
El anuncio del presidente Donald Trump sobre la captura de Nicolás Maduro este sábado 3 de enero encierra una coincidencia histórica ineludible. La operación se consumó exactamente 35 años después del día en que las fuerzas estadounidenses arrestaron a otro líder latinoamericano bajo acusaciones criminales: el dictador panameño Manuel Antonio Noriega.
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Noriega, quien gobernó Panamá durante gran parte de la década de 1980, mantuvo una relación compleja con Estados Unidos, habiendo sido en el pasado un aliado estratégico e informante de la CIA. Sin embargo, hacia el final de su régimen cayó en desgracia ante Washington debido a las crecientes acusaciones de narcotráfico en su contra, un perfil que los analistas comparan hoy con el caso venezolano.
El desenlace de Noriega se precipitó cuando el entonces presidente George H.W. Bush ordenó la invasión militar de Panamá a finales de 1989. El general panameño buscó refugio en la Nunciatura Apostólica (embajada del Vaticano), donde permaneció asediado hasta que finalmente se rindió ante las autoridades estadounidenses el 3 de enero de 1990, la misma fecha que ahora marca la caída de Maduro.
Tras su detención, Noriega fue trasladado a Estados Unidos, donde fue condenado por tráfico de drogas y cumplió 20 años de prisión. Posteriormente, fue enviado a Francia para purgar una pena por lavado de dinero y finalmente extraditado a Panamá, donde fue encarcelado por asesinato y otros cargos hasta su muerte en 2017.
