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De prioridades, temas inminentes y planes de reconstrucción está ricamente poblada la imaginación de muchos venezolanos. Las reivindicaciones de todo tipo y la necesidad creciente de impartir justicia, son también escenarios que se presentan en la misma medida. Y ¿por dónde comenzar?, ¿será una tarea fácil, de poco tiempo?
De esta introducción solo haría falta la lista de necesidades, que generalmente se refiere a aquellas críticas para mantener la vida, es decir, los servicios sanitarios incluyendo los medicamentos, la alimentación; y como petición histórica: un aumento de sueldos.
Pero Venezuela tiene por delante retos mucho más complejos y variados que ofrecer caudales de recursos económicos, porque siendo un proceso mediato, en realidad no guarda relación directa con el restablecimiento de los derechos fundamentales.
Los problemas pueden considerarse estructurales (raíz) que dan origen a otros problemas que son la forma en que se evidencian en la población (síntomas), afectando tanto la cohesión ciudadana como la capacidad productiva del país.
Al reconocer como síntomas y signos, ciertas evidencias que dan cuenta de la condición de este país, como un cuerpo humano, se pueden hallar ejemplos reveladores. Por citar dos solamente: las pensiones (a los adultos mayores/jubilados) y las condiciones sanitarias.
El reto, de acuerdo al interés del título que impulsa esta reflexión, pudiera ser claramente aumentar el monto de las pensiones 100 veces y aumentar el presupuesto a la red de hospitales y ambulatorios públicos a un 12% del PIB.
Lo anterior sería claramente un éxito inconmensurable, pero recordando un poco el método socrático, el pensamiento crítico y quizás un tipo de ingeniería inversa, todo conduce a que esta disponibilidad inmensa de recursos monetarios, sugiere una economía sana, una alta capacidad de la sociedad y “algo” que de forma y orden a dichas mejoras.
Aquí es donde llega lo interesante porque proveer los recursos implica que el país produce, genera riqueza (flujo de dinero por exportaciones, negociaciones nacionales, entre muchas otras actividades) y además el dinero es aprovechado eficientemente: la corrupción es mínima.
Yendo al segundo punto: la capacidad de la población. No sería arriesgado asegurar, que esta condición depende casi exclusivamente del grado de educación, instrucción o formación de cada uno de los habitantes en distintas áreas, profundidad de materia y nivel de competencias. Depende directamente de la Educación que desde su concepción amplia y general, define el proceso continuo y permanente a través del cual el individuo desarrolla conocimiento, moldea y perfecciona facultades, habilidades, valores y conductas a fin de lograr integrarse y participar activamente en la sociedad.
Un sistema educativo desde el preescolar que atiende a la persona en sus momentos críticos desde el punto de vista orgánico y mental.
La educación básica como inserción formal del pequeño, a una estructura de sociedad. Por otro lado, una educación media que permita al joven en medio de todas sus transformaciones fisiológicas y psicológicas, aprender conocimientos por primera vez atendidos y el fenómeno del interés por la búsqueda de su propia preparación en armonía con su cuerpo y entorno.
Finalmente en el grado universitario, donde ese bachiller sea consciente de la responsabilidad que tiene de emprender el camino para ser un ciudadano que tiene la autoridad y responsabilidad de ejercer una profesión.
Es crucial, puesto que está íntimamente relacionado con los dos puntos anteriores, es que ese “algo” se establezca como una sólida institucionalidad, ágil, eficiente, responsable, auditable, transparente, independiente en sus acciones, establecida por el ordenamiento jurídico y de contrapeso si fuese el caso, en la estructura del poder del Estado nacional y municipal, más aquellas instituciones que regulan los servicios públicos.
Por: ABRAHAM SEQUEDA @abrahamsequeda
