
Claudia Ahrens dominaba el arte del combate bajo la misma pasión con la que aborda un lienzo. Durante años, su vida giró en torno a una disciplina rigurosa, la técnica precisa y la energía explosiva del judo de alto rendimiento. Hoy, esa misma fuerza se reinventa y captura la belleza de un país a miles de kilómetros: Venezuela. La artista germana, radicada en Berlín, cambió el judogi por los pinceles, pero la intensidad de su método permanece intacta en una batalla de pigmentos que busca plasmar el alma de los barrios caraqueños y la luz del Caribe.
La precisión que adoptó del deporte da paso a la fluidez del color en sus cuadros, un proceso creativo impregnado de inspiración y emociones. La autenticidad de la gastronomía criolla, el envolvente ritmo del tambor, y la calidez que encontró en los venezolanos, la conquistó desde el primer momento y la llevó a plasmar su conexión cultural en muchas de sus pinturas. Así, su historia es un recorrido inesperado entre dos mundos que parecían distantes, pero convergen con una armonía inesperada que expresa en cada una de sus obras.
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El vínculo entre sus dos pasiones, aunque disímiles en apariencia, es profundo. Ahrens no reniega de su pasado, lo toma como impulso para expandir su faceta. «El judo es un deporte muy explosivo y con mucha energía. Muchas veces las cosas salen del instinto, del momento. Y así pinto también, mis colores y mis líneas tienen esa misma fuerza, todo nace del sentimiento. La diferencia es que ahora puedo decidir libremente a dónde viajo y cuándo pinto. Ya no hay horarios ni reglas como en el deporte; ahora todo fluye a mi ritmo”.

Claudia confesó a La Patilla que pinta “desde siempre”. Sin embargo, el vacío que dejó el deporte de élite le permitió esa transición de libertad absoluta y el arte comenzó a ocupar un espacio central en su vida. Al colgar el cinturón, comenzó a recorrer el mundo. Con más tiempo y menos presión, su enfoque sobre el lienzo se agudizó. El momento decisivo ocurrió en un viaje a Colombia en 2020.
«Decidí mostrar mis obras. Vi que a la gente le gustaba mucho, y poco después tuve mis primeros compradores y también invitaciones a exposiciones. Fue ahí cuando sentí que el arte podía ser mi nuevo camino».

El deporte exige una precisión milimétrica, mientras que el arte celebra la espontaneidad. Y Claudia navega en ambos mundos. La artista alemana matizó que el rigor no desaparece, solo se transforma. Es un equilibrio que define su método, una estructura heredada del judo para las formas, y una intuición explosiva para el color.
“La verdad, para mí fue en muchos sentidos una gran liberación. Muchos artistas somos personas que amamos la libertad, y cuando hay demasiadas reglas o estructuras, cuesta expresarse de verdad. Pero también en el arte existe la precisión. Cuando pinto, tengo una imagen en la cabeza y quiero plasmarla lo mejor posible; para eso también hace falta precisión”.
Un país que inspira
Ahrens encontró un hogar inesperado en Venezuela y durante su estadía en Lechería, estado Anzoátegui, se dedicó a pintar y a compartir su visión. Fundó un pequeño espacio para talleres bajo un concepto revelador: Relajar tu Alma. “La idea de esos talleres era simplemente relajarse, no hacía falta tener conocimientos de pintura. Quería que las personas pudieran desconectarse un poco del día a día y sentirse libres. Por eso nació el concepto de ‘Relajar tu Alma’ porque se trata de darle un respiro al alma a través del arte”

Su primera visita a Venezuela ocurrió en 2023, y aseguró que el impacto fue inmediato. Se interesó en conocer más allá de los lugares turísticos, se adentró en los barrios populares del país y convivió con la comunidad de manera cercana. Aquella conexión la cautivó y al mismo tiempo la impulsó a explorar más allá de los circuitos convencionales. Sin saberlo, esa etapa marcaría el inicio de una inspiración sin límites que ahora expresa en muchas de sus obras. “Venezuela me conquistó desde el primer momento. Viví allí varios meses y me sentí muy bienvenida por la gente, por los colores y la alegría que se respira en todas partes”.

“En general, he viajado mucho por América Latina y siempre me ha inspirado su energía y vitalidad. Me interesan especialmente los lugares auténticos, así que no solo visité zonas turísticas o acomodadas, sino también barrios con mala reputación o con problemas, como Petare. Lo que siempre me llama la atención es que la gente de estos barrios suele ser muy cálida y amable, muchas veces más que en zonas más acomodadas. Por eso me gusta darles mucho color en mis cuadros, como una forma de expresar la alegría de vivir que hay a pesar de las dificultades”, añadió.

Por otro lado, la artista europea afirmó que la autenticidad que envuelve a Venezuela la sorprendió. «No está saturada de turistas ni hay un Starbucks en cada esquina, en cambio, se compra una chicha tradicional en la calle. Todavía se pueden encontrar lugares genuinos y llenos de vida. Además, me impresionó la enorme diversidad de la naturaleza: selva, montañas, desierto y el Caribe, todo en un mismo país. Allí pude ver por primera vez en libertad animales salvajes como serpientes o guacamayos, y eso también me inspiró a empezar a pintar animales tropicales”.

Pero Ahrens no se limitó a observar; se dedicó también a escuchar, probar y sentir nuestra cultura. «En Venezuela descubrí la música de tambor, que me fascinó bastante. Me encanta su ritmo y la energía que transmite, es imposible no dejarse llevar por esos sonidos». Asimismo, la gastronomía dejó una huella indeleble en su corazón. «Me enamoré de la cachapa, ese sabor dulce y salado a la vez, tan típico del país».

No obstante, el factor humano fue más determinante para ella. “Lo que más me marcó fue la gente. Los venezolanos me recibieron con una gran apertura y calidez, siempre con una sonrisa y una actitud positiva. Al mismo tiempo, me sorprendió su forma respetuosa de relacionarse. Esa combinación de cercanía y respeto me hizo sentir muy bienvenida y conectada con su cultura”, dijo.
“El color es el alma de todo”
Su estilo, que ella misma denomina «Comic Style», es el vehículo perfecto para esa expresión. Su obra es una tríada de humor, sensualidad y, sobre todo, color. «El humor me permite mirar el mundo con ligereza, sin perder la profundidad. Me gusta observar todo con los ojos de una niña, con curiosidad y asombro, porque así encuentro belleza incluso en los detalles más simples o inesperados. Esa mirada infantil me da libertad y frescura, y por eso el humor tiene un papel tan importante en mi trabajo», detalló.

Por esta razón, Ahrens no busca el realismo fotográfico; espera reflejar un mensaje especial. «No me interesa reproducir la realidad tal como es, sino transmitir la emoción que ese momento me dejó. Quiero que el espectador perciba la calidez, la luz, el movimiento del aire o la energía de un lugar. Pinto lo que me tocó el corazón, y busco que esa sensación llegue también a quien observa la obra”.
“El color es el alma de todo y la fuerza que da vida a mis cuadros. A través del color expreso la energía, la emoción y la vitalidad de cada sitio. El color impulsa la obra, le da carácter y potencia. Quiero que quien la mire no solo vea el lugar, sino que lo sienta con la misma intensidad con la que yo lo viví”, agregó.

Ahora, el eco de su trabajo trasciende fuera de Alemania. «En España, la gente parece conectar mucho con mi estilo colorido y los temas urbanos que retrato. En Noruega ha sido fascinante ver cómo mi manera de usar el color y la forma despierta interés, porque allí están abiertos a nuevas perspectivas en el arte contemporáneo. Es increíble ver que mis pinturas se sienten y se entienden más allá de las fronteras”.

Destacó que viajar le ha permitido conocer lugares donde la gente vive bien, pero también sitios donde tienen mucho menos. “Como alemana, sé que es un privilegio haber crecido en un país con estabilidad financiera y seguridad. He aprendido que vivir de manera segura es un lujo enorme, algo que muchos olvidan. Por eso valoro mucho las pequeñas cosas de la vida, y eso lo reflejo en mi arte. Intento transmitir la alegría de vivir que encuentro en las personas y en los lugares que visito, porque creo que la vida es hermosa, y mis colores buscan hacer feliz a quien los contempla”.
De momento, el futuro inmediato de Claudia tiene un nuevo foco de atención. «Hace un año y medio me convertí en madre y todavía tengo muchos proyectos pendientes. Sin embargo, mi hijo ocupa mi primera prioridad». Pero la conexión con el Caribe permanece latente, y los planes de regresar están sobre la mesa. El país aún guarda secretos para su paleta de colores. «Cuando el tiempo me lo permita, me gustaría seguir conociendo más partes de Venezuela. Uno de mis sueños es ver y pintar el Salto Ángel».
