
Hay ciudades que destacan por su arquitectura, otras por su historia y algunas por un secreto tan improbable que parece inventado. En el corazón de Europa existe un lugar donde cada edificio guarda una huella cósmica invisible. Durante siglos fue un pueblo más, hasta que una revelación científica cambió su destino y atrajo a visitantes inesperados, desde agencias espaciales hasta grandes producciones de cine.
Por: Gizmodo
Una ciudad medieval con un pasado que no es de este mundo
A simple vista, Nördlingen parece una postal clásica del sur de Alemania. Murallas intactas, calles empedradas y una torre que domina el horizonte la convierten en una parada habitual dentro de la Ruta Romántica de Alemania. Nada en su aspecto sugiere que bajo sus cimientos se esconde uno de los materiales más codiciados del planeta.
Sin embargo, esta ciudad fue levantada sobre algo extraordinario. No se trata de una metáfora ni de una exageración turística: los edificios y murallas de Nördlingen contienen una cantidad descomunal de diamantes microscópicos. No brillan, no se ven y no se pueden extraer con fines comerciales, pero están ahí, integrados en la propia piedra con la que se construyó la ciudad.
Durante siglos, nadie sospechó nada. Los habitantes vivieron, trabajaron y comerciaron sobre un terreno que parecía normal, convencidos de que el relieve circular que rodea la zona tenía un origen volcánico. La explicación real tardaría mucho en llegar.
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