
La idea de instalarse en Marte siempre fue un faro para la exploración espacial. Desde los pasos iniciales sobre la Luna, las agencias internacionales observaron al Planeta Rojo como la frontera lógica hacia un asentamiento humano permanente.
Por Infobae
Sin embargo, cada avance hacia ese destino expone un dilema central: cualquier misión que pretenda sostener vida en ese entorno hostil necesita estructuras resistentes y sistemas confiables que protejan a los astronautas. Y casi nada de lo necesario se encuentra a mano.
Transportar toneladas de equipamiento desde la Tierra vuelve la misión ineficiente y extremadamente costosa. Esa limitación impulsó la búsqueda de soluciones innovadoras que permitan valerse del propio suelo marciano para crear lo indispensable.
En los últimos años, distintas líneas de investigación tomaron fuerza dentro del enfoque conocido como utilización de recursos in situ, una estrategia que consiste en usar materiales nativos del lugar de destino para reducir la dependencia terrestre.
Ahora, un trabajo reciente desarrollado en la Universidad Politécnica de Milán elevó ese concepto a una dimensión nueva al plantear una posibilidad sorprendente: fabricar materiales de construcción en Marte gracias a un sistema biológico basado en dos bacterias capaces de transformar el regolito en un bloque sólido y resistente. El trabajo fue publicado en la revista científica Frontiers y abrió un abanico de aplicaciones que excede la mera creación de muros.
Este avance se apoya en un proceso natural presente en la Tierra desde edades remotas: la biomineralización. Así como los organismos primitivos ayudaron a moldear costas, arrecifes y formaciones minerales, los científicos creen que la misma lógica podría reproducirse en Marte.
En el centro del hallazgo aparecen dos especies conocidas por su desempeño en ambientes extremos: Sporosarcina pasteurii y Chroococcidiopsis.
La primera se destaca por su capacidad de producir carbonato de calcio a través de la ureólisis, lo que permite consolidar suelos sueltos. La segunda es una cianobacteria resistente a condiciones muy adversas, incluso similares a las del entorno marciano simulado en laboratorios terrestres.
Según los investigadores, al combinar ambas especies en un cocultivo se obtiene una materia prima única. Sporosarcina pasteurii secreta polímeros naturales que estimulan la formación de minerales y fortalecen el regolito, mientras que Chroococcidiopsis aporta oxígeno y crea un microambiente que favorece el funcionamiento de su compañera.
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