Miguel Méndez Fabbiani: ¿Qué pasará en los próximos días? - LaPatilla.com

Miguel Méndez Fabbiani: ¿Qué pasará en los próximos días?

Desde la expectativa intelectual observamos, con una mezcla de fascinación y absoluta certidumbre estratégica, el patético espectáculo que ofrecen el narco capo Maduro y el cadáver político marxista que aún responde al nombre de Raúl Castro.

Ellos creen, con esa mezcla de arrogancia ideológica y obnubilación senil típica de los regímenes que han sobrevivido demasiado tiempo a sí mismos, que el Presidente Donald J Trump está ejecutando un superbluff de manual, una versión estafante y tropical de las fanfarronadas inverosímiles que ellos mismos han repetido durante décadas.





Grave error de cálculo. Error que será letal.

La ‘Madman Theory» que aplicó en los 70 tas el Presidente Nixon no era un truco de prestidigitación retórica: era en esencia la explotación deliberada de la incertidumbre racional del adversario, sobre los límites reales del actor militar que tiene poder de aniquilación nuclear.
El Presidente Trump lleva esta doctrina académica imbricada en la médula ósea. El neoyorquino es un empresario negociador que comprende perfectamente la compleja dinámica de los intereses geopolíticos globales.

Trump entiende que, en la negociación final, la credibilidad no se construye con verbosos discursos diplomáticos elegantes, sino con la disposición demostrada a destruir valor o capital político propio, con tal de no aceptar una capitulación disfrazada de victoria.
Maduro y Castro cometen exactamente el mismo error que cometieron los ayatolás iraníes en diciembre de 2019: interpretaron las amenazas directas de Trump como mera gesticulación teatral porque, en su cosmovisión tiránica oriental, ningún líder racional burgués sería capaz de ordenar la eliminación física de un narco-terrorista tiránico en suelo tercero.

Soleimani, un despiadado terrorista persa, dejó de existir ochenta y cinco segundos después de que el dron MQ9 Reaper disparara sus incandescentes misil Hellfire. El plazo que Trump había dado públicamente a Irán para ordenar un bombardeo quirúrgico era mucho más largo. Ahora sabemos que No lo necesitó.

Exactamente, el mismo patrón estratégico se repite ahora, pero con una diferencia crucial: Trump ya no necesita justificar nada ante nadie. El magnate tiene el control del Partido Republicano, una mayoría en el Congreso que le ha otorgado poderes de guerra prácticamente ilimitados bajo la resolución (que nadie en la prensa izquierdista se molestó en leer), y una opinión pública estadounidense que, tras la explosiva confesión del narco-terrorista “Pollo” Carvajal, empieza a considerar a Maduro personalmente responsable de la muerte de cientos de miles de almas norteamericanas.

El dócil títere de La Habana cree que ganando “una semana más”, “quince días más”, logrará que los senadores demócratas, meretrices que reciben dinero de “ilegals” chavistas, y los medios de comunicación comprados que aún le protegen, estos liliputienses modernos logren finalmente frenar la operación militar.

Raúl Castro, desde sus efectivos centros de espionaje, activa las últimas células durmientes en Washington, Miami y Madrid para obstaculizar y detener al “emperador naranja”. Ambos criminales operan bajo la ilusión de que están frente a un actor racional que maximiza utilidad según las reglas de la diplomacia tradicional. No comprenden estos genocidas retrógrados que están frente a un consumado jugador que ya ha internalizado completamente la lógica de la amenaza cierta y lo poco que le cuesta cumplirla.

Trump no necesita la invasión para ganar; necesita que Maduro crea efectivamente, que no la va a invadir. En esa no creencia irracional, Maduro se ha hecho más desafiante y ha desencadenado la expectativa de la comunidad internacional. Así, gracias a la desesperación incrédula de Maduro, el mundo se ha hecho a la idea gradual de que el capo narco-terrorista será finalmente defenestrado.
Precisamente por ello, Trump ejecutará la intervención. La contumacia del régimen venezolano ha cruzado el umbral de irrevocabilidad y cree que Trump no será capaz de eliminarlo.

En términos de teoría de juegos, Maduro está jugando una estrategia de guerra de desgaste (war of attrition) bajo la creencia errónea de que el costo político para Trump de una intervención militar, supera el costo de reputación de permitir que un narco-Estado con vocación nucleares declarada (Bases Rusas) siga existiendo a 1.200 millas de Florida.

Trump, en cambio, está jugando un juego de compromiso secuencial con información imperfecta, donde ha quemado deliberadamente sus propios puentes de retirada: cada declaración pública, cada movimiento del grupo de ataque, cada sobrevuelo rasante, cada ejercicio conjunto ha sido diseñado para hacer creíble la amenaza de invasión precisamente porque resulta ligeramente irracional.

El ataque vendrá, y vendrá con una brutalidad que hará parecer quirúrgico el bombardeo iraní, un juego infantil. Porque Trump razonó que la única forma de que la “Madman Theory” funcione en su expresión más pura, es cuando el loco cumple finalmente la amenaza inverosímil que todos creían imposible.

Por eso es que se ha tardado tanto. La incertidumbre premeditada y prolongada es su “ablandamiento de costas” psicológico.
El premier estadunidense asimiló perfectamente que el teatro de la guerra no está en los cielos, la tierra o los mares. El campo batalla real en los conflictos modernos está en la mente agobiada del enemigo y en los medios de comunicación personalizados.
Trump está utilizando al régimen de Maduro como un medio eficiente para comunicar directamente a Rusia y a China, que él no vino a jugar geopolítica tradicional. Por ello es que Maduro no pude permanecer en el poder.

Maduro tendrá exactamente dos opciones en los próximos días: subir al avión Qatar le ofrezcan en el último momento (si es que aún alguien se atreve a ofrecerlo), o morir inútilmente convertido en el equivalente caribeño de Sadamm, Gadhafi o Ceucescu.

La historia universal no recordará su radical contumacia ideológica. Solo recordará que un tirano bananero subestimó a un poderoso hombre decidido que ya había demostrado, con sangre terrorista iraní en el asfalto de Bagdad, que cuando dice “Voy a matar a este Hijo de …” , realmente va y lo hace sin dudar.

Y esta vez, el fácilmente ubicable objetivo militar, está en escondiéndose como un roedor despavorido en las fétidas alcantarillas de Caracas.

Corre rápido Maduro que van por ti.