
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) emitió el pasado mes de junio el Informe Mundial sobre las Drogas 2025, el cual ha sido usado por Nicolás Maduro y sus colaboradores para descartar apresuradamente el papel de Venezuela en las rutas del narcotráfico internacional.
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Sin embargo, el anexo metodológico de dicho informe admite que sus fuentes de información se basan principalmente en datos obtenidos de los cuestionarios de evaluación presentados por los gobiernos a la Unodc. Esto debido a que, según las convenciones internacionales sobre drogas, «los Estados miembros están obligados formalmente a proporcionar anualmente información nacional sobre fiscalización de drogas al secretario general de las Naciones Unidas».
Es decir, el informe está fundamentado casi de forma exclusiva en la información otorgada por los gobiernos de cada país. En el caso venezolano, el texto cita a Carlos Javier Capote, funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), adscrito a la Superintendencia Nacional Antidrogas (Sunad).
Por ende, para el chavismo ha sido muy sencillo ocultar y hasta desvirtuar información al responder el correspondiente cuestionario de evaluación, cuyos datos fueron enviados a una interfaz en línea, creada específicamente para este fin por la Unodc.
Además, esta oficina especializada de la Naciones Unidas reconoció en su informe que inclusive algunos Estados miembros ignoraron la solicitud de datos sobre este tema y sus países quedaron excluidos del análisis.
Asimismo, es importante destacar que «los datos recopilados en el cuestionario de evaluación actual, utilizados en el Informe Mundial sobre las Drogas 2025, normalmente se refieren a la situación de las drogas en 2023», no así para el año en curso.
El chavismo no ha perdido tiempo para fundamentarse en este informe de la Unodc al momento de negar las acusaciones de la justicia estadounidense sobre el Cartel de los Soles.
«Este informe de la Organización de Naciones Unidas no lo escribimos nosotros. Un dato firme: Venezuela, con su superintendencia antinarcótica, con todas sus fuerzas militares y policiales, ha logrado consolidar en los últimos 15 años ser territorio libre de cultivo de hoja de coca, de cultivo de marihuana y de procesamiento de cocaína», comentó Maduro en un discurso televisado.
Diosdado Cabello ha hecho lo propio, al comentar que «uno escucha locuras de gente que dice ‘no, Venezuela es el máximo productor’. Venezuela no produce droga, no lo decimos nosotros, lo dice un informe de la ONU».
Cabello también ha aprovechado desde hace meses su vitrina semanal en la televisora estatal para diseminar tales afirmaciones sin objeción alguna.
Otros funcionarios del chavismo, como Delcy Rodríguez e Yván Gil, también se han suscrito a esta retórica, cuyo único sustento es un informe de la Unodc, limitado a los reportes de las autoridades venezolanas.
Al echarle un vistazo al informe, la situación de Venezuela contrasta escandalosamente con la del resto de sus vecinos en el mapa sobre incautaciones individuales significativas de cocaína en América Latina y el Caribe durante los años 2023 y 2024.
Ejemplo de ello son Colombia, Ecuador, Perú y Brasil, países vecinos que registraron múltiples incautaciones de clorhidrato de cocaína y pasta base de cocaína superiores a los 500 kilogramos. En Venezuela apenas se documentaron poco más de media docena de decomisos de que oscilaban entre 10 y 500 kilogramos.
Guyana, por su parte, quedó excluida del análisis debido a que no aportó datos. Pese a ello, el gobierno del presidente Irfaan Ali recientemente aseguró que la mayoría de los envíos de cocaína a su país eran procedentes de Venezuela.

El estudio de Unodc sobre las rutas aéreas, terrestres, fluviales o marítimas, también desmiente por completo la tesis de que Venezuela no forma parte de la red de narcotráfico internacional de cocaína.
Debido a la información aportada por Colombia, se revela que una gran densidad de drogas pasa desde el vecino país por la frontera hasta territorio venezolano. Lo que no está claro es qué sucede con dicha mercancía ilícita tras su entrada, debido a que las autoridades chavistas no reportaron mayores incautaciones de cocaína.
La cocaína colombiana entra generalmente por vía terrestre o fluvial, pero la mayoría de ella desaparece del radar según los mapas aportados por la Unodc. Apenas se registraron algunos envíos aéreos hacia Estados Unidos, Jamaica o Panamá, y otros tantos traslados marítimos hacia Aruba, Bonaire y Curazao.
No hay rastros en el informe de los presuntos envíos de cocaína desde Venezuela hacia México, Honduras, Guatemala, Nicaragua, República Dominicana o Haití, tal como otras fuentes han reportado en el pasado, incluido el Comando Sur de EEUU.



