
La edad que en teoría debería ser un sinónimo de experiencia, madurez y conocimiento, es una barrera insalvable para muchos profesionales en Venezuela.
Mientras, el marco legal del país prohíbe explícitamente la discriminación laboral por la edad, la realidad del mercado dicta una práctica tácita conocida como “edadismo”. La pregunta que flota en el aire es: ¿hasta cuándo el capital humano de más de 40 o 50 años en Venezuela seguirá siendo descartado, forzado al retiro o al sub-empleo?.La Constitución de Venezuela y la Ley Orgánica del Trabajo son claras: prohíben todo tipo de discriminación por razones de edad.
Sin embargo, en el día a día de la búsqueda de un empleo, especialmente en el sector privado, es común ver ofertas donde solicitan un “máximo de 35 años”, o peor aún, el rechazo explícito a currículum de candidatos de experiencia por considerarlos “demasiados caros” o “difíciles de moldear”.
Esta práctica no solo es ilegal, sino que resulta contraproducente para un país que busca desesperadamente una valiosa reserva de talento gerencial, técnico y especializado que podría actuar como columna vertebral en la reconstrucción económica y empresarial.
En un contexto de salarios deprimidos y alta inflación, una de las razones subyacentes de la discriminación por la edad es del miedo del empleador a tener que pagar una remuneración acorde a la trayectoria y las expectativas salariales de un profesional experimentado. Es más “económico” y “manejable” contratar personal más joven, aunque carezca de la experiencia y conocimientos .necesarios.
Existe una visión errónea que solo el talento joven posee la adaptabilidad tecnológica o la energía necesaria para la nueva dinámica laboral, ignorando que la experiencia es fundamental para el empleo y la toma de decisiones estratégicas en el negocio.
En contraste con la situación venezolana, muchas economías desarrolladas, tienen políticas que fomentan activamente la permanencia y la reincorporación de los trabajadores de mayor edad.
Países como Japón, Alemania, Austria, Suecia, Dinamarca la retención de los trabajadores mayores no es una opción, sino una necesidad económica. Se crean modelos de trabajo flexibles, reducción de la jornada y formación continua para aprovechar ese conocimiento y esa experiencia.
En Venezuela en cambio, la diáspora deja un vacío de profesionales de todas las edades, haciendo que el descarte de los profesionales de experiencia sea un error grave. Es una ceguera económica que privilegia el ahorro cortoplacista sobre la inversión en la experiencia.
La edad deja de ser un impedimento para trabajar cuando la sociedad y, sobre todo, la empresa, dejan de verla como una carga y la perciben como un activo estratégico. El talento de experiencia venezolano no solo posee una trayectoria, sino que también navega en una crisis inédita, desarrollando una fortaleza, una resiliencia, una capacidad de adaptación que ninguna formación puede simular.
Es hora de un cambio de mentalidad. Las empresas deben entender que el costo de no contratar experiencia es, a largo plazo, mucho mayor que el costo de un salario.
Se pierden conocimientos, se cometen errores de novato y se frena la transferencia generacional de saber hacer en lugar de una restricción salarial, la edad seguirá siendo un muro para muchos venezolanos. Un país en reconstrucción va a necesitar toda su fuerza laboral, y eso incluye, de manera crítica, los profesionales de experiencia autónomos que puedan tomar decisiones importantes y que hoy se encuentran marginados y relegados. Reconocer su valor no es solo un acto de justicia, es una estrategia de supervivencia económica.
¡La experiencia no se improvisa!
@angelmotielp
