![]()
Desde la tribuna de la ONU, Donald Trump lanzó un contundente y decidido ultimátum: «Estamos usando la fuerza del Ejército de Estados Unidos para destruir a los terroristas venezolanos y las redes de narcotráfico lideradas por Nicolás Maduro.»
Sus palabras no necesitan ninguna otra explicación; Trump va con toda su fuerza contra Nicolás Maduro y su banda del Cartel de los Soles.
La tensión en el escenario internacional es clara y contundente, y su mensaje refleja una postura firme frente a un régimen considerado por muchos como una amenaza para la estabilidad regional y mundial.
Durante su intervención en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente de EEUU recordó, además, el enorme costo del narcotráfico y el terrorismo en el mundo.
Son vidas truncadas, familias rotas y comunidades enteras afectadas por la ola de drogas como la cocaína, el fentanilo y la heroína que fluyen desde Venezuela hacia diferentes rincones del planeta.
Trump afirmó que el Cartel de los Soles, bajo la protección del régimen de Maduro, ha convertido calles extranjeras en puntos de entrada del veneno, alimentando la adicción y la violencia en países vecinos y lejanos.
Mientras tanto, en Venezuela, el país sangra por el hambre, el colapso de los servicios públicos, la corrupción, la violación de los derechos humanos, la migración de millones de personas y por el temor constante impuesto por pandillas armadas, como el tristemente célebre Tren de Aragua, que actúan como instrumentos de la criminalidad y la opresión del régimen.
El mandatario estadounidense dejó en claro que la escalada militar no debe tomarse a la ligera, pues no se trata de un acto de agresión sin consecuencias, sino de una medida de justicia contra un Estado y una organización delictiva que ha permitido y protegido la criminalidad organizada y la narcodelincuencia.
Destruir esas redes exige precisión, estrategia y un compromiso firme, para no perjudicar más venezolanos ya devastados por años de violencia, pobreza y represión.
Trump enfatizó que la coalición internacional, encabezada por Estados Unidos, no solo responde a una estrategia militar, sino que también acompaña el clamor de un pueblo venezolano que clama por libertad y justicia.
La indignación de la ciudadanía, que en gran parte se ha visto desplazada y oprimida, impulsa esta nueva fase de acciones.
Venezuela, afirmó, traerá nuevamente la libertad y dejará atrás el oscuro régimen narcoterrorista que no solo ha destruido su economía y su sistema social, sino que también ha saqueado sus riquezas y ha pisoteado la dignidad de sus habitantes y puesto en jaque la estabilidad regional.
Este compromiso internacional representa una esperanza de cambio y renovación, y reafirma la determinación de apoyar a los venezolanos en su lucha contra la opresión y el crimen organizado.
La lucha continúa, y el mundo observa con esperanza cómo se despliega esta confrontación que busca devolver la estabilidad y la paz a una nación que ha sufrido demasiado bajo el peso de un régimen criminal.
La historia está en marcha y Venezuela, con el apoyo de la comunidad internacional, aspira recuperar pronto su soberanía y su destino.
