
El origen de esta idea se lo debemos a los evangelios de Nuestro Señor Jesucristo, quien señalaba, en uno de sus pasajes, que cuando vemos subir una nube por el poniente asumimos que va a llover y cuando soplan los vientos del sur advertimos que viene una ola de calor. Estos ejemplos evidencian el contraste entre saber interpretar los signos de la tierra y el cielo y la incapacidad de saber interpretar el tiempo presente.
Procederemos a poner bajo la luz lo que se está moviendo en las profundidades y mediante el discernimiento dar cuenta de las crisis, los anhelos y hacia dónde se dirige esta civilización.
Sobre el cambio climático, diremos que la tierra gime de dolor por el abuso del hombre, pero a la vez surge una conciencia ecológica y espiritual que está reflejada en la encíclica del papa Francisco “Laudato Sí”. El desafío es avanzar en el dominio del hombre en comunión con la creación. El beneficio económico debe tener como límite el bien común. No hemos aprendido a respetarla. El bien común es de todos, como la extensión de uno mismo. Exige el reconocimiento mutuo y la práctica de la ética de la corresponsabilidad. Aquí tenemos el reto acabar con la barbaridad de actuaciones irregulares de todo tipo en el manejo del Arco Minero. Otra de nuestras aspiraciones profundas es volver al mantenimiento predictivo y correctivo de los equipos y cumplir con los protocolos y estándares de operación de las industrias y empresas de servicio.
Otro signo son las migraciones y desigualdades. En el mundo se observan desplazamientos masivos, fronteras cerradas y brechas entre ricos y pobres.
Los migrantes son vivas pruebas del desequilibrio global y consecuencia de los autoritarismos. El mundo padece una fragmentación moral y emocional.
Las aspiraciones subterráneas van surgiendo con claridad y apuntan hacia la urgencia de reconstruir el tejido social desde los fundamentos de la verdad, la justicia y la solidaridad real.
El uso acrítico de la inteligencia artificial y las redes sociales es otro signo de los tiempos. A la par que la tecnología ofrece progreso y conexión, trae aparejado aislamiento, superficialidad y manipulación. La aspiración profunda es no dejarse instrumentalizar para ser utilizado como simple medio para aprovechamiento de intereses particulares, políticos o económicos, con desmedro de nuestra voluntad, el bien común y nuestra dignidad.
Apostamos a la formación de una conciencia crítica que se traduzca en una conciencia ciudadana activa, el ser humano necesita trascendencia y propósito.
Cuando las democracias cumplieron con los programas y reivindicaciones, el comunismo quedó sin discurso. Se tuvo que inventar la filosofía woke, que reduce al ser humano a un mero instrumento de los autoritarismos.
Si pegamos el tímpano a lo que se está moviendo en lo profundo y escrutamos con mirada honda, descubrimos los sentimientos, corrientes y aspiraciones que revelan el anhelo de volver a los valores universales y de acercarnos de nuevo a Dios. De contar con sólidas instituciones democráticas que hagan posible al ser humano vivir una vida digna de ser vivida.
¡Libertad para los presos políticos!
