
Nombres que procuran borrar de la historia y de los registros, pero escritos con letras de fuego en el libro de la conciencia humana. Que este mensaje, anhelo de millones, encuentre su camino; atraviese las frías paredes y se cuele por los barrotes de acero. Navegue los mares de la separación hasta las lejanías que los acogen, y llegue hasta ustedes no como eco de lástima, sino como aliento de certeza, no están solos, olvidados o abandonados.
Que no se confunda su encierro o exilio con derrota. Son la prueba viviente, incómoda y heroica de que existe algo que el poder despótico no puede comprar ni doblegar. La integridad de un alma en paz con su conciencia. Su reclusión no es signo de culpa, sino de la feroz contradicción de quien teme más a una idea libre que a sus propias cadenas. Cada reja que los aísla del sol, frontera que les aleja del terruño, es la confesión del tirano que sabe su amenaza no es un arma, sino la verdad en voz alta; un principio defendido con dignidad. Reciban este homenaje como reconocimiento a quienes libran la batalla en el frente más cruel.
La patria duele y espera a la vez; su sacrificio es el peso de la traición. La tierra que los vio nacer hoy los reclama, no con la justicia de la ley, sino con la injusticia del déspota. En la prisión, el aire pesa más que el plomo y esta Navidad no huele a hallacas sino a ausencia. No suena a gaitas, sino al sonido de las cerraduras que vejan. Pero no pueden extinguir la memoria que alberga el calor de un abrazo; el olor a patria; saborear un platillo; la risa de un hijo; el encuentro en familia y amigos.
Desde el silencio del calabozo político, del exilio como herida en el alma, ustedes encarnan el precio más alto de la libertad; el de perderla para que otros la recuerden y no se resignen. Es su estrella de Belén, que brilla desde dentro.
A los que celebran con ilusión y mirada fija en un punto del mapa, su mesa tiene un lugar vacío, pero su corazón, atiborrado de patria, no cabe en un infame decreto de expulsión. Su Navidad es amarga, pero no estéril; porque de esta nostalgia nacerá la raíz fuerte para el reencuentro.
Esta Nochebuena, bajo un mismo cielo, ya sea el que se observa tras las rejas, el de un país ajeno o el que cubre a sus familias, hagamos un pacto silencioso. Un brindis sin copas con el agua amarga de la resistencia. Un apretón sin contacto. Brindemos por la terquedad de la esperanza, esa que no solicita permiso y se purifica por rendijas inesperadas. Ofrezcamos por la fe que no se discute, los calendarios de hierro se agotan. Llegará la mañana en la que la puerta se abra no para huir, sino para volver a entrar en la casa; reconstruirla sobre cimientos de valor que ustedes, y solo ustedes, han sostenido a un precio tan terrible.
Que esta Navidad, en su dureza, les traiga paz. La convicción férrea de que su sacrificio no es en vano, sino la semilla dolorosa de la que brotará la libertad que merece Venezuela. No escribo de un heroísmo fácil. Lo hago de la resistencia diaria, del amanecer que se enfrenta sin certezas, del recuerdo al que se aferra el arraigo. En esa entereza se forja la grandeza. Cada uno es testimonio de incidencias en las que no se negocian la dignidad, la verdad, el derecho a pensar y a disentir.
A las familias que cargan un calabozo paralelo de angustia y espera, el mundo los ve. La súplica resuena en cada denuncia de la injusticia, en cada informe que documenta lo indecible, en cada gesto de solidaridad que cruza océanos y fronteras.
No sabemos cuánto durará, pero la aurora no pregunta al reloj cuándo debe llegar. Y cuando llegue, será porque ustedes, desde la penumbra, mantuvieron viva la tenue y obstinada llama de la fe en un mañana mejor, diferente, de excelencia.
Frente a la tiranía que festeja y se roba la Nochebuena, el decoro y la decencia resiste; su silencio confinado es más elocuente que los discursos oficiales. Esta no es una noche de alegría frívola. Es la víspera. La vigilia de la libertad.
Con el inmenso deseo de encontrar justicia, verdad y reencuentro, feliz Navidad de la resistencia, feliz Navidad de la esperanza indomable. No están solos. Jamás lo estarán. Con profunda admiración, respeto y compromiso inquebrantable, les desea un compañero en el sentimiento y la lucha.
@ArmandoMartini
