejo y meticuloso que significa más que un simple dibujo. Nadine explicó que todo inicia con una profunda inmersión en el guion. “Cuando comienzas un episodio nuevo, lo lees, escribes tus preguntas, después hay una reunión donde hablas con los escritores, los creadores, el director y tu compañero de storyboard, y básicamente es el lanzamiento de ese episodio”. Este encuentro inicial funciona como un espacio para despejar dudas, discutir ideas y asegurar que todos comparten la misma visión sobre la narrativa visual.

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Posteriormente, según detalló, inicia la fase creativa: la elaboración de croquis. “Nos dan dos semanas para hacer los croquis, y después se le envía al editor. Ellos hacen una animática que se le muestra a los ejecutivos”. Esa primera versión gráfica recibe feedback en una nueva reunión donde se evalúan detalles como la efectividad de los chistes, la claridad de la historia y cualquier posible ajuste necesario. 

“Después uno de los creadores va y dice qué notas le gusta y cuáles no, y luego reescriben el guion para hacer esas ediciones”. Tras esa revisión, el storyboard pasa a una fase de limpieza más detallada, con un plazo de cuatro semanas para dar forma definitiva a cada dibujo, añadir poses faltantes y preparar el material para la animación. “Uno nunca para porque tan pronto terminas eso ya vas a comenzar otro episodio”.

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De acuerdo con la artista, el mayor reto en esta labor, no se limita a la creación artística, sino a la exigencia técnica y la presión del tiempo. “Creativo como tal no tanto, es más técnico. Con la actuación soy muy buena porque conozco a los personajes demasiado bien, y ese es mi fuerte, la actuación”.

En este sentido, la dificultad radica en contar historias visuales que sean “económicas, divertidas o de acción” respetando los límites temporales de la producción. “También el tiempo, la mayoría de las veces, uno se siente apresurado para terminarlo antes de cierta fecha”. A pesar de las presiones, Nadine declaró que la confianza en sus capacidades a veces fluctúa por la ansiedad, aunque está segura de su lugar en la industria.Sé que uno es talentoso, pero sufro de ansiedad, y eso es algo que algunas veces no puedo controlar, pero sé que estoy allí por una razón, y es porque allí pertenezco”.

Con sello criollo

Su trayectoria en series como Futurama, Los Reyes de la Colina y ahora Phineas y Ferb le ha permitido ampliar su red profesional y sus habilidades. “Cada vez son mejores. No solo porque amplío mis conexiones, mi red de conexión, pero también cada vez voy mejorando”, enfatizó.

Pero admitió que su estilo personal no siempre encajó a la perfección con la estética de algunos shows. “Sé que cuando estaba trabajando en Los Reyes de la Colina, ese estilo me cayó muy bien, porque mi estilo personal no es tan cartoony, tan así comiquita, es más cerca a dibujar un ser humano”. 

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La animación para niños que ahora realiza representa un reto diferente, pero aseguró que disfruta el proceso creativo. “Phineas y Ferb es el primer show de niños en el que trabajo, y me pareció un desafío súper divertido”. La velocidad y cantidad de escenas también demandan mayor volumen y diversidad de dibujos. “Phineas y Ferb, comparado a Los Reyes de la Colina, tiene más acciones, más elementos, es como que va más rápido, entonces hay muchos más dibujos que hacer, muchas escenas, mucho más”.

Cada proyecto trae un aprendizaje distinto, pero Nadine sabe que esas experiencias le permiten afrontar producciones complejas con mayor seguridad y dominio.“Aunque sean episodios más cortos, todos traen un desafío diferente, y eso es lo que me gusta porque quiero poder ser una artista de storyboard completa”. En sus primeros trabajos como en Futurama, el reto era entender la dinámica y aprender los procesos. “Era uno de los primeros shows en el que trabajé, entonces mi desafío era aprender y todo eso, pero me fue bien”. 

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Por otro lado, su identidad venezolana también juega un papel fundamental en su expresión artística, especialmente en la forma en que aborda la actuación visual. “Creo que por eso es que me gusta mucho la actuación. El tiempo de las acciones, porque uno creció con música, y uno es latino, bien expresivo. Se me hace bien fácil esto de la actuación, entonces me ha ayudado bastante”, manifestó.  

Y precisamente, su origen cultural le aporta una sensibilidad particular para dar vida a personajes y escenas, una característica que desea reflejar también en sus proyectos personales. En cierto modo, resaltó que este será un reto interesante que espera explorar en un futuro cercano. “Quiero desarrollar proyectos venezolanos, hasta maracuchos, pero mi desafío es cómo contar la historia de un personaje maracucho. Es algo tan específico, ¿cómo se podría expresar eso a la audiencia internacional?”. 

Una fábrica de historias

Cuando Nadine se describió, eligió palabras que reflejan tanto su carácter como actitud en cada faceta de su vida. Se considera “positiva, trabajadora, testaruda positivamente, porque aquí tienes que darle duro, soñadora y libre”. Sin duda, son adjetivos que resumen la determinación y optimismo que la han impulsado a superar obstáculos y construir una carrera sólida en un entorno competitivo y a su vez exigente.

Respecto a sus planes a futuro, Nadine se muestra pragmática pero con una clara voluntad de crecer y consolidarse. En un panorama de la industria incierto, aspira a mantener su lugar en el equipo de Phineas y Ferb durante varios años más para aprender y perfeccionarse. Paralelamente, ratificó que guarda la ambición de avanzar en sus proyectos personales, especialmente en la creación de historias propias a través del formato cómic.

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 “Quiero empezar a contar mis historias, de esas de las que mencioné, en modelo de cómics. Ya en sí tengo algunos, pero no son así profesionales, sino eran cómics que hice al azar, porque a mí me gusta poder crear sin tener que pensar en el X o Y”.

El proceso experimental resulta vital para su evolución artística. Este camino de ensayo y error es parte de la construcción de un estilo propio y de narrativas con voz auténtica.“Cuando hago esas pruebas visuales con mis cómics, voy aprendiendo: ‘ah, mira, me gustó cómo hice eso, o me gustó cómo hice aquello, o no me gustó eso’. Entonces, experimentar para mí es algo que estoy haciendo, quiero poder practicar más, para después realizar el cómic como tal”. 

Aunque insistió que el proyecto de cómic que tiene en mente aún tomará tiempo en concretarse, la visión y el entusiasmo están presentes. “Estoy comenzando en uno de los cómics serios míos, pero eso no va a salir de una, eso va a llevar rato en estar listo, pero es bastante emocionante”.