
Hoy, cuando la República entera vuelve sus ojos hacia el combativo y luminoso oriente de nuestra Venezuela, se conmemoran quinientos diez años de la fundación de la Primogénita del Continente Americano.
La siempre venerada Ciudad de Cumaná, cuyas empedradas calles, templos centenarios y enmudecidas fortificaciones custodian, como un archivo pétreo viviente, las huellas más tempranas de la epopeya hispánica y americana.
Cumaná, decana de nuestras urbes, ha sido desde su nacimiento crisol de insurgencias, fragua de libertadores y testigo privilegiado de los incesantes pulsos entre la dominación tiránica y la libertad pura.
Su historia, profunda, tumultuosa, salobre como el viento que asciende alegre desde el golfo, ha nutrido el espíritu indómito de sus gentes, entre quienes siempre vibró un sentimiento de autonomía, rebeldía y dignidad que ningún poder exógeno consiguió sepultar.
Hace ya una década, Piero Ballatore, hombre de vocación cívica y de arraigado amor por nuestra tierra, tuvo la iniciativa de invitar a la entonces dirigente opositora y hoy líder nacional María Corina Machado.
La ilustre dama aceptó con generosa disposición, ofreciendo a Cumaná su oportuna presencia firme, su palabra valiente y su inquebrantable devoción republicana.
Con él, y con una ciudadanía expectante y fervorosa, yo tuve el privilegio de acompañarlos en los actos conmemorativos de nuestra urbe “Marinera y Mariscala”, epítetos que expresan no solo nuestra tradición marítima y guerrera, sino también la vocación de grandeza que ha signado los destinos de esta ciudad desde sus primeras auroras.
El vínculo de María Corina con nuestra Cumaná no es circunstancial ni reciente; es genealógico, histórico y profundamente emocional. Aquí, en esta tierra de sal, manglares, sudor rebelde y memoria resistente, corrió la noble sangre patriota de su propia familia.
Su tío-abuelo, el joven prodigio Armando Zuloaga Blanco, cayó en 1929 luchando denodadamente contra otra tiranía, sellando con su inmortal sacrificio la continuidad del linaje cívico que ha distinguido a los Machado, a los Blanco y a los Zuloaga en los anales de la República. No hay ciudad que olvide tal gesto; no hay memoria común que no lo perpetúe.
Y es por ello que, cuando la marea de la historia vuelva a traerla a nuestra «Tierra de Gracia» como Presidente Constitucional de la República, quienes la acompañamos humildemente cuando su nombre comenzaba apenas a perfilarse como promesa incipiente de redención, estaremos nuevamente allí, firmes, constantes, animosos, para sostenerla con el mismo fervor desinteresado de aquellos inocentes días fundacionales.
Así como la brisa cálida del Manzanares canta donde antes tronaron los brutales arcabuces coloniales, así como el centelleante sol se posa cada tarde sobre el castillo de San Antonio como si encendiera los recuerdos del siglo XVI, así también la esperanza cierta vuelve a la Primogénita como gaviota peregrina que reconoce su nido originario.
Cumaná estallara de júbilo y lo hará a lo grande, a lo noble y a lo justo.
«Historia est magistra vitae» la historia es maestra de la vida, y la nuestra nos enseña que las causas justas regresan siempre al lugar donde nacieron los primeros influjos libertarios.
Por ello, yo, Miguel Méndez Fabbiani, junto a mi hermano Piero Ballatore y el siempre constante Balpiero Ballatore, nos presentaremos, como lo hemos hecho desde siempre, para animarla, apoyarla y defenderla, movidos por la convicción profunda de que Cumaná, madre protectora de ciudades, sabrá también ser progenitora generosa de un nuevo amanecer providencial para nuestra amada Venezuela.
