William Anseume: Aquellas ni tan añejas dictaduras - LaPatilla.com

William Anseume: Aquellas ni tan añejas dictaduras

Sin mucho indagar directamente sobre libros de historia, las dictaduras, especialmente militares, ¿verdad?, siempre estuvieron presentes como un recordatorio social y, desde luego, político altamente negativo, en lo que ahora sabemos que se conoce más técnicamente como memoria colectiva. Esto no es para nada justificación alguna, no enreden.

Por ejemplo, en mis estudios escolares en la Francisco Pimentel, recordar a Gómez era obligante. Sin saber siquiera lo que significaba una dictadura. Ni entender, obviamente, lo marcante que fue para 27 años de poder la ciudad de Maracay, de la que conocíamos en la niñez la rica mantequilla de un lactuario del mismo nombre que la capital de estado y donde tal vez en alguna oportunidad fuimos a degustar quesillo con mi papá en su carro o en vehiculo ajeno, prestado, no enreden.





Gómez era la antítesis del poeta que servía para denominar a nuestra fabulosa, ahora entiendo, más que fabulosa, escuela y su experimentalidad educativa. Por cierto, ¿qué habrá pasado con el cuadro de Tito Salas que allí hubo en aquel tiempo, ese que no estuvo cuando acudí al grupo escolar la última vez que fui, después de viejo? Recordatorio cuadro de la procedencia de nuestra cuasi sacra militaridad también. Allí Alicia Pietri de Caldera, la primera dama, entregaba juguetes y daba cuenta del cambio extraordinario a la democracia que había vivido nuestra sociedad. Tiempos idos.

En fin, mi abuelo solía rememorar en su bodega, o leyendo el periódico, en físico, no enreden, el bloqueo de los barcos europeos cobrándole la deuda a otro dictador, herededero de los caudillos decimonónicos. Ya en la adolescencia uno podía fácilmente preguntarse que tenía que ver Castro con Páez, del último había un recordatorio necesariamente mayor, con estatuas y avenidas como la de El Paraíso. Del otro, en cambio, muy vagos recuerdos hechos por el abuelo, acaso. ¿Por qué?

De Guzmán Blanco nos contaban en tiempos escolares de la monumental persecución a la iglesia. Todo era borroso. Se veía exageradamente lucido en los libros, como un influencer de la época, felizmente extraviada. Y queda la marca perenne de su afrancesamiento. Esto para quienes deseen extralimitarse en defender asuntos vinculados a la soberbia soberanía y al soberano, sobre todo.

A todas estas, no sé por cual razón se me ocurre revivir estos actos memoriosos, replantear estos recuerdos tibios de las dictaduras venezolanas, algunas, y sus militares. No sé. No enreden.