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En distintas oportunidades, los actores políticos municipales se han debatido entre dos enfoques contrapuestos acerca del desarrollo de Tocuyito. Por una parte, hay quienes insisten que el problema de nuestra ciudad es su imagen, que como se nos conoce más por la cárcel, por el poco vistoso mercado mayorista o por el clausurado vertedero de basura, entonces estamos mal. Es decir, que el problema parte de cómo nos ven y no lo que somos. Desde esa perspectiva, los problemas de Tocuyito se resumen o resuelven con pintura, con iluminación pública y con la llegada al municipio de una o tres grandes empresas comerciales.
Ese enfoque me parece muy limitado. En principio porque se centra en la proyección de una imagen, a veces muy optimista, equivalente a aquella persona que sin tener que comer o sin tener un techo se preocupa más por su outfit. En Tocuyito podemos tener centros comerciales llamativos, sedes de empresas con renombre, pero condiciones laborales de explotación y bajos salarios, sin centros de educación técnica o superior gratuitos, de calidad y con pertinencia social. El municipio sigue teniendo un gravísimo problema de acceso al agua y el grueso de la población tiene que moverse fuera del municipio para encontrar trabajo y reales oportunidades de estudios. Ciertamente es necesario captar inversiones, pero el imán que las atrae no es la pintura y la iluminación.
En contraste con ese enfoque, considero que el verdadero imán del desarrollo se encuentra en su gente, en los servicios que disfruta y la capacitación que pueda alcanzar. Por ejemplo, el municipio requiere tener un hospital tipo IV, con la capacidad de atender a nuestros casi 300 mil habitantes, requiere tener núcleos universitarios de la Universidad de Carabobo y otras universidades oficiales con una oferta académica congruente con los requerimientos de la economía, debemos promover la instalación de empresas, claro que sí, pero prioritariamente manufactureras, que supongan valor agregado y transformación de materias primas porque son estas las que permiten empleos bien remunerados.
El municipio Libertador tiene 185 kilómetros cuadrados de tierras con vocación agrícola ¿Acaso eso no es importante?, claro que sí. Tan importante como lograr que las vías de penetración agrícola dejen de ser de tierras y finalmente la zona rural conozca el asfalto. El productor debe contar con financiamiento, equipos, acceso a tecnología y capacitación, la familia campesina requiere servicios sanitarios y educativos que les permitan vivir con dignidad y eso, señoras y señores, es mucho más importante que tener al lado de la Plaza Bolívar de Tocuyito un centro comercial prestigioso y tener la cara de concreto para llamar a ese maquillaje “desarrollo”.
Hay que tomar conciencia que las fotos de Instagram y la labor encomiable de un influencer de Tik Tok no son indicadores fiables para medir el desarrollo socioeconómico. Este debate es crucial, es el debate que determinará nuestro rumbo futuro. No todo lo que brilla es oro y de ningún modo podemos seguir cambiando oro por espejos.
Julio Castellanos / [email protected] / @rockypolitica
