
Cuando faltaban cinco minutos para las dos de la madrugada de este sábado 3 de enero, hora local en Caracas, se comenzaron a escuchar las primeras explosiones. El estruendo despertó a los caraqueños, mientras grandes columnas de humo se alzaban en la capital venezolana. «Me despertó el estruendo. Las ventanas casi se iban a reventar. Me angustié mucho», dijo a LA RAZÓN Melinda Suárez.
Por larazon.es
Al menos siete grandes detonaciones se escucharon en los primeros 20 minutos. El sonido que inundó a la ciudad incluyó también el sonido de aeronaves sobrevolando Caracas, y posteriores videos en redes sociales evidenciaron más de una decena de helicópteros militares, incluyendo algunos de gran calado habitualmente utilizados para transporte de personal.
Según testigos, las explosiones ocurrieron en La Carlota, Fuerte Tiuna, la comandancia de la Milicia, el puerto de La Guaira, la sede de la Infantería de Marina también en la costa, además del aeropuerto de Higuerote, a las afueras de Caracas. Todas instalaciones de carácter militar.
Un funcionario militar, acantonado en el Fuerte Tiuna, fue registrado en un video mientras le hablaba a varios habitantes de un urbanismo cercano a ese sector. El sargento mayor dijo que «11 helicópteros de todo tipo aterrizaron en Fuerte Tiuna, y eso fue bombardeo, drones, pum, pam. El que pudo salvarse, lo hizo. El que no, debe todavía estar tirado allá», relataba.
El sargento confirmó que las grandes unidades blindadas, así como la casa presidencial ubicada dentro de ese complejo, fueron atacadas. Allí dormía Maduro y su esposa Cilia Flores, y allí fue que entraron los uniformados estadounidenses para capturarlo. Eran horas de silencio oficial. No hubo reacción en redes sociales ni en medios del Estado de autoridad alguna. Uno de los medios del oficialismo, una plataforma privada que transmite por Internet, denunció un bombardeo sobre Venezuela –aunque después borró la publicación–, como también lo hizo el presidente colombiano Gustavo Petro.
Finalmente, se pronunció el régimen de Maduro mediante un comunicado, escrito tan apuradamente que fue mostrado en televisión aún como documento de Word. Allí se anunciaba la activación de un decreto de Conmoción Exterior que Maduro había firmado en octubre pasado, la declaratoria de una fase de «lucha armada» y la denuncia de una agresión imperialista.
Luego apareció en redes sociales el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino. Con un mensaje pregrabado, y sin estar acompañado del Alto Mando, ratificó en su cuenta de Instagram –luego replicado en la cadena estatal– que los militares están unidos con el chavismo, que los ataques fueron con misiles «lanzados desde helicópteros» y que se había ordenado el «despliegue masivo» de todos los arsenales y capacidades castrenses venezolanas.
Una incursión aérea exitosa
No explicó como decenas de helicópteros –Trump luego habló desde Florida de 150 aeronaves involucradas– entraron al espacio aéreo venezolano sin que hubiese respuesta alguna ni de los sistemas antiaéreos fijos, ni de los 5.000 sistemas de misiles Igla-S que Maduro había mostrado orgulloso hace dos meses y medio, ni de los F-16 o los Sukhoi Su-30 que deberían estar en alerta permanente ante cualquier invasión a la soberanía. Varios de esos jets despegaron pero apenas poco antes del mediodía.
En Caracas se escucharon detonaciones y ruido de aeronaves por al menos dos horas y media. Callaron cuando el mandatario arrestado estaba saliendo del espacio aéreo nacional, en ruta al USS Iwo Jima, donde fue fotografiado esposado.
Durante las siguientes horas de la mañana, mientras despuntaba el sol, las preguntas sobre el paradero de la cúpula gubernamental se combinaban con informaciones sobre las consecuencias humanas de la acción militar estadounidense. Al mismo tiempo que Donald Trump confirmaba en Truth Social que su país había llevado a cabo el ataque, en el Hospital Militar de Caracas llegaban los primeros heridos. En La Guaira, una mujer civil murió.
Sectores de la capital quedaron a oscuras. Por el momento, varios de ellos ya acumulan12 horas sin luz eléctrica, especialmente los más cercanos a lugares impactados por la acción militar norteamericana.
La reacción del Gobierno venezolano
Luego llegó la reacción más reveladora. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, en una llamada telefónica con la TV estatal, afirmó que desconocían el paradero de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, y exigían al presidente Donald Trump una prueba de vida del gobernante, que ya el norteamericano había dicho había sido capturado.
El ministro de Interior Diosdado Cabello, acompañado de funcionarios de cuerpos de inteligencia y portando una bandera de «guerra a muerte» en su chaleco blindado, llamó al pueblo a mantener la calma tras la captura de Maduro pues el chavismo «ha sabido sobrevivir, más allá de uno de nosotros o cualquiera de nosotros».
El fiscal general Tarek William Saab denunció el «secuestro» de Maduro y llamó a los simpatizantes del oficialismo a tomar las calles para reclamar su regreso. Así ocurrió. Rápidamente, grupos de WhatsApp del partido de gobierno giraron instrucciones y puntos de encuentro. En Caracas, el sitio fue cerca del palacio presidencial, donde una muchedumbre se acercó a respaldar al gobernante derrocado.
En paralelo, gobernadores de estados chavistas grabaron mensajes junto a fuerzas policiales, principalmente, para ratificar su lealtad a Maduro y exigir su regreso; haciendo que fuese más notorio el silencio por parte de los diputados del parlamento venezolano, incluyendo su presidente, el diputado Jorge Rodríguez, hermano de la vicepresidenta y tercero en la línea de sucesión según la letra constitucional. La pregunta en las siguientes horas se repetía: ¿quién está gobernando en Venezuela? Mientras tanto, las colas para surtir gasolina y pertrecharse de alimentos se comenzaban a hacer cada vez más nutridas; a la espera de confirmaciones de cuántos heridos y muertos dejó la jornada.
Cautela y compras «por si acaso»
Encontrar en Caracas quien hablara luego de un bombardeo extranjero en la capital -algo inédito en el país- se convirtió en tarea complicada. No obstante, entre colas de comprar comida y los pocos caraqueños que salieron a las calles la mañana del sábado, alguno se aventuraba a decir que esperaba la situación no empeorase. «Hay mucha incertidumbre, incluso angustia. Uno no sabe qué podía pasar», dijo Giordana López a LA RAZÓN. «Espero que lo que pasó sea lo mejor para el país. Queremos que este país viva un cambio y todos lo estábamos esperando».
Pero Mariví Pereira, de 65 años, tenía otra actitud. Se confesó angustiada pero tratando «de tener calma». Ella creía que los venezolanos deberían salir a «defender la patria». En una zona popular del este de la ciudad, en Petare, la mayoría de quienes salieron al asfalto buscaba comprar víveres. «Esto me agarró de sorpresa y tengo poquito, y uno nunca sabe si esto se repite», apuntó Moisés Cartaya. Su bolsillo solo le permitió hacerse de algunas verduras, queso y harina de maíz.
