Ángel Montiel: Cuando la sociedad se acostumbra a la "mordida" - LaPatilla.com

Ángel Montiel: Cuando la sociedad se acostumbra a la “mordida”

Es común escuchar que vivimos en tiempos desalentadores. La violencia, la desigualdad y la corrupción son problemas que evidencian un modelo social fallido, un sistema que ha perdido el rumbo en su meta de asegurar la dignidad humana. En esta ocasión, sin embargo, quiero enfocarme en la corrupción, un mal que nos persigue a diario.

La historia nos ha demostrado que erradicar este cáncer de la corrupción por completo es casi imposible. Podemos controlarlo con leyes y discursos políticos, pero extirparlo de raíz es otra historia. El siglo XX nos dejó claro que en los regímenes autoritarios, la corrupción no solo se tolera, sino que se normaliza. Estos gobiernos intentan silenciar los escándalos con una maquinaria de propaganda que se disfrazan de «medios de comunicación», o con leyes que reprimen la crítica, al mejor estilo del propagandista nazi Joseph Goebbels.





En esas sociedades enfermas, “la mordida” como dicen en México se transforma en la regla, no la excepción. Frases como «pa’ los frescos», matraqueo como dicen en Venezuela o «pequeñas aportaciones de autogestión” son parte del paisaje cotidiano en cualquier oficina pública. El soborno se acepta como la única vía para agilizar cualquier trámite, convirtiendo la honestidad en una virtud exótica.

Pero la corrupción no es un problema lejano. Es un cáncer con metástasis que nos devora desde adentro. Como dice el viejo refrán: “En arca abierta, hasta el justo peca”. Sin instituciones que vigilen y controlen, sin transparencia ni rendición de cuentas, la sociedad queda a merced de quienes venden su alma al diablo por dinero.

La lucha contra la corrupción es responsabilidad de todos. Las sociedades que han logrado reducir este mal son aquellas donde los ciudadanos no se quedan callados, donde denuncian y exigen a sus líderes. Son sociedades que han fortalecido sus instituciones democráticas y de control.

El cambio real no viene de arriba, sino de abajo. De cada uno de nosotros. La complacencia es el verdadero enemigo, el que permite que la corrupción siga su curso. Si aspiramos a un futuro donde la honestidad sea la norma, debemos actuar. Es un camino difícil, sí, pero no podemos permitirnos la apatía. Solo con una acción colectiva y decidida podremos extirpar este cáncer que nos consume.

@angelmontielp
[email protected]