Habrá paz, por Abraham Sequeda - LaPatilla.com

Habrá paz, por Abraham Sequeda

La reciente elevación de figuras venerables simboliza el despertar de una esperanza en la población, que exige justicia y el fin de un ciclo ominoso. Estos acontecimientos han marcado un hito en el campo espiritual del país.

Esta esperanza no se traduce en la población como una resignación pasiva ante repetidos fracasos, traiciones y engaños, sino como la firme convicción de que un nuevo ciclo de justicia y prosperidad está por comenzar.





Es innegable que la víspera de los días de paz y seguridad será ardua. Exigirá una fortaleza que supere el entendimiento, para evitar que los corazones se acobarden o se rindan ante la adversidad. Por ello, quien aspire a construir y gozar de esos días felices, debe asumir una responsabilidad individual y cívica: evitar la confusión y tentaciones de debilidad, permaneciendo firme en la verdad y la confianza ante el logro ciudadano.

La paz llegará cuando todos los que han sido arquitectos de la desolación y la corrupción se hayan retirado. Hoy, las manos que pretenden extenderse para seguir en el poder no son de apoyo, sino garras crueles y frías que solo buscan perpetuar un sistema egoísta.

Pero al no haber argumentación para esta crueldad, incluso si la causa de los opresores se pretendiese fuerte, carece de legitimidad para gobernar cuando su único propósito es someter a los justos para su propio beneficio. La paz solo se hará realidad cuando la maldad sea totalmente erradicada y la libertad reine en este suelo.

Los ciudadanos hastiados se han levantado. Han hablado en nombre de los que están, de los que se fueron y de los que ya no pueden defenderse. Inspirados en antepasados ilustres, han decidido que no necesitan lamer la mano ni tomar las migajas de aquellos que han engañado. La voz del opresor ha perdido su poder, y aunque el temor persiste, el despertar ha sido inminente.

Estos ciudadanos han despertado sobresaltados de una larga pesadilla, de un recorrido áspero y extenso que ha sido suficiente. Ahora, sus voces proclaman la paz al son de la música de su propia liberación.

Habrá paz, cuando los armadores tenebrosos y los corruptores de corazones, que pretendían entregar la vida de toda una nación, se hayan ido.

ABRAHAM SEQUEDA @abrahamsequeda