El Mundo: El fracaso de las "revoluciones felices" en Latinoamérica - LaPatilla.com

El Mundo: El fracaso de las "revoluciones felices" en Latinoamérica

Simpatizantes del ex presidente de Bolivia, Evo Morales, sostienen un cartel con su cara durante una protesta en La Paz, en mayo. AP

 

“El país que recibimos está devastado, nos dejan una economía quebrada”. Las palabras de Rodrigo Paz Pereira en su toma de posesión no sorprendieron a su pueblo, víctima principal del fracaso revolucionario. Los bolivianos sufren desde hace tiempo una crisis de combustibles galopante que el nuevo presidente comenzó a mitigar al subirse a los camiones que desde los países vecinos trasladan gasolina y diésel a distintos puntos nacionales de venta. Las colas larguísimas de los últimos meses han comenzado a desaparecer en parte del país, aunque la batalla no ha hecho más que comenzar.

Por Daniel Lozano | EL MUNDO





Al igual que las revoluciones hermanas de Venezuela, Cuba y Nicaragua, la revolución indígena ha fracasado social, económica y financieramente. El legado que dejan Evo Morales y Luis Arce tras dos décadas de Gobierno confirma cuál es una de las grandes asignaturas pendientes de estos procesos históricos, junto al autoritarismo, los derechos humanos y la corrupción en (casi) todas las instituciones.

“Nos dejan inflación, escasez, deuda, desconfianza… La peor crisis de las cuatro últimas décadas. Nos traicionaron y la traición se paga en Bolivia, porque el peor costo lo tienen los más humildes”, aseguró el centrista Paz Pereira, hijo del presidente socialdemócrata Jaime Paz Zamora, fundador del histórico Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

El listado de desgracias económicas que dejó sin aliento a los bolivianos no sorprende en absoluto a los ciudadanos de los que eran países aliados. “Evo, Arce, ¿dónde está el bendito mar de gas que nos prometisteis? ¿Dónde está el litio?”, cuestionó con firmeza el nuevo mandatario, quien no dudó en acusar a ambos líderes del Movimiento Al Socialismo (MAS) de malgastar 60.000 millones de dólares, procedentes de la nacionalización del gas. “¿Qué carajo hicieron con tanta bonanza?”, disparó el presidente.

Si de algo saben los venezolanos, que también escucharon, en palabras de Hugo Chávez, que vivirían en un “mar de felicidad” parecido al cubano, es de los terroríficos costos de la economía revolucionaria. Antiguas autoridades chavistas y expertos nacionales calcularon en su día que el chavismo ha hecho desaparecer al menos 600.000 millones de dólares, procedentes de otra bonanza, la del petróleo, que se disparó por encima de los 100 dólares por barril. Igual que en Bolivia, los buenos tiempos sólo sirvieron para llenar los bolsillos de los jerarcas chavistas y de los empresarios boliburgueses, chacales económicos de los distintos mecanismos financieros.

El tenebroso relato de Paz Pereira prosiguió durante varios minutos, en una suerte de bajada a los infiernos: escasez de dólares, crecimiento descontrolado de los precios (25% en julio la inflación interanual), un insaciable mercado paralelo de divisas, un PIB que no repunta, producción muy baja, devaluación de la moneda, pérdida del poder adquisitivo de las clases populares y medias…

Ni una sola noticia positiva, con el mercado del gas a la baja y con la gran esperanza blanca, el litio, con un rendimiento mucho menor del esperado por culpa de los manejos políticos, las fallas técnicas y la cercanía de la corrupción. A Marcelo Arce, hijo del anterior presidente y negociador de los contratos del mineral de moda, le conocen en Bolivia como Marcelitio.

Las cifras se entrecruzan para airear las vergüenzas revolucionarias. Como con el despilfarro de las reservas de oro mal cobijadas en las bóvedas del Banco Central de Bolivia (BCB), donde sólo quedan 16 toneladas, pese a que la Ley del Congreso obligaba a mantener al menos 22 toneladas.

El Estado convertido en un gran Saturno devorador del dinero de la gente, a niveles sólo equiparables con los de sus hermanas revolucionarias: Bolivia gasta cada año el 80% de su PIB, frente al 28% de Chile y el 30% de Paraguay. Antes de llegar Evo al poder (del que nunca se quiso marchar, y de ahí las distintas crisis políticas), Bolivia gastaba algo más de 2.000 millones de dólares al año. En 2024 fagocitó más de 21.000 millones.

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