
Un equipo de búsqueda en Estados Unidos anunció el hallazgo de los restos del F.J. King, un bergantín goleta hundido en el Lago Michigan hace casi 140 años, según informó The Associated Press.
Por Infobae
Esta embarcación, de tres mástiles y más de 43 metros de eslora, se hundió tras encontrarse con una fuerte tormenta frente a la costa de Wisconsin, en el sector de la península de Door.
La búsqueda persistió durante décadas por parte de arqueólogos y entusiastas de los naufragios, quienes enfrentaron relatos contradictorios sobre el punto exacto donde el barco desapareció en 1886.

El descubrimiento fue comunicado el lunes 15 de septiembre por la Sociedad Histórica de Wisconsin y la Asociación de Arqueología Subacuática de Wisconsin. Ambas entidades confirmaron que el hallazgo fue liderado por Brandon Baillod, investigador especializado en expediciones subacuáticas.
En declaraciones recogidas por AP, Baillod detalló que el F.J. King fue ubicado mediante un escaneo lateral del fondo lacustre a menos de un kilómetro del punto calculado por un farero en el siglo XIX: “unos pocos tuvimos que pellizcarnos para creer que realmente lo habíamos encontrado, y en tan poco tiempo”, expresó el investigador tras la identificación del hallazgo.
Así naufragó el F.J. King
La historia del F.J. King arrastraba una aureola de leyenda entre los exploradores de naufragios. Construido en 1867 en Toledo, Ohio, el barco navegaba la noche del 15 de septiembre de 1886 con una carga de mineral de hierro desde Escanaba, Michigan, rumbo a Chicago.
En cercanías de la península Door, el buque enfrentó olas de hasta 3 metros, que dañaron seriamente su casco. Luego de horas de bombeo continuo, el capitán William Griffin ordenó abandonar la nave cerca de las 2:00 de la madrugada.

El propio Griffin perdió sus documentos oficiales cuando la caseta de popa se desprendió bajo el viento, proyectando sus papeles más de quince metros en el aire, según reconstruyó The Associated Press.

La tripulación del F.J. King logró sobrevivir tras ser rescatada por otra goleta y trasladada al cercano pueblo de Bailey’s Harbor, donde vivían menos de 300 personas. La ubicación precisa del naufragio permaneció sin resolver durante más de un siglo, en parte por las declaraciones encontradas entre el capitán y un farero local.
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