De las aulas a liderar un negocio exitoso: Maestra venezolana llevó lo mejor del sabor zuliano a Florida

De las aulas a liderar un negocio exitoso: Maestra venezolana llevó lo mejor del sabor zuliano a Florida

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La maestra venezolana María Morán dejó hace cuatro años las aulas de preescolar en su país natal para arrancar una nueva vida en suelo estadounidense. Hoy, radicada en Kissimmee, dirige su food truck llamado Bijao, especializado en recetas zulianas tradicionales donde el maíz pilado es el protagonista. 

Pero la ruta que la llevó a plantar un negocio próspero tuvo sus toques amargos. Después de cruzar fronteras y pasar más de un mes detenida por ICE, hizo de la resiliencia su mejor ingrediente de fortaleza para empezar de cero. Descubre cómo este tráiler de color gris y letras verdes se hizo viral con su auténtica comida en Florida.





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Antes de emprender en el mundo gastronómico, María trabajaba entre colores y cuentos infantiles en un preescolar en Venezuela. Ejerció la docencia durante siete años, una vocación que amaba, pero que se fue desmoronando por un exceso de impotencia al enfrentar una realidad que la superaba. Por ello, la crudeza de su entorno la empujó a una decisión drástica.

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Envuelta en preocupaciones, decidió tomar otro rumbo para buscar mejores ingresos. “Lo que me motivó fue la situación del país. El sueldo no alcanzaba y todo era muy difícil. Me dolía ver tanta necesidad en el pueblo: los niños iban a la escuela sin comida, sin uniformes, sin útiles. Ver todo eso me afectó tanto que dejé de ir a la escuela, me sentía frustrada y con mucha impotencia”, relató la zuliana a La Patilla.

Ese acto de renuncia fue el primer paso de una travesía impredecible que inició hace cuatro años. Actualmente, radicada en Kissimmee, Florida, logró transformar esa frustración en un negocio exitoso que funciona como una embajada de sabores de su natal La Cañada de Urdaneta. Sin embargo, el camino para establecerse no fue sencillo; implicó cruzar una ruta terrestre que se volvió una cicatriz en la diáspora, la misma que a más de 8 millones de venezolanos les ha tocado vivir. «Viajé desde Venezuela a Colombia, luego a México, y finalmente crucé la frontera. Estuve un mes y medio detenida por ICE».

El plan en marcha

El aterrizaje en esa nueva realidad fue abrupto, un despertar que comenzó tras el encierro. «El primer mes y medio estuve detenida en Texas. Era una prisión, aunque solo había inmigrantes, no delincuentes”. Al ser liberada, el reencuentro con su hermano en Florida , a quien tenía años sin ver, fue un bálsamo que duró poco, pues la urgencia por encontrar empleo se impuso de inmediato. «Descansé uno o dos días y enseguida empecé a trabajar sin parar, sin saber ni qué día era, solo enfocada en salir adelante, pagar mis deudas y tener mis cosas».

Más allá del extenuante ritmo laboral, el verdadero desafío fue descifrar los códigos de una sociedad que no conocía, donde la independencia básica se convirtió en una travesía cuesta arriba. «Lo más difícil fue adaptarme a una vida completamente diferente. Nunca había manejado y tuve que aprender desde cero, hasta entender las señales del tráfico», explicó. «Los supermercados me parecían enormes, todo me resultaba nuevo. También me costó acostumbrarme a los pagos y las reglas del sistema, porque aquí todo es muy distinto. Muchas cosas uno las aprende a golpes, porque no crecimos en este país y al principio todo se siente inmenso».

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La solución a esa desorientación, y la semilla del futuro negocio, no provinieron de un manual de emprendimiento, sino de la tradición familiar. La gastronomía siempre había sido el pilar de su hogar, y la llegada de su madre a Estados Unidos fue el catalizador que activó esa memoria gustativa. «Mi mamá siempre ha sido una gran cocinera de comida tradicional, reconocida en el pueblo por sus bollos, pastelitos, dulces y comida casera. Cuando llegó a Estados Unidos hace tres años, empezamos a vender bollitos. Yo tenía la idea desde antes, pero mi trabajo no me lo permitía. Con su ayuda, todo comenzó».

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El impulso fue también una respuesta directa a una necesidad palpable en la diáspora. María detectó un vacío que nadie estaba llenando, una nostalgia colectiva por sabores muy específicos que el mercado no ofrecía. «Aquí no se encontraba nuestra comida, y mucha gente del pueblo decía que extrañaba la sazón del pueblo». 

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«La gastronomía de mi pueblo es muy rica y única: empanadas de maíz, bollos, arroz de maíz con coco y carne mechada. Quiero que todos puedan conocer y probar esa sazón que nos distingue», agregó.

La clave de Bijao

Así nació Bijao. El nombre mismo es un recuerdo a la geografía y al sabor de nuestra tierra. «Bijao es una planta que crece en el sur del lago, en Santa Bárbara, estado Zulia. Sus hojas se utilizan para envolver hallacas, bollos y otros platos típicos de la región. No sé si crece en otras partes del país, pero sé que se da en zonas húmedas. La hoja de bijao tiene un aroma muy particular que nos recuerda la Navidad y mantiene viva nuestra tradición», detalló Morán.

Mantener esa tradición implicaba un compromiso innegociable con el maíz pilado. Aunque es un método laborioso que muchos evitan, para ella es la única forma correcta de hacer sus platillos. «Elegí trabajar con maíz porque en mi pueblo la empanada de maíz pilado es la tradicional. Las de maíz pilado requieren más trabajo y esfuerzo, mientras que las de harina de maíz son más fáciles y se hacen en casa. En los comercios del municipio se venden las de maíz pilado, no las de harina».

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El resultado de ese compromiso es un menú que funciona como un mapa del Sur del Lago, ejecutado por un equipo que es pura sinergia familiar. El sabor no se delega a extraños; se mantiene en el núcleo. «Tengo un equipo muy importante. En la cocina están mi mamá y mi tía Adra, que conocen todas las recetas y cada detalle del proceso», afirmó con orgullo. Del mismo modo, el engranaje de Bijao recae en otra persona clave. «Mi esposo es mi mano derecha en la parte operativa: se encarga del mantenimiento, las compras, las cuentas, los pagos, la logística del tráiler y todo lo relacionado con el área técnica».

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María destacó que Bijao se diferencia de otros emprendimientos en un mercado saturado por su autenticidad y calidad. «Lo que nos distingue es que mantenemos viva la tradición. Todo lo hacemos 100 % orgánico, sin atajos, con el mismo sabor de casa. Cada receta pasa por muchas pruebas, escuchamos a nuestros clientes y a la familia, y siempre buscamos que cada plato conserve el sabor original de nuestro pueblo».

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Ese sabor original se materializó en un menú corto pero sustancioso, centrado en los pilares de la cocina de La Cañada de Urdaneta. «Las empanadas de maíz 100 %, con un toque dulce que al mezclarse con el guiso salado crean una explosión de sabores». A ellas se suman las recetas más complejas como «los bollos rellenos envueltos en hoja, típicos de La Cañada de Urdaneta, con rellenos tradicionales de puerco o de pescado, con leche de coco o sin ella».

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Pero hubo un platillo que se convirtió en todo un fenómeno en Florida y dejó a muchos asombrados. «El arroz de maíz, que no lleva arroz, está hecho con maíz, coco, leche de coco, carne mechada y verduras», detalló. «Tradicionalmente se preparaba con hicotea para Semana Santa, igual que los bollos de pescado para la misma época. Son los tres platos más representativos de nuestro menú».

“Nunca olvidar de dónde venimos”

Lograr replicar exactamente esos sabores en Florida fue un desafío que requirió mucho tiempo de calibración y paciencia. «Estuvimos probando todos los ingredientes que se parecían a los de allá, porque aquí muchos tienen otro nombre. Así, probando y probando, fuimos ajustando y mejorando las recetas. Además, muchos productos latinos ya se encuentran disponibles aquí en Florida y eso nos ayudó muchísimo».

La respuesta del público fue la validación de que tomar el camino difícil valió la pena. Aunque el food truck es un imán para la diáspora zuliana, la sazón de Bijao demostró ser apetecible para todos los paladares. «Tenemos una gran cantidad de clientes de otros países, sobre todo de Puerto Rico y República Dominicana, que son los que más nos visitan. También llegan mexicanos, cubanos y algunos americanos que se animan a probar nuestros productos y terminan encantados».

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Esa conexión es la mayor recompensa para María. Cada plato vendido es una victoria cultural que la conecta nuevamente con la vocación de servir que la crisis en Venezuela le arrebató. «Siento mucha alegría y orgullo. Me hace feliz ver que nuestra Cañada de Urdaneta es reconocida por su gastronomía y que, a través de nuestros sabores, la gente puede recordar su tierra».

No obstante, el camino para establecer el negocio estuvo lleno de varios obstáculos invisibles que enfrenta el inmigrante. Más allá de la cocina, la batalla ha sido contra la burocracia. «Lo más difícil ha sido adaptarme al sistema, porque todo funciona diferente a lo que conocíamos en Venezuela. Hay muchos procesos, normas y trámites que uno va aprendiendo con el tiempo. También, como inmigrante, a veces es más complicado acceder a créditos o financiamiento para crecer. Gracias a Dios, en 2024 logramos sacar el tráiler a tiempo, y eso fue un gran paso para seguir avanzando», admitió Morán.

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Y ese tráiler es solo la primera parada de una visión ambiciosa. Su objetivo es consolidarse y expandirse. «Tenemos planes de crecer y de tener un negocio cada vez más grande, hasta donde Dios nos lo permita. Queremos seguir avanzando, darlo todo y, en un futuro, contar con un local fijo y una empresa de producción que nos permita llevar nuestros productos a más personas».

La impotencia que sacó a María de Venezuela se transformó en un motor para exponer lo mejor del pueblo donde creció. Su consejo para otras mujeres que enfrentan el desarraigo nace de esa metamorfosis, un mensaje que valora la resiliencia por encima de cualquier adversidad. «Que disfruten cada momento, tanto los buenos como los difíciles, porque en los momentos de tristeza también se aprende y se crece. Siempre hay que mantener la calma, pensar en el mañana y seguir adelante luchando por lo que queremos».

Ese «seguir adelante» es, para ella, un acto inseparable de la gratitud y la identidad. Bijao es la materialización de su lección más determinante, una que aplica a sus recetas y a la vida. «También es importante valorar a las personas que nos apoyan, que trabajan y luchan con nosotros, que están allí en cada paso del camino. Y, sobre todo, nunca olvidar de dónde venimos. Nuestras raíces son lo que nos define, y debemos mantenerlas vivas, sin aparentar algo que no somos».