William Anseume: El doloroso dolor gay en Venezuela - LaPatilla.com

William Anseume: El doloroso dolor gay en Venezuela

El injustificable retraso político y legal para el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBT+ en nuestro país no deja de causar estragos. El mensaje de discriminación comienza pues desde lo más alto del poder político limitante de la individualidad y lo colectivo, lo social, contrariando así una vez la Constitución y los derechos humanos.
Esto sin tomar en cuenta que en América Latina los pioneros al respecto fueron los argentinos, en 2010 nada menos, hace ya casi 16 años; que, por tanto, Sudamérica va a la vanguardia en el continente en la protección de los derechos de la libertad sexual. ¿A qué se debe ese injusto rezago en nuestras libertades? ¿A quiénes achacar la prolongación del dolor por la dolorosa exclusión y el irrespeto? ¿A quienes odian las libertades individuales y, por supuesto colectivas? ¿A quienes alientan en la materia el pensamiento de los invasores rusos? ¿Será que pretenden que como en Bielorrusia, también parte de sus amigos políticos internacionales, aquí la homosexualidad no existe?
Voy con un doloroso caso de fin de año. En un lugar cercano, hallaron en plena acción a unos jóvenes. Ninguno de ellos, obviamente se reconoce hacia afuera como siquiera tendiente hacia la homosexualidad, porque sería cuestionado y casi expulsado de la sociedad, acribillado moralmente. El ocultamiento es su defensa, ante el despiadado ataque, silente a veces, del señalamiento. Queda la huida. La huida hacia adentro y la huida literal. El encierro que es más que ensimismamiento. La no conexión social ante la burla, la risa, el comentario hiriente de todos. Porque la culpa del ataque no es de uno que pueda ser acusado, es de todos, por acción u omisión. Cero fiestas, cero vínculos en las cercanías, la búsqueda de protección que, menos mal, consiguieron así fuera solo charlando levemente acerca de lo ocurrido. Ambos hablaron largo conmigo al respecto.
Uno, en su protección conseguida varios días en mi casa, dejó borroneadas unas líneas dirigidas a su Dios. Pidiendo perdón por los pecados cometidos. «…mi conciencia no me deja tranquilo». «… es un peso que cargo encima cada segundo de mi vida». «esto es algo que siento que es demasiado para mí (…) es más insuperable para mí». «…no merezco ser la burla de muchos por no saber lo que hago o por saber y seguir haciendo lo malo…». «… cada error se paga caro…». Trata de evadir el suicidio, amparándose en su religión: «Espero en algún momento tener tu perdón. Si algo he sabido es que cada segundo que nos das a cada ser humano es una maravillosa bendición». «Hay cosas que no puedo soportar y es ser la burla de cada persona que me haga sentir mal aunque me lo merezca y de todo esto…». La ortografía tiene algunas correcciones, porque es un joven carente de mayor formación académica, aclaro.
Hay algunas otras líneas en diversos papeles, mínimas pero contundentes, que dan cuenta del evento vivido en medio del rechazo social que lo excluye, que los excluye, que nos excluye, por una condición sexual que debe ser reprimida según los planteamientos expresados o callados desde el poder. ¿Dónde están las políticas de protección social? ¿Dónde está la justicia para actuar creando leyes que propicien esa protección social individual y colectiva? ¿Dónde están las políticas comunicacionales que eviten el dolor profundo causado por la repulsión a quienes tienen, tenemos, un distinto modo de ser o proceder sexual? ¿Hasta cuándo se tiene que padecer aquí algo resuelto por países al parecer más serios de la América Latina, de Sudamérica, del mundo?
Es un tema que no pienso abandonar. Más ahora después del hallazgo de estos dolorosos textos liberadores en palabra íntima, aunque sea, de un ser que no merece este sufrimiento que lo siente y padece al borde del suicidio.