En los pergaminos de nuestra primera Escuela de Economía de la UCV, se desvela aún la pregunta que de vez en cuando reaparece en escritos como éste, cotorreos de sobremesa o tesis de grado y hasta de doctorado. (Por cierto y de paso: buena esa de anoche magallaneros!)
Es un tema importante porque nos acusa a todos los venezolanos y aturde la conciencia y la búsqueda de la identidad de todos los compatriotas y de los venezolanistas y venezolanologos del exterior.
La formulación es incluso anticuada, ya que alude a que la riqueza se genera en la agricultura. Y está sembrada en la conciencia económica de todos los venezolanos, que suelen pensar, al tener un ahorro mal remunerado, en adquirir unas tierras para sembrar y criar animales y hasta blanquear pecadillos.
Pero los primeros cien años del primer barril y su pozo, ya se cumplieron y nos encontramos en la miseria. Patético al extremo, cuando los clientes que más se han beneficiado con nuestro profuso oro negro, están deportando hoy a más de 300 mil compatriotas, que trabajan y pagan impuestos en USA. Nuestro economista más prolífico se hizo célebre, llamando a este tipo de problemas: Paradojas venezolanas. Un ocurrente condiscípulo, muy creativo y cervecero, hacía un retruécano con la frase de DF(así le decíamos en la escuela al venerable Maza) y mudaba la expresión a Parajodas venezolanas. Jodedorcito el colega!
La respuesta nuestra es: sí lo hicimos!Lo sembramos de muchas maneras y lo cosechamos full. Educación, sanidad, infraestructura, productos, empresas, nuevas clases sociales, ciudades y pueblos, barrios y cinturones de miseria están hoy en el país y en el mundo en las más diversas empresas de vida, chateando y luchando.
Ojo aquí! Qué esa siembra y sus cosechas se han perdido. Eso es un amplio y variado conjunto de temas, problemas, casos, proyectos y opciones, que se juntarían en una respuesta responsable. Muchas cosas han ocurrido y están sucediendo como producto del “petrolariado”que brotó de esos pozos y sus barriles. Un nuevo país que hoy amanece con los pelos de punta por un explosivo y enervante TPS agotado y agobiante, nos enfrenta a una pregunta del abuelo Shakespeare ¿Somos o no somos? y a un desafío existencial y nacional
¿Qué hacer? Con ese título de una novela, un líder ruso formuló y llevó a cabo una histórica, histriónica y dolorosa revolución que terminó en historietas. Lo que queda como cosecha cultivada es una gran cultura. Una realidad a veces muda y un discurso que riega las redes. Se trata de un nuevo ciclo luego del siglo petroliario. Ya comenzó, de muchas formas, menesterosas unas, mejores otras.
Éxitos que nos inspiran y luchas que salvan familias. Nos queda un contingente de capital humano, pobreza social y menesteres a forjar; de supervivencia, peregrinación, creación y reconstrucción. Somos las haciendas y los conucos con gran poder, retos y enredos en redes. Hay que echarle un cerro: Vayaló!

