
Durante años, en Cazadores de Fake News notamos que la desinformación sociopolítica que más distorsionaba el entorno informativo, la que generalmente afectaba más a los venezolanos, solía provenir del mismo entorno: el aparato de propaganda de la administración de Nicolás Maduro. Es cierto que otros actores y sectores también generaban desinformación, rumores o propaganda, pero la mayoría de los bulos y las campañas coordinadas que generaban más daño solían provenir del oficialismo, o estar asociadas con él. Esa recurrencia definió buena parte de nuestro trabajo hasta 2024.
Por cazadores.info
Pero 2025 fue un punto de quiebre. Por primera vez en mucho tiempo, algunas de las narrativas con efectos más concretos contra venezolanos, en especial contra la diáspora, no se activaron desde Caracas, sino desde otros centros de poder, y encontraron terreno fértil en redes sociales y discursos públicos. Ya no se trataba solo de propaganda oficialista utilizada como herramienta de control de la conversación interna, sino también de rumores y narrativas que crecieron como bolas de nieve, alimentaron estigmas y se usaron para justificar decisiones que afectaron directamente a miles de venezolanos.
Mientras analizamos cómo la desinformación migratoria afectaba a la diáspora, también hicimos hallazgos sobre la desinformación venezolana. De hecho, 2025 fue el año en que pudimos comprender con mayor nitidez el funcionamiento del ecosistema de propaganda oficialista venezolano. Se profundizó como nunca antes en las dinámicas de impulso abierto y encubierto de campañas gubernamentales (a veces de desinformación y hostigamiento digital) y en la coordinación de redes de militantes, empleados públicos y cuentas inauténticas, que amplificaron líneas y piezas diseñadas para simular una mayoría espontánea y masiva defendiendo a Nicolás Maduro y repudiando a sus adversarios.
En el centro de esa estrategia destacó, como nunca antes, el Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información (Mippci), como coordinador de directrices y llamados a la acción que suelen confundirse con campañas orgánicas y espontáneas. En realidad, forman parte de una estrategia muy coordinada, en la que también tienen un rol academias de propagandistas como la Escuela Influye, sistemas internos de transmisión de líneas de propaganda como el Siscom y el uso estratégico de cuentas y etiquetas, incluso en redes sociales censuradas como X.
Ese cruce, la consolidación de un aparato oficialista cada vez más complejo y, a la vez, el quiebre que supuso documentar desinformación contra venezolanos impulsada desde Estados Unidos y El Salvador, define buena parte de lo que aprendimos en 2025.
No es pueblo, es libreto
“Clicks bajo ataque” y “Pueblo o Libreto” fueron dos series de artículos publicadas por la coalición de medios venezolanos La Hora de Venezuela (LHDV). Algunos de sus hallazgos describen la estrategia del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información (Mippci) para coordinar y amplificar campañas digitales —algunas abiertas y otras encubiertas— y presentarlas como reacciones espontáneas u orgánicas.
Esta estrategia tiene como columna vertebral un sistema interno de comunicaciones, conocido como Siscom, al que varios miles de usuarios acceden instalando una aplicación disponible en tiendas de apps. Siscom es gestionado por el Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información (Mippci) y ha sido usado para coordinar campañas digitales de propaganda, desinformación y hostigamiento.
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