El Mundo: La indignación y la esperanza se mezclan entre los presos españoles de Maduro

El Mundo: La indignación y la esperanza se mezclan entre los presos españoles de Maduro

Los vascos Andrés Martínez y José María Basoa, encarcelados en Venezuela.
El Mundo

 

La reunión del martes entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y familiares de los presos políticos españoles Andrés Martínez Adasme, José María Basoa y Miguel Moreno Dapena ha abierto una caja de Pandora, que mezcla esperanza para ellos y malestar e indignación entre el resto de 16 hispanovenezolanos. La cita en el palacio de la Moncloa se produjo horas después de que el embajador español Álvaro Albacete visitara el Rodeo 1, la cárcel de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), cercana a Caracas, en donde permanecen siete de los 20 rehenes con nacionalidad española del chavismo.

Por: El Mundo





Familiares de los allí recluidos conocieron ayer, durante la visita de los sábados, el malestar de quienes fueron olvidados por el embajador, que no se reunió con ellos para centrarse en los dos turistas vascos, Martínez Adasme y Basoa, y en el marinero canario Moreno Dapena. En la liberación de tres de los cuatro españoles de origen centra sus esperanzas el Gobierno de Madrid, que ha usado la agenda de José Luis Rodríguez Zapatero, principal aliado europeo de Nicolás Maduro, y canales diplomáticos para trabajar su salida de la cárcel.

Los dos vascos llevan encarcelados en Naciones Unidas, como llaman al Rodeo 1 porque en sus celdas permanece la mayoría de los extranjeros detenidos por el chavismo, desde agosto de 2024, cuando fueron detenidos en el Amazonas. Sin pruebas, más allá del interés del chavismo de sumar rehenes españoles, Martínez y Basoa fueron acusados de ser agentes del Gobierno enviados para asesinar a Maduro, una misión imposible en el Amazonas, a 800 kilómetros de la capital.

La historia del marinero y también periodista Miguel Moreno es igual de rocambolesca: es uno de los tripulantes del buque cazatesoros N35, capturado en aguas del Esequibo, zona en disputa con la vecina Guyana. El barco buscaba en el lecho marino restos de naufragios de mercantes hundidos en la Segunda Guerra Mundial, nada que ver con ningún tipo de espionaje, como acusaron autoridades revolucionarias.

«Cuando vuelva a Madrid voy a ir a la Puerta del Sol y voy a romper mi pasaporte español», se quejó a su familiar uno de los presos hispanovenezolanos, indignado por el trato dispensado por las autoridades consulares y diplomáticas. «El nuevo cónsul (Ramón Molina) apenas nos ha enviado un correo electrónico en estos meses», se quejó otro de los familiares a EL MUNDO.

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