
La Culebra, la única isla habitada del Lago de Valencia, en Carabobo, vive su peor crisis ambiental y social. El cuerpo de agua crece en promedio 58 centímetros al año, inundando casas y tierras que antes eran productivas.
Por: Crónica Uno
Mientras que las islas vecinas -Cucaracha, El Horno y La Piedra- están prácticamente desaparecidas, en La Culebra sobreviven apenas unas pocas viviendas, como las de Concepción Vega y Sergio Peña, quienes han visto perderse calles y cultivos bajo el agua sin recibir apoyo gubernamental.
El aumento del lago tiene múltiples causas: lluvias directas y escurridas, filtraciones, y sobre todo el vertimiento de aguas residuales. Según cálculos de ingenieros, cada segundo ingresan seis mil 500 litros de cloacas sin tratamiento, lo que equivale a más de 204 millones de metros cúbicos al año.
Las plantas de tratamiento y canales que antes mitigaban el problema están hoy inoperativos. De mantenerse el ritmo actual, el Lago de Valencia alcanzará los 420 metros sobre el nivel del mar en 2039, un nivel que no se veía desde 1725.
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Para acceder a tierra firme, los mil 118 habitantes de la isla dependen de un terraplén de 1,5 kilómetros que se encuentra en mal estado.
Aunque el chavismo realizó trabajos de recuperación, nunca lo asfaltó, obligando a vehículos y bicicletas a esquivar huecos y fango. Habitantes como Margot Contreras, de 73 años, pagan pasajes costosos para llegar a El Roble, mientras otros deben caminar largas distancias.
Desde 2007, diferentes planes de ingeniería han sido anunciados, como el trasvase de aguas hacia otras cuencas, la construcción de colectores marginales o un túnel de 28 kilómetros hacia el río Tuy. En conjunto, sumaron inversiones multimillonarias, pero ninguna obra se culminó.
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