
Uno de los elementos de los que no se deja de hablar desde el inicio de la crisis en Venezuela es un hipotético ataque militar por parte de Estados Unidos.
Por BBC
La idea no es nueva. El presidente Donald Trump ya se refirió en 2017 a “una posible opción militar si es necesaria” en el país sudamericano.
Pero la idea está más presente que nunca desde que en agosto de este año Estados Unidos ordenara el envío de buques de guerra al Caribe Sur para interceptar embarcaciones sospechosas de transportar drogas que salían de Venezuela.
Las últimas represalias de la primera potencia del mundo contra el gobierno de Nicolás Maduro es la orden de bloquear “total y completamente” todos los buques petroleros sancionados que entren o salgan de Venezuela.
Esto ocurre una semana después de que Estados Unidos incautara un petrolero frente a las costas venezolanas, una medida que representa una escalada significativa en la campaña de presión de Washington contra Caracas.
En un comunicado de la Cancillería venezolana, acusó a Trump de pretender “imponer de manera absolutamente irracional un supuesto bloqueo militar naval a Venezuela con el objetivo de robarse las riquezas que pertenecen a nuestra patria”.
La mayoría de países latinoamericanos se oponen a una intervención armada, pese a que varias islas del Caribe están dando apoyo logístico al enorme despliegue militar estadounidense.
No en vano, Washington ya tiene un largo historial de intervenciones en la región alegando la defensa de sus intereses de seguridad y que aún siguen muy frescas en la memoria de América Latina.
Un artículo de la universidad estadounidense de Harvard de 2005 repasó los episodios en los que EE.UU. intervino en América Latina para cambiar gobiernos, concluyendo que de 1898 a 1994 había ocurrido hasta en 41 ocasiones: una vez cada 28 meses.
“[Las intervenciones] generaron un resentimiento innecesario en la región y cuestionaron el compromiso de EE.UU. con la democracia y el estado de derecho en los asuntos internacionales”, escribió John H. Coatsworth, historiador y autor del artículo.
Atendiendo a este estudio de Harvard, en BBC Mundo recordamos los países de América en los que intervenciones “directas” (que desplegó fuerzas militares o fueron organizadas por sus agentes de inteligencia) dieron un giro radical a su política nacional.
Cuba
El interés de Estados Unidos por expandir su territorio a finales del siglo XIX fue trascendental para que pusiera su foco en el Caribe, donde España conservaba algunas de sus últimas colonias que se negaba a vender a Washington.
Cuba, inmersa en su guerra de independencia de los españoles desde 1895, vio cómo EE.UU. se sumaba a su contienda contra los europeos tres años más tarde.
El motivo oficial de su intervención fue el hundimiento del acorazado estadounidense Maine frente a La Habana, de lo que acusó a España aunque esta lo negara.
El conflicto, conocido como guerra hispano-estadounidense de 1898, acabó con la derrota de España y su pérdida de Cuba, junto a otras colonias como Puerto Rico, Filipinas y Guam.
Aquel gobierno militar estadounidense en la isla duró cuatro años, hasta el momento en que Tomás Estrada Palma asumió como presidente de una Cuba recién independizada.
Pero la influencia de Washington, que estableció entonces su base naval en Guantánamo, era cada vez mayor.
En 1906, Estrada Palma solicitó la presencia de fuerzas militares estadounidenses por el estallido de una crisis interna y de insurrección contra su gobierno.
Aquella segunda intervención estadounidense en Cuba, que se prolongó por tres años, terminó con la elección de José Miguel Gómez como segundo presidente del país caribeño.
En 1917, los marines volvieron a desembarcar en Cuba ante un clima de gran inestabilidad, lo que dificultó el correcto funcionamiento de las instituciones nacionales y fomentó la idea de solicitar una intervención extranjera en cuanto la situación en la isla no era como sus políticos habían previsto.
Panamá
Panamá es otro de los países latinoamericanos cuya historia está fuertemente influenciada por la presencia de Estados Unidos.
En 1903, la intervención de Washington fue determinante para que el país centroamericano (por aquel entonces un departamento de Colombia) lograra la separación.
A cambio, Panamá firmó el Tratado Hay-Bunau Varila por el que cedía a EE.UU. 16 km. de ancho en la zona del Canal a perpetuidad, lo que dejó el país dividido físicamente en dos hasta que recuperó la soberanía de su territorio a finales de 1999.
Lea más en BBC
