Dos caraqueños en Italia y el éxito de Aroko: la marca que coronó al cacao venezolano en Europa

Dos caraqueños en Italia y el éxito de Aroko: la marca que coronó al cacao venezolano en Europa

@arokochocolate

 

Venezuela volvió a ser noticia en el mundo gastronómico gracias a Aroko, una marca creada por dos caraqueños en Italia que este año obtuvo importantes reconocimientos en los International Chocolate Awards y los European Chocolate Awards. Su trabajo con cacaos de origen como Chuao y Porcelana la posiciona entre las propuestas emergentes más destacadas en Europa. En conversación con La Patilla, sus fundadores, Dubraska y Johonny, compartieron cómo viven su triunfo, la filosofía detrás de cada tableta y sus planes de expansión hacia nuevos mercados.

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La vida de ambos transcurría en Caracas por caminos muy distintos a los de la chocolatería artesanal. Dubraska dedicaba sus días auditando sistemas en la banca, mientras Johonny exploraba sectores diversos, desde el comercio exterior hasta la construcción. Sin embargo, el destino les tenía preparado un giro importante. La llegada de la pandemia, que para muchos significó una pausa en sus vidas, para ellos representó la oportunidad de estudiar y redirigir sus metas profesionales.

Fue en ese tiempo de incertidumbre global cuando encontraron en la academia el impulso necesario. La Universidad Central de Venezuela abrió una ventana digital para el conocimiento y fue así como cursaron el diplomado en Ciencia y Tecnología de Cacao y Chocolate con la profesora Elevina Pérez. Aquella formación definió su rumbo. Según relataron, el estudio «influyó muchísimo porque fue el factor que nos hizo decidir hacer nuestro chocolate, entrar en el mundo del ‘bean to bar’, en vez de ser chocolateros que derriten chocolate industrial».

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Ya en Italia, y con diplomado concluido, formalizaron su empresa en 2021, aunque el producto vio la luz comercial dos años después. Bautizaron su sueño como Aroko, que significa «corona» o «corona de plumas» en lengua Chaima, el idioma «que hablaban nuestros indígenas caribes». Con esa palabra, enaltecieron simbólicamente su esfuerzo y honraron el suelo donde nace la materia prima que procesan.

Del grano al triunfo

Instalarse en el país europeo supuso enfrentar una realidad burocrática y fiscal, una que pone a prueba la templanza de cualquier emprendedor. El sistema italiano, famoso por su complejidad, no da tregua. Los Spagnolo vivieron en carne propia la presión de un entorno que lo exige todo. 

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“Emprender en Italia es un reto grande por la presión fiscal enorme. Al trabajar con alimentos, la dificultad es mayor: los estándares exigidos están por encima de otros países europeos. En materias primas, el cacao venezolano se encuentra más fácilmente gracias a nuestra insistencia con importadores, pero usamos ingredientes de excelencia como el pistacchio de Bronte DOP, el más prestigioso del mundo. Al principio, con pistacchios griegos, los clientes los rechazaban porque ‘si son italianos, ¿por qué no usan pistacchios italianos?’”, confesaron.

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Ahora, la oferta de Aroko Chocolate se despliega como un mapa sensorial de Venezuela. Sus tabletas llevan los nombres de regiones características en nuestro país por el cultivo del cacao: Chuao, Porcelana, Ocumare, Choroní y Sur del Lago, sumadas a la manteca de KKO Real. “En Italia, el preferido es el Porcelana por su carácter amable y para nada amargo; en cambio, en el resto del mundo vendemos mucho más Chuao, incluso el 100 %, y ahora el Choroni”, detallaron.

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Así, el reconocimiento a su labor llegó prácticamente de inmediato, lo que validó el riesgo que tomaron al apostar por el concepto del «grano a la barra». Ganaron premios en los International Chocolate Awards y los European Chocolate Awards. Estas competencias funcionaron como un espejo crítico. Para la pareja, participar «es una experiencia enriquecedora, nos pone en contacto con muchas realidades distintas». Más allá del brillo de las medallas, valoran el feedback que les indica si su trabajo marcha en la dirección correcta o si deben ajustar el timón.

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También admitieron sentirse honrados por los galardones obtenidos con su barra Porcelana 72 % y la tableta Tesoro de Chuao. Trabajar con genéticas tan nobles conlleva una responsabilidad histórica. “Para nosotros es un orgullo, en particular esas dos tabletas porque la de Chuao es con cacao auténtico de Chuao, a diferencia de muchos en el mercado. El Porcelana también, porque sirve para apoyar el proyecto de la profesora Iraima Chacón que desde hace tantos años lucha por la conservación de los cacaos criollos andinos”.

Autenticidad al 100 %

La filosofía detrás de cada envoltorio no se centra solamente en las ventas, también persigue la divulgación de una cultura. Con sus cremas de Carenero Superior y sus barras de origen, el objetivo es consolidar la autenticidad y llevar “un pedacito de lo bueno que hay en Venezuela». 

“A pesar de los costos, usamos azúcar de caña, no morena sino proveniente de caña de azúcar, ya que en Europa la mayoría es de remolacha. Solo porque en Venezuela el azúcar más común es el de caña y así, aunque para el público sea imperceptible la diferencia, sabemos que es el modo auténtico más venezolano que podemos hacer”, agregaron.

Cortesía

 

La recepción por parte de los locales ha sido de sorpresa. El mercado italiano, aunque gastrónomo por excelencia, desconocía en gran medida el chocolate artesanal de alto nivel, acostumbrado a los sabores industriales. “Es un proceso de abrirles los ojos y hacerles entender que si un chocolate en un supermercado cuesta 1€ y nuestro Porcelana cuesta 14€ no es solo una cuestión de calidad de las materias primas, sino de ética y sostenibilidad en todo el proceso”.

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En tal sentido, llevar el cacao criollo a un mercado que cuida su bolsillo con celo implicó una estrategia rigurosa. Al notar que al italiano promedio «no le gusta gastar» en lo desconocido, focalizaron su distribución en espacios gourmet donde el producto encuentra su justo valor. Curiosamente, fuera de las fronteras italianas, donde existe una cultura más amplia sobre el chocolate real, consiguieron una «excelente receptividad» inmediata. Esto les demostró que su producto habla un idioma universal de calidad.

Dulce porvenir

Por otro lado, en el plano personal, la aventura empresarial fortaleció su unión. Trabajar codo a codo en un proyecto de tal magnitud requiere una sincronía perfecta. Para Johonny y Dubraska, emprender juntos «ha sido muy útil, pues es un trabajo demandante». Entendieron que la única forma de avanzar ante las adversidades, siendo migrantes, era mantenerse unidos, pues «solo estando alineados podemos seguir echando pa’lante».

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Para ambos criollos, las competencias internacionales les dejaron lecciones de humildad y adaptación. El juicio de los expertos les enseñó que el gusto es subjetivo y cambiante. “Hay un feedback inmediato de parte de los jueces que siempre ayuda. También nos enseñó que lo que le gusta a los jueces no siempre es lo que el público prefiere, entonces también a escuchar y adaptarnos rápidamente”.

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Centrados en lo que les depara para el futuro, los planes de Aroko contemplan la expansión y la reconquista. “Continuar expandiéndonos a más mercados, y afianzarnos más en Italia que la habíamos dejado un poco de lado debido a que resultaba más fácil trabajar con el exterior”.

Su misión no se detiene: ser embajadores del mejor cacao del mundo, el venezolano, una tableta a la vez.