"Era mi modo de existencia": Le diagnosticaron un cáncer terminal, se divorció y se acostó con 200 hombres

“Era mi modo de existencia”: Le diagnosticaron un cáncer terminal, se divorció y se acostó con 200 hombres

La verdadera Molly Kochan en la camilla del hospital (Imagen: Facebook)

 

La primera vez que Molly Kochan pronunció la palabra “metástasis” en voz alta, se miró al espejo y pensó que le estaba pasando a otra persona. A los treinta y ocho años, esta mujer enfrentaba una recaída de cáncer de mama con metástasis cerebral. Así la “normalidad” de su matrimonio, las risas compartidas frente al televisor y los paseos vespertinos con el perro pasaron a otro plano. La muerte se asomaba en el horizonte, y el deseo estallaba con una vitalidad inesperada.

Por Infobae





La transformación ocurrió en silencio. El cuerpo que una vez le ofreció certezas se convertía ahora en un territorio de dolor. “¿Cómo vivir cuando sabés que vas a morir?”, le preguntó un día a su mejor amiga. Molly, hasta entonces educadora infantil, esposa y amiga risueña, sintió que la enfermedad invadía sus órganos y su identidad.

El cáncer arrasó con su matrimonio. El divorcio llegó poco después del diagnóstico, con una frialdad de trámite. “No es culpa tuya ni mía — le dijo su esposo mientras firmaban los papeles—. Simplemente, no podemos con esto”. Molly, que aún intentaba aferrarse a la vida, percibió la ruptura como la apertura de un abismo inexplorado.

En ese abismo, una voz incesante exigía respuestas inmediatas: ¿qué hacer con el tiempo que resta cuando ese tiempo es una cuenta regresiva? ¿Qué significa estar viva a las puertas de la muerte?

El sexo, la enfermedad y el pánico al olvido

El texto de su vida viró abruptamente. Lo que vino después fue una exploración brutal —a veces cómica y otras profundamente desgarradora de la sexualidad como último refugio ante el olvido. Molly decidió embarcarse en una odisea sexual con más de doscientos hombres. Usó aplicaciones de citas, anuncios sugestivos y una honestidad radical sobre su enfermedad. “Quería sentirme deseada, libre y presente -repetiría en su relato-. No me importaba si me juzgaban o me llamaban loca. Tenía miedo de salir de este mundo sin haber sentido todo lo que aún podía sentir”.

El relato se despliega en la intimidad compartida a través del podcast “Dying for Sex”, conducido por su amiga Nikki Boyer. Ningún tema se salva. Molly habla de la vergüenza, el deseo, los límites que el cuerpo enfermo desafía, las miradas de extraños sobre sus cicatrices. Pero, ante todo, la urgencia.

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