
A pesar de este desfase político que ya lleva años en Venezuela, muchos venezolanos siguen luchando calladamente porque surjan acciones racionales para impedir la guerra que nadie desea, e insistir en pedir que termine esta desidia opositora que tanto daño ha hecho a la causa; por ello hemos insistido en expresar que Venezuela necesita y reclama un acuerdo nacional que le devuelva la calma y la esperanza, y eso pasa por crear un ambiente de tolerancia, no de violencia y que haya coexistencia entre los factores que se disputan el poder. Ninguno de los actores políticos en pugna puede pretender la capitulación incondicional del otro, ni mucho menos el exterminio del contrario. Hoy más que nunca, Venezuela necesita un Pacto de Convivencia Pacífica que le ponga fin a la represión, conceda la amnistía a todos los presos políticos, asegure los derechos políticos de la oposición, pero también le asegure protección y garantías de no persecución a los que tengan que entregar el poder. Solo así se podrá recuperar la alternabilidad en el poder político por la vía constitucional, democrática electoral y pacífica.
Antes escribimos que, lamentablemente la politología en Venezuela se ha transformado en el tratamiento de una sarta de sandeces que tildan de política, pero que no va más allá de una ignominiosa estupidez que ha mantenido al país en ascuas y en una peligrosa situación de inseguridad política impregnada de inseguridad social, agravada por una política económica atípica por no decir irreal, que ve en la situación una crisis gubernamental y una apoliticidad generada por la desavenencia opositora que llevo al paroxismo generado por el fraude electoral denunciado pero no demandado. Así mismo, dijimos que vino la debacle de los partidos de Oposición, que en comandita decidieron atacar a sus líderes, proponer otros, y lo peor, promover la abstención por presumir el fraude. En conjunto, fue una campaña externa apoyando la desidia, esa que quisieron hacernos creer que la salida de Maduro por la fuerza era la solución. Recordamos la inocua solicitud de “aplicar el TIAR” o pedir a la FAN que se alzara para sacarlo, voz escuchada por creyentes militares, quienes de buena fe sacrificaron su carrera y hasta su libertad por esta causa. Así vemos, como se anunció, que en 2019, Donald Trump y Marco Rubio, defendieron una acción militar en Venezuela para lograr el llamado “cese de la usurpación, implantación de un gobierno de transición y convocatoria a elecciones libres” que para entonces se promovía en Venezuela, y culmina el informe asegurando que Trump y Rubio apoyaron el fallido Golpe de Estado del 30 de abril de 2019 que fracasó en su intento de derrocar a Nicolás Maduro.
También de gravedad, que la agencia Reuters publicara una investigación en la que dice haber consultado a más de 50 fuentes, incluyendo exfuncionarios y funcionarios actuales de EEUU, miembros de la oposición venezolana e informantes de agencias de seguridad estadounidenses que aportaron detalles sobre las gestiones de asesores políticos venezolanos en Washington para convencer a la Administración Trump de que Nicolás Maduro es el líder de una organización criminal que invade a EEUU con enfermos mentales, delincuentes y narcoterroristas y, con base en esa narrativa justificar ataques militares que sirvan para forzar un cambio de régimen en Venezuela.
Según el mencionado informe, el 6 de enero de 2025, activistas políticos venezolanos se reunieron con Mike Waltz para explicarle lo que pasa en Venezuela y que, entre enero y abril, hubo al menos ocho reuniones con Waltz, Marco Rubio, Mauricio Claver-Carone y Christopher Landau. David Smolansky fue el vocero y expuso que un grupo armado de origen venezolano denominado Tren de Aragua (TDA) está dirigido por el propio Nicolás Maduro. Según las fuentes de Reuters, este equipo político reafirmo que a Venezuela la gobierna una banda criminal. Confirma la publicidad, que es un hecho público, notorio y comunicacional que estas gestiones influyeron en la narrativa y decisiones de Trump de declarar al TDA como organización terrorista que amenaza la seguridad nacional de EEUU; y que este relato le sirvió a Trump para invocar la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 y comenzar a deportar a migrantes venezolanos sospechosos de ser miembros del TDA. Sin embargo, explica el Informe, en un caso presentado por la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) contra la política de deportación de Trump, un tribunal de apelaciones rechazó la idea de que se estuviera llevando a cabo una “invasión” a EEUU. Aun así, 238 migrantes venezolanos fueron enviados al Centro contra el Terrorismo (CECOT) en El Salvador; acto que sirvió para criticar a la oposición venezolana por no defender a los migrantes venezolanos de los ataques de Trump, ni oponerse a la decisión de eliminar las protecciones migratorias a cientos de miles de venezolanos que ahora son detenidos y deportados bajo sospecha de ser miembros del TDA. Amplia el informativo la crítica al agregarle que este fallo opositor, al vender esta cuestionable historia a la Administración Trump, no midió las repercusiones negativas que esto tendría en la satanización y persecución de los migrantes venezolanos en EEUU.
Otra de las motivaciones de estas acciones en Venezuela ha sido la referida a su supuesta participación en el concierto del narcoterrorismo con su muy exaltado cartel de los soles, pero de forma contradictoria observamos que de acuerdo con la Oficina de Drogas y Crimen de las Naciones Unidas, Venezuela no es un país productor de cocaína. De igual forma, varios investigadores de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) llegaron a conclusiones similares y señalaron en su informe anual, publicado en marzo, que el 84 % de la cocaína incautada en este país proviene de Colombia. Estos informes resultan contrarios a las declaraciones de altos funcionarios estadounidenses, como la secretaria de Justicia, Pam Bondi, que no han presentado, hasta el momento, evidencia concluyente sobre el presunto rol del líder venezolano en el tráfico internacional de drogas. Las investigaciones sugieren que “la mayoría de la cocaína que entra a los Estados Unidos proviene de Colombia, Perú y Bolivia. Colombia representa la mayoría del comercio”, asegura McDermott.
Ante esta situacion que sufrimos los venezolanos en el suelo de la patria, seguimos insistiendo en la necesaria educación para la paz en Venezuela; ya antes lo dijimos y es necesario repetirlo, «…la realidad sociopolítica de Venezuela en la actualidad se caracteriza por una profunda crisis multidimensional, donde el país enfrenta graves problemas económicos, sociales y políticos, que se han transformado en una crisis, donde la población ha perdido por diseminado el liderazgo, el que malamente ha encontrado como solución política el enfrentamiento de todos contra todos, de donde se ha generado y arraigado una controversia, que dejo los parámetros políticos, para convertirse en una guerra, que -a decir de Karl von Clausewitz- “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Ante tal situación, hemos dicho que, lamentablemente la politología en el país se ha transformado en el tratamiento de una sarta de sandeces que tildan de política, pero que no va más allá de una ignominiosa estupidez que ha mantenido al país en ascuas y en una peligrosa situación de inseguridad política impregnada de inseguridad social, agravada por una política económica atípica por no decir irreal, que ve en la situación una crisis gubernamental y una apoliticidad generada por la desavenencia opositora que llevo al paroxismo generado por el fraude electoral denunciado pero no demandado.
Vino la debacle de los partidos de Oposición, que en comandita decidieron atacar a sus líderes, proponer otros, y lo peor, promover la abstención por presumir el fraude. En conjunto, fue una harta campaña externa apoyando la desidia, esa con la que quisieron hacernos creer que la salida de Maduro por la fuerza era la solución. Recordamos la inocua solicitud de “aplicar el TIAR” o pedir a la FAN que se alzara para sacarlo, voz escuchada por creyentes militares, quienes de buena fe sacrificaron su carrera y hasta su libertad por esta causa. Así vemos, como se anunció, que en 2019, Donald Trump y Marco Rubio, defendieron una acción militar en Venezuela para lograr el llamado “cese de la usurpación, implantación de un gobierno de transición y convocatoria a elecciones libres” que para entonces se promovía en Venezuela, y culmina el informe asegurando que Trump y Rubio apoyaron el fallido Golpe de Estado del 30 de abril de 2019 que fracasó en su intento de derrocar a Nicolás Maduro.
Y, cuando nos referimos a la guerra innecsaria en Venezuela, transcribimos lo que venimos diciendo desde hace mucho tiempo: …“En sus discursos, el venezolano se refiere a Venezuela y al venezolano como amantes de la paz. Se dice que la guerra en Venezuela solo se justifica para hacer reconocer o recuperar la soberanía y expresa con orgullo, que sus fuerzas armadas solo han salido de las fronteras para libertar otras repúblicas. El término guerra fue abolido de la Constitución y legalmente solo existe en los textos militares, por ser obvia la función principal de las fuerzas armadas de prepararse para hacer la guerra, aunque eufemísticamente se la justifica como un medio para lograr la paz y, constitucionalmente se justifiquen las fuerzas armadas como un me dio para la defensa nacional. Pero, aún cuando negación o justificación, políticamente el venezolano se ha vuelto guerrero y violento, dando rienda suelta tanto a la palabra como a la acción para, en cualquiera de sus formas agredir al opositor, sea éste adversario o compañero».
Concluimos con nuestra frase discursiva que debe servir como lema de oposición:
¡La guerra innecesaria en Venezuela!
EAPS
