Ángel Montiel: El espejismo de los destellos  - LaPatilla.com

Ángel Montiel: El espejismo de los destellos 

Maracaibo cierra el 2025 sumergida en la paradoja visual ofensiva. Mientras las avenidas Bella Vista y 5 de Julio se saturan de focos ornamentales, la periferia y los hogares marabinos naufragan en la oscuridad del sistema eléctrico quebrado. Es la política del espectáculo frente a la tragedia de lo cotidiano.

La gestión pública en el Zulia es gestión cosmética. Se pretende que el brillo de las luces en la Plaza de la República, por ejemplo, ciegue al ciudadano común ante una inflación descontrolada y un precio del dólar que, imparable, devora el salario de quien trabaja. Resulta un cinismo extremo invertir recursos en adornos efímeros cuando sectores vitales sobreviven entre el caos vial, los escombros y la suciedad acumulada.





A esta crisis de servicios se suma una herida social más profunda, la inseguridad institucional. En la calle, una policía con salarios de hambre convierte el soborno en un hábito degradante,  transformando el protector en un depredador del ciudadano.

La dignidad del zuliano ha sido desplazada por años de desidia. No hay justificación ética para que, tras décadas de colapso sostenido, la dirigencia gaste en actos masivos mientras el maracaibero común se asfixia intentando costear la cesta básica en un contexto económico que ahoga a todo el país.

Frente a este escenario de precariedad, el zuliano está llamado a descubrir que el sufrimiento no es un vacío estéril, sino la cruz cotidiana que da sentido a nuestra historia de vida. Aceptar la realidad tal como se presenta, sin que el brillo artificial nos distraiga del peso del día a día, permite que el corazón se acrisole en la paciencia y encuentre una luz verdadera que no sea la de un transformador eléctrico ni de gestiones externas vacías.

Menos maquillaje y más gestión, esa es la única deuda que las autoridades deben cancelar antes que las luces del adorno se apaguen y nos dejen frente a la desnudez de nuestras carencias.

Estas líneas son, en esencia, una invitación al discernimiento,  un llamado a no perdernos en los destellos efímeros, sino enfocarnos en la exigencia de una gestión pública basada en la eficacia y el respeto.

Solo cuando la luz llegue a cada hogar sin interrupciones y el trabajo permita vivir con decoro y dignidad, podremos hablar de una ciudad verdaderamente digna y humana.

Bajo está esperanza, ante la cruda realidad que vivimos, y con la esperanza puesta en la protección de Dios, nos queda la reflexión y el deseo de un ¡Feliz Año!

@angelmontielp

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