Ángel Montiel: Euro Fuenmayor, el periodista que se "casó" con el ambiente  - LaPatilla.com

Ángel Montiel: Euro Fuenmayor, el periodista que se “casó” con el ambiente 

En un tiempo cuando existían pocos periodistas dedicados a la defensa de la ecología, el clima, el medio ambiente, un periodista venezolano se dedicaba en cuerpo y alma a esta noble tarea: Euro Fuenmayor.

Los escritos de Euro Fuenmayor estaban dirigidos en ese sentido, mientras el resto de los periodistas se dedicaban a la cobertura de los tradicionales temas.





Euro Fuenmayor comenzó su carrera en el diario Panorama en 1946, escribiendo crónicas deportivas, y llegó a ser jefe de redacción del mismo periódico. Además de Panorama su labor se extendió a otros importantes medios venezolanos como  Últimas Noticias, La Esfera, El Nacional y El Globo.

Anteriormente, también cubrió información general en el periódico Noticias Gráficas bajo la dirección del zuliano Don Ciro Urdaneta Bravo, un gran referente en el periodismo zuliano.

En 1954, marcó un hito al convertirse en el primer locutor de la televisión del Zulia cuando apenas comenzaba a desarrollarse la televisión en Venezuela. 

Fue merecedor de un gran número de reconocimientos: Premio Nacional de Periodismo (1983), Premio Municipal de Periodismo (Caracas),  Premio Pedro Joaquín Chamorro de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Premio Antonio Arraiz otorgado por El Nacional.

Además, fue condecorado con las órdenes Francisco de Miranda y Diego de Losada.

Fuenmayor se ganó un espacio en la Venezuela ecológica y su nombre resonó y aún es todavía un recordatorio de que los periodistas debemos salir en la defensa del ambiente.

En la vibrante, y a veces cruel, historia del periodismo venezolano, pocos hombres evocan una dualidad tan dolorosa como la de Eudo Fuenmayor. Un hombre cuya vida y obra definiera el periodismo como un verdadero apostolado, solo para ser testigo de cómo ese mismo mundo que tanto defendió le daba la espalda en su hora final.

Para Fuenmayor, el periodismo no era una simple profesión o un medio de vida, era una misión sagrada. Su pluma fue una herramienta de servicio, era la luz que iluminaba las realidades más olvidadas. Esta devoción se manifestó plenamente en su especialización como periodista dedicado a temas ambientales y conservacionistas.

Mientras otros se centraban en la política, los sucesos, la economía, Euro Fuenmayor miraba hacia el árbol talado, el río y el lago contaminados, el paisaje que moría en silencio.

Su apostolado era darle voz a lo que los tenía voz, transformando datos científicos en gritos de alarma y belleza.

Creía firmemente que el periodista debía ser guardián de la memoria y la conciencia de la sociedad, una especie de sacerdote laico dedicado a la verdad y la belleza del entorno.

Está visión trascendió en su emblemática columna para el diario El Nacional, “Los ojos de la ciudad”. Desde allí Fuenmayor realizó su “ministerio laico”.

No se limitó a describir la gran urbe caraqueña, la analizaba con ternura y rigor periodístico. Sus escritos eran una radiografía social y ambiental, llevando la reflexión ecológica desde los vastos paisajes del Zulia hasta los contaminados ríos y arroyos de la capital.

Demostró que el ecologismo no era un tema para unos pocos especialistas, sino el tejido mismo que sostiene la vida urbana. Por esta labor de conciencia, fue merecedor de numerosos premios y reconocimientos, un testimonio del impacto de su palabra sobre la opinión pública.

La tragedia de Euro Fuenmayor es un eco sombrío de la ingratitud de la sociedad. A pesar de haber dedicado su existencia a servir a la verdad y al país, su destino final fue la indigencia. El hombre que una vez fue aclamado en las salas de prensa y premiado por su lucidez, falleció en Caracas el 23 de abril de 2002, pidiendo limosna en las mismas calles que sus “ojos” habían vigilado con tanta pasión.

Su muerte en la mayor precariedad no solo fue la pérdida de un gran periodista talentoso, fue una denuncia en si misma. Es un recordatorio doloroso de que la sociedad a veces consume a sus profetas y abandona a sus apóstoles.

Sin embargo, esa vena de comunicador la hereda su hermano Abdel Fuenmayor que incursiona en la radio zuliana y las redes sociales llevando la voz de las comunidades a su programa “Maracaibo de siempre”.

El fin de Euro Fuenmayor es el epilogo amargo de un hombre que lo dio todo por la palabra, demostrando que la grandeza del espíritu no siempre se traduce en riqueza material.

Hoy, al recordarlo, honramos su convicción inquebrantable. El periodismo es, y debe ser, un apostolado. Una misión donde el compromiso ético y la pasión por la verdad son el mayor, y a veces el único pago.

@angelmontielp

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