
Sentir ira es una experiencia común y universal, con profundas raíces biológicas y sociales. Esta emoción, tan antigua como la humanidad, puede tener consecuencias negativas en la salud física y mental si no se gestiona de manera adecuada.
Por infobae.com
La ira no solo afecta el bienestar individual, sino que también puede desencadenar problemas sociales y de salud, desde conflictos interpersonales hasta un mayor riesgo de enfermedades cardíacas. Frente a este desafío, expertos internacionales han identificado seis estrategias prácticas y respaldadas científicamente para el control de la ira.
1- Reducir la excitación fisiológica que acompaña a la ira
Brad Bushman, profesor de comunicación en la Universidad Estatal de Ohio, explicó a la Revista Time que la creencia popular de “desahogar” la ira, por ejemplo, gritando o golpeando objetos, resulta contraproducente, en verdad, no es efectivo. “Cuando desahogas tu ira o te desahogas, simplemente gritas, chillas, pateas, golpeas, lo que sea, y eso mantiene altos los niveles de excitación. Es como usar gasolina para apagar un incendio: alimentas la llama”, advirtió.
En lugar de ello, Bushman recomienda técnicas de relajación como la respiración profunda, la meditación, el yoga o la relajación muscular progresiva para disminuir la activación corporal. Esta perspectiva es compartida por Bertrand Regader, Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona, con especialidad en Psicología Educativa, en un artículo de la revista Psicología y Mente, quien subrayó que la relajación es la mejor manera de prevenir los ataques de ira y sugirió métodos como el mindfulness, tomar un baño caliente o realizar actividades que induzcan un estado de calma.
2- Alejarse de la situación que provoca ira
Tony Fiore, psicólogo y autor citado por la Revista Time, sostuvo que tomarse un tiempo de descanso puede transformar la manera en que se afronta el conflicto. “A veces, alejarse durante 10 minutos, una hora o un par de horas, cambia drásticamente las cosas cuando regresas”, señaló. Este periodo de pausa permite reflexionar y decidir cómo responder con serenidad, en vez de reaccionar impulsivamente. Regader, por su parte, coincide en la importancia de evitar la acumulación de ira y recomendó afrontar los problemas con asertividad y control, en lugar de dejar que el enfado crezca hasta explotar.
3- La técnica 30-30-30
Para quienes buscan una intervención práctica, puede ser eficaz la llamada técnica 30-30-30, desarrollada por Laura Beth Moss, supervisora de la Asociación Nacional para el Manejo de la Ira. Este método consiste en tres pasos: dedicar 30 segundos a desconectarse de la situación (por ejemplo, saliendo de la habitación), otros 30 segundos a realizar una actividad diferente que distraiga la mente, y los últimos 30 segundos a formular una frase de afrontamiento que ayude a replantear el problema.
Moss sugirió, por ejemplo, transformar pensamientos agresivos en reflexiones más objetivas sobre la situación.
4- El autoanálisis y el registro de episodios de ira
Moss, citada por la Revista Time, aconsejó llevar un diario en el que se anoten las situaciones que provocan ira, las emociones experimentadas y las reacciones adoptadas. Este ejercicio permite identificar patrones y causas recurrentes, facilitando el diseño de estrategias personalizadas para responder a los desencadenantes. Regader, por su parte, respaldó este enfoque, al señalar que tomar conciencia de las causas de la ira y reflexionar sobre las consecuencias de las propias reacciones ayuda a racionalizar los impulsos y a relativizar los eventos que generan malestar.
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