
Los anfitriones del Mundial 2026, programado para el verano boreal en Estados Unidos, México y Canadá, prevén altas temperaturas, un riesgo para los aficionados y los jugadores, además de un reto organizativo que aún presenta incógnitas.
Por Semana
A principios de diciembre, en las entrañas del SoFi Stadium en Inglewood, condado de Los Ángeles, una quincena de ventiladores de más de dos metros de altura descansaba a la espera de que el recinto reciba ocho partidos de la Copa del Mundo.
Si para entonces la temperatura supera los 26,7 °C, estos vaporizadores gigantes se desplegarán en el estadio.
A 45 metros del césped, un techo garantiza sombra para los espectadores y el aire circula en este recinto abierto y no climatizado.
“Con 70.000 personas en el estadio, en estado de emoción, queremos ser capaces de responder en caso de un fuerte calor”, explica Otto Benedict, vicepresidente operacional de la sociedad que gestiona el estadio, inaugurado en 2020.
Los otros 15 estadios del torneo no son igual de modernos y el sur de California no es tampoco la zona con mayor riesgo en esta competición, programada del 11 de junio al 19 de julio.
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