Estrés crónico: cómo daña al cerebro y aumenta el riesgo de enfermedades graves - LaPatilla.com

Estrés crónico: cómo daña al cerebro y aumenta el riesgo de enfermedades graves

El estrés crónico altera funciones cerebrales y aumenta el riesgo de enfermedades graves, advierten especialistas (Imagen Ilustrativa Infobae)

 

El estrés forma parte de la vida cotidiana y cumple una función biológica esencial: preparar al organismo para afrontar amenazas o desafíos inmediatos. Durante miles de años, esta respuesta contribuyó a la supervivencia humana, al activar mecanismos físicos y mentales que permitían reaccionar de forma rápida y eficaz ante peligros reales. Sin embargo, en el contexto actual, donde la mayoría de las amenazas físicas fueron sustituidas por presiones sociales, laborales y económicas, la activación continua de estos mecanismos puede provocar efectos nocivos en la salud, especialmente en el cerebro.

Por infobae.com





Diversos estudios documentaron que el estrés crónico altera funciones neurológicas claves. Según detalló American Brain Foundation, “cuando una persona percibe una situación como incontrolable o impredecible, el cerebro incrementa la producción de cortisol, una hormona necesaria para regular múltiples procesos”. En cantidades adecuadas, el cortisol contribuye a mantener el equilibrio hormonal, pero su exceso prolongado modifica la expresión de ciertos genes, debilita el sistema inmunitario y reduce la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse a nuevas experiencias y aprender de ellas.

La disminución de la neuroplasticidad limita la capacidad para resolver problemas y afrontar cambios. Además, el estrés prolongado induce procesos inflamatorios que imitan la respuesta a una infección, incluso sin que exista un patógeno. Esta inflamación puede dañar tejidos cerebrales y contribuir al desarrollo de trastornos como ansiedad, depresión o de estrés postraumático (TEPT). La profesora de Psicobiología Carmen Pedraza Benítez y la neurocientífica Margarita Pérez Martín, citadas por la BBC, advirtieron que estos cambios neurobiológicos también se relacionan con el inicio o la aceleración de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

La alteración del sueño es otro factor crítico en la relación entre estrés y cerebro. Conforme a testimonios recogidos por American Brain Foundation, el neurólogo Teshamae Monteith y el psiquiatra Elaine Peskind subrayaron la importancia del sistema glinfático, responsable de eliminar del cerebro proteínas potencialmente tóxicas como la beta-amiloide y la tau. Este sistema funciona de forma más eficiente durante el sueño profundo. La falta de descanso adecuado reduce su actividad y permite la acumulación de desechos, lo que aumenta el riesgo de deterioro cognitivo. Incluso una sola noche de privación de sueño puede elevar los niveles de amiloide en el cerebro, según estudios de neuroimagen.

El impacto del estrés no se limita a enfermedades de curso lento. En el caso del TEPT, por ejemplo, el estrés extremo genera respuestas hormonales anómalas: los niveles de cortisol pueden mantenerse normales en reposo, pero descender en situaciones de tensión, lo que agrava los síntomas. Esta disfunción se asocia con una actividad excesiva en los sistemas cerebrales relacionados con la noradrenalina, otra hormona del estrés. Los tratamientos que bloquean receptores específicos en el cerebro mostraron resultados prometedores para reducir síntomas como pesadillas o alteraciones del sueño vinculadas a traumas.

Otro ejemplo de la influencia del estrés sobre la función neurológica es su relación con la migraña. Investigaciones revisadas por la American Brain Foundation revelan que, aunque el estrés puede no provocar directamente una crisis en el momento, existe un fenómeno llamado “descenso del estrés”, en el cual una reducción repentina de la tensión se asocia a la aparición de ataques. Las personas con migraña parecen procesar los factores estresantes de manera distinta y pueden ser más vulnerables a cambios en el sueño, el metabolismo y la respuesta inmunitaria, lo que facilita la aparición del dolor.

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