
En tiempos de transición política, pocas decisiones tienen un impacto tan inmediato en la estabilidad de un país como garantizar el acceso a los alimentos. Venezuela, extenuada por años de destrucción institucional y colapso económico, se aproxima a un momento donde asegurar el abastecimiento será tan determinante como cualquier reforma jurídica, política o administrativa.
En este contexto, la propuesta “Alimentemos en Transición”, elaborada por un grupo de productores del campo, ingenieros agrónomos y otros profesionales, que han dedicado su vida a la producción agropecuaria, acuicultura, avicultura y otras, que integran el grupo autodenominado para tiempos de persecución “Comunidad Arrocera” del Programa de Organización Ciudadana, POC, llega para recordarnos una verdad esencial: sin comida no hay estabilidad, y sin estabilidad no hay transición posible.
La iniciativa tiene su asiento en la propuesta de “Venezuela Tierra de Gracia” —programa paragua que sustenta las acciones del movimiento democrático— y se articula con el enfoque económico de “A Trillion-Dollar Opportunity”, que plantea una recuperación basada en la liberalización económica, la atracción de inversión y la modernización institucional. Dentro de ese marco, el sector agroalimentario es una de las doce áreas clave para reconstruir un país que no solo debe superar el colapso actual, sino también diversificar su economía y recuperar su potencial exportador.
Pero la transición no se sostiene en buenas intenciones: exige resultados inmediatos, decisiones neutrales y un enfoque operativo libre de partidismos. La historia de Timor Oriental, Sudáfrica o el Líbano lo demuestra: los alimentos no pueden convertirse en instrumento político ni en botín burocrático. Ese error ya lo vivimos con los CLAP, convertidos en herramientas de control social. En una transición, los alimentos deben estar desmilitarizados, despartidizados y sometidos a un criterio técnico, no ideológico.
Un país que produce menos, compra caro y consume poco
El diagnóstico es contundente: la cadena agroalimentaria venezolana es un sistema interdependiente —productores, agroindustria, importadores y consumidores—, y todos sus eslabones están comprometidos.
El pequeño productor está abandonado, enfrentando costos altos, falta de combustible, escasez de insumos y servicios colapsados. La agroindustria opera por debajo de su capacidad y en condiciones de riesgo jurídico permanente. Y el consumidor se hunde en una pobreza que, según organismos internacionales, supera el 78%.
El país produce menos, compra caro y consume poco. Un círculo vicioso que amenaza la estabilidad social y compromete cualquier proceso de transición.
Por eso, la “Comunidad Arrocera” advierte que las primeras 100 horas y 100 días serán decisivos. No se trata de diseñar un modelo ideal; se trata de evitar un colapso.
Medidas de emergencia para los primeros 100 días
La propuesta presentada al colega Diputado Omar González, para la consideración del “Comando Con Venezuela”, parte de una ecuación simple:
Estado = A + B + C + D, donde:
A = Productores,
B = Agroindustria,
C = Importaciones,
D = Consumidores.
Todos son necesarios. Ninguno es prescindible. En momentos críticos, excluir uno de estos eslabones significa dejar sin alimento a millones.
A partir de esta realidad, el documento propone un paquete de acciones inmediatas:
1 Garantizar la disponibilidad de alimentos
Liberar inventarios y stocks de alimentos básicos en almacenes públicos y privados.
Priorizar mercados urbanos y rurales vulnerables.
Crear centros de acopio temporal y puntos de distribución rápida.
2 Mantener y proteger la producción local
Asegurar insumos críticos: semillas, fertilizantes, combustible y electricidad. Activar créditos de emergencia y subvenciones temporales.
Restablecer la logística agrícola entre zonas productivas y centros de consumo.
3 Gobernanza técnica, no partidista
Crear el Comité Nacional de Emergencia Agroalimentaria, con representación de productores, gremios, expertos y cooperación internacional.
Monitoreo diario de producción, precios y disponibilidad.
Comunicaciones públicas claras para frenar pánico y especulación.
4 Prevención de conflictos sociales
Mapear zonas de alta vulnerabilidad.
Coordinar con líderes comunitarios.
Evitar cambios bruscos de política que paralicen la cadena alimentaria.
Este enfoque no es un plan agrícola. Es un plan de estabilización nacional. Alimentar primero; reformar después.
El alimento como política de seguridad nacional
Las primeras semanas de transición deben asumir la seguridad alimentaria como un componente de seguridad nacional. No basta con garantizar alimentos; hay que garantizar confianza. La población debe ver decisiones rápidas, coordinadas y éticas.
La transición necesita que el país crea que el cambio político traerá alivio cercano, no incertidumbre. Esa percepción no depende de discursos, sino de hechos: arroz en la mesa, harina accesible, pollo disponible, precios estables.
Sin eso —sin la comida— no habrá gobernabilidad. Y sin gobernabilidad, ninguna transformación institucional será viable: ni la reforma del sistema de justicia, ni la reinstitucionalización del Estado, ni la reconstrucción económica.
Un país listo para producir… y productores listos para servir
La “Comunidad Arrocera del POC” cierra su propuesta con una frase sencilla, pero cargada de significado:
“Estamos listos para servir.”
Ese mensaje sintetiza el espíritu del sector productivo venezolano, dentro y fuera del país. A pesar de haber sido golpeado, perseguido y asfixiado, el productor venezolano sigue en pie. Y hoy, en vísperas de una transición que exige responsabilidad, coordinación y desprendimiento, su papel será determinante.
Venezuela también está lista para escucharlos.
Los próximos meses no permitirán improvisaciones. La reconstrucción nacional —esa que anhelamos desde hace años— comenzará por lo más elemental, por el acto más básico y universal de cualquier sociedad: alimentar a su gente.
Solo entonces podremos iniciar las reformas profundas que transformarán nuestra economía, nuestra institucionalidad y nuestra vida democrática.
En esta hora decisiva, asumir la alimentación como prioridad política es un acto de responsabilidad y de justicia. De la mesa venezolana depende la paz social, la estabilidad del nuevo gobierno y la posibilidad real de abrir las puertas de una Venezuela libre, productiva y digna.
Rafael Veloz Garcia. Ex Pdte Federación Interamericana de Abogados, FÍA. Coordinador POC. Diputado Asamblea 2015.
