Napoleón Lazardi Macías: Retenciones de crudo, bonos y riesgo - LaPatilla.com

Napoleón Lazardi Macías: Retenciones de crudo, bonos y riesgo

Cuando el mercado confunde el shock con el default, surgen escenarios importantes.

En las últimas semanas, las retenciones de buques petroleros venezolanos y la reactivación de disputas legales internacionales han vuelto a ocupar los titulares. Para muchos observadores, estos eventos refuerzan una lectura automática: más presión legal implica mayor probabilidad de default y, por ende, menor valor para los bonos soberanos venezolanos. Sin embargo, esta conclusión —tan extendida como intuitiva— es conceptualmente incompleta.

El error no está en reconocer el riesgo, sino en confundir la naturaleza del riesgo.





Desde el punto de vista financiero, los bonos soberanos venezolanos ya cotizan bajo un régimen excepcional: mercados OTC, restricciones operativas, sanciones, litigios, y ahora retenciones de crudo. Todo eso es conocido, público y, en gran medida, ya está incorporado en los precios. Lo que no siempre se distingue es qué parte de ese riesgo afecta el corto plazo y cuál altera el valor económico de largo plazo.

Aquí es donde la distinción entre evento y proceso se vuelve clave.

Las retenciones de buques petroleros, al igual que embargos o disputas judiciales, introducen shocks discretos: eventos que aumentan la incertidumbre inmediata sobre flujos, timing de pagos o capacidad operativa. En términos cuantitativos, esto se traduce en un aumento del jump risk en el corto plazo. Pero un shock de este tipo no redefine automáticamente ni el valor de recuperación de la deuda ni la probabilidad condicional de default a largo plazo.

Desde una perspectiva legal, la deuda soberana venezolana continúa existiendo como obligación jurídica. Las disputas pueden demorar pagos, congelar flujos o afectar activos específicos, pero no extinguen el crédito. Desde una perspectiva contable, el deterioro del valor de mercado (impairment) no equivale a un default efectivo: refleja incertidumbre, no cancelación del derecho económico.

El problema es que el mercado suele tratar ambos fenómenos como equivalentes.

Cuando se modela el riesgo de manera binaria —default o no default— cualquier shock legal se interpreta como una señal de destrucción total de valor. Sin embargo, cuando el riesgo se analiza como un proceso estocástico de intensidad, lo que se observa es otra cosa: una redistribución temporal del riesgo, no su amplificación infinita.

En nuestros modelos, calibrados directamente a precios de mercado y simulados mediante Monte Carlo, los eventos legales y operativos elevan la probabilidad de dislocaciones en el corto plazo, pero dejan prácticamente intacta la estructura de riesgo marginal en los vencimientos más largos. Dicho de otro modo: el riesgo se vuelve más concentrado en el tiempo, no necesariamente más grande en términos económicos.

Este punto es fundamental para entender por qué, incluso en medio de noticias negativas, ciertas partes de la curva de bonos venezolanos muestran una asimetría interesante. El mercado castiga el corto plazo, pero sigue asignando valor —aunque implícito— a la posibilidad de normalización futura. Esa convexidad no surge de una visión optimista, sino de una simple realidad matemática: cuando los precios ya descuentan escenarios extremos, el daño adicional de nuevos shocks es limitado, mientras que cualquier resolución parcial genera movimientos desproporcionados.

¿Y qué ocurriría en un escenario positivo? No hace falta imaginar una normalización completa. Basta con una reducción marginal del riesgo legal —una liberación de cargamentos, un acuerdo puntual, una señal de distensión— para que el impacto sobre los precios sea asimétrico. En nuestros escenarios simulados, pequeñas compresiones en la intensidad de default generan subas significativas en determinados tramos, precisamente porque el mercado ya ha pagado por adelantado el peor de los mundos.

Nada de esto implica negar el riesgo. Implica entenderlo mejor.

Los bonos soberanos venezolanos no son una apuesta política ni una predicción binaria sobre el futuro del país. Son, hoy, un instrumento financiero donde el verdadero juego está en cómo se mueven las probabilidades bajo incertidumbre extrema. Las retenciones de crudo y los litigios no destruyen ese valor; lo desplazan en el tiempo. 

Y en mercados donde el riesgo se desplaza —pero no desaparece— la diferencia entre perder y ganar no está en el titular del día, sino en el modelo con el que se lo interpreta.

*MSc Finanzas, UCEMA (Buenos Aires), ARPM – Advanced Risk and Portfolio Management (New York), CEO – Pitágora Capital